A solas con ella

| Octubre 28, 2009

Conozco algunos que se niegan a ver películas reflexivas, de acción más emotiva que física, con el pretexto de que la vida ya es demasiado dura y triste como para sentarse a machacarse el alma con más tristezas desde el arte.

Es una opción, como preferir Té al café o una marca de refrescos a otra. Incluso podría ser una postura válida pero a la larga es poco seria porque la vida, más vale reconocerlo a tiempo, no es ni tan sencilla, ni fácil ni justa. Intentar alejarse de esto, de aquello que nos retrata, es una postura humana, referenciada desde niños cuando nos contaban de princesas que encontraban príncipes azules; pero este alejamiento implica dejar de reflexionar sobre las injusticias de la vida, dejar de mirar de frente lo que se puede cambiar, lo que podría ser el primer paso para ser infelices.

El principio básico de la psicología y la psiquiatría para solucionar un problema en un paciente es identificarlo, reconocerlo y luego tomar las medidas necesarias para frenarlo o eliminarlo.

La reflexión me regresó al ver la increíble película La muerta, de Karen Moncrieff, que hace un análisis estético y social de las desapariciones de personas en el mundo, y que me ha traído a la memoria otro filme de igual temática y de semejante grandeza artística y social.

Hablo de A solas con ella con un magnífico Colin Hanks, que demuestra una vez más que hijo de gato caza ratón, y haciendo una de sus actuaciones más recordadas junto a aquella de El gran Buck Howard.

A solas con ella es una película que nos mantiene en vilo desde el mismo inicio, filmada con la misma técnica de Holocausto caníbal o El proyecto de la bruja Blair: la cámara en mano. Estamos asistiendo a una historia que es la vida misma. Un voyeur, un acosador inteligente y frío pero desequilibrado emocional y psíquicamente que se obsesiona con la mujer de sus sueños.

Al igual que The Dead Girl, esta es una de esas películas donde respirar no está permitido. La historia nos atrapa desde que sabemos su argumento y estamos esperando un desenlace, que igual es algo previsible, pero no por ello, deja de ser sorprendente y llamativo.

Lo importante de este tipo de historias -donde el final feliz no está a la vuelta de la esquina- es que nos enfrentan a una realidad que existe aunque imaginamos de otro mundo. Aquí a las desapariciones, a un mundo que nos parece lejano, extraño mientras no nos toca, pero que afecta a millones de personas en todo el planeta.

No ver una película como esta por evitar la tristeza o alejarse de la fealdad y la maldad del mundo es algo más que dejar de ingresar la cuenta del director Eric Nicholas, es dar la espalda a un problema humano, a una situación desgarradora y abrumadora que probablemente esté sucediendo ahora mismo en nuestra calle.

Reflexionar sobre ello es hacerse consciente del problema y nos da elementos para ser capaces de hacer algo. Por poco que sea lo que hagamos después es un paso de avance que este filme nos obliga a tomar. Por eso merece la pena verlo.

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  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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