¿Son racistas los españoles?

| Septiembre 29, 2010

El recién conflicto entre la policía de Madrid y un centenar de ecuatorianos en el parque de El Retiro de Madrid trae de vuelta el inacabable debate sobre si en España existe o no existe racismo.

La experiencia personal no puede nunca ser la base del análisis de toda la realidad, pero me cuesta hacerme a la idea de todo un país racista cuando, siendo yo negro y extranjero, apenas he tenido problemas de racismo o xenofobia en este país.

Recuerdo una vez, alguien que llamó a un servicio donde yo trabajaba como teleoperador informando sobre servicios de Madrid y la persona del otro lado de la línea, con muy poca educación, me dijo que no debería trabajar allí porque ese trabajo era para los españoles.

No cabe dudas de que es un episodio racista. Pero en ocho años residiendo en Europa es el episodio más violento que he vivido como víctima de un episodio xenófobo, ya que el individuo –individua era– del otro lado no sabía (espero) el color de mi piel.

He visto personas agarrando su bolsa cuando me paro detrás en el Metro, mujeres apretando su cartera cuando paso por el lado, o evitando mi contacto en el autobús, pero ese tipo de episodios los viví en Cuba, donde por cierto, algunas familias de piel blanca vieron con malos ojos mi relación con alguna de los miembros (que no miembra, como me nace decir) de su familia.

Sé que otros extranjeros en España han tenido otras experiencias personales delicadas. Una amiga me contó que una compañera de trabajo le confesó que no quería relacionarse con ella porque era latinoamericana, y a veces tienes que esforzarte el doble para que traten igual que un nacional quien cree que todos los venidos de América somos inútiles. También ha habido enfrentamientos entre africanos y nacionales en algunos pueblos, episodios aislados donde un grupo nazi ha violentado a algún extranjero.

¿Podría decir por lo expuesto que existe xenofobia en España? Sí, pero como existe en cualquier otro país europeo o la propia Cuba y por supuesto, en menor medida que en otros países donde la emigración es mayor y en algunos casos de forma comprensiva, si bien no justificativa.

Mi experiencia me demuestra que España es una nación abierta, comprensiva y disponible a aceptar cambios bruscos en poco tiempo. Es un país donde la gente hace vida social, sale de noche sin miedo a la delincuencia, y permite que personas como yo, con un acento diferente, pueda ayudar, desde una línea de atención al cliente, a nacionales a realizar trámites que deberían conocer. Quizás es que vine a trabajar, integrarme y respetar las leyes y normas que aquí se han trazado los españoles a lo largo de su convulsa historia.

El episodio de los ecuatorianos en el parque de El Retiro, tiene una evidente contradicción de culturas donde los que llegan deben aprender a comprender las normas de los que están. En Europa, para hacer venta pública debes pagar impuestos, por el sitio, por la actividad y otros supuestos. Los impuestos y tasas pueden llegar a ser incómodos y hasta injustos en algunos casos, pero cumplen una función y se ajustan a normas democráticas pactadas por todos los que aquí viven.

Los ecuatorianos que se han reunido en el parque de El Retiro de Madrid venden productos alimenticios sin poseer una carné de manipulador de alimentos, hacen hogueras de espaldas a una ley que prohíbe encender fuegos en todo el ámbito de la comunidad de Madrid y cometen otros actos que rozan la ilegalidad, y cuando la policía los obliga a cumplir la ley, aun así se niegan a obedecer las normas que aquí han pactado los españoles.

La disciplina es la garantía de la libertad. Si exijo libertad, debo estar dispuesto a aceptar la responsabilidad que implica tenerla y de asumir la necesaria disciplina social que ella conlleva. Otra cosa no sería libertad.

Se habla de racismo, como cuando se detiene a un gitano por cometer un delito, o como de homofobia cuando a un homosexual se le impide entrar en un bar en paños menores. Siento discrepar, pero eso no es racismo ni es homofobia.

Y si bien existen personas racistas, no se puede acusar a todo un país de racista. Tengo yo mismo un problema con árabes. Es un problema mío, lo sé, pero no puedo evitarlo. No sé si soy racista siendo negro y extranjero, pero como muchos europeos ante algunos actos delictivos cometidos por extranjeros en Europa, mis escasas y obligadas experiencias con los árabes han sido siempre desagradables y termino por evitarlos.

¿Podría decirse que Cuba, un país multicultural y multirracial, es racista o existe la xenofobia? Todos no lo son, pero en los ochenta existieron –y existen aún– episodios preocupantes de racismo y xenofobia ante los extranjeros africanos que venían en los extraños intercambios culturales que hacía el gobierno cubano con gobiernos del continente negro.

Estos africanos tenían un nivel de vida muy superior al de la mayoría de los cubanos, compraban en las abarrotadas tiendas para personal diplomático donde no tenían acceso los cubanos “pescaban” las apetecibles novias rubias cubanas que se dejaban tentar por el poder adquisitivo de estos jovencitos adinerados para el nivel de la isla.

Al final el cubano de a pie terminó por odiar “ese negro mono que viene a comerse nuestra comida”. Comprensivo, pero no justificativo. Como pasa ahora en gran parte de Europa, o como ahora en España, en la que personas a las que aprecio y me aprecian a su vez, les he escuchado decir: “¡Extranjero que delinca, fuera de aquí!”. Puede parecer muy poco humano, pero es una respuesta ante los repetidos actos de aquellos que han olvidado o nunca han tenido como norma que la disciplina, y en especial la disciplina social y junto a ella la responsabilidad personal o individual, son la base de la libertad.

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