Algunas formas de caracterización de los personajes literarios

| mayo 12, 2010

No deja de ser una tarea difícil caracterizar adecuadamente un personaje literario, pero es posible. En la realidad todos tenemos algo que nos hace únicos; nuestra forma de hablar o mirar, la manera de caminar, de reaccionar ante determinadas situaciones, un tic nervioso, un gusto determinado, un rasgo físico; no hay, en definitiva, dos seres iguales. Esto es aplicable a la literatura.

Un personaje que no tenga rasgos físicos o espirituales diferenciadores sería un personaje común; y los personajes comunes aburren.

De la misma manera se debe tener en cuenta que sus rasgos diferenciadores deban ser manejados con prudencia. En la realidad hay personas a los que se conoce como raros por alguna razón específica.

En la literatura estos personajes pueden llegar a parecer inverosímiles si no se les trata con ingenio. Un personaje raro debe tener una justificación poderosa para serlo de forma que nuestro cuento o novela tenga la suficiente credibilidad.

El príncipe Mishkin de la novela El idiota de Dostoievski es un personaje raro. Es extremadamente bondadoso, no responde ante las agresiones y perdona a todo el que en algún momento le ha hecho daño, es un espíritu demasiado noble para ser real.

Pero Dostoievski era un genio de la caracterización, tanto que aún se estudian sus personajes en la psicología. Mishkin es un claro e intencional contraste con la maldad y las bajas pasiones que consumen a los demás personajes, está creado con una intencionalidad muy evidente y, en algún momento, también será arrastrado por estas pasiones mundanas, sufrirá de amor, de celos, y eso lo acerca a la realidad, le imprime verosimilitud a su personaje.

En esto es necesario el equilibrio. Un personaje común debe tener rasgos diferenciadores; o mejor, se debe crear un personaje novedoso con algunos rasgos comunes que permitan verlo como un ser humano y no como un tipo raro.

Para trabajar sobre este tema es interesante tener en cuenta una categorización tradicional en la literatura. Un personaje tiene tres rangos de actuación: su ámbito universal, su entorno típico y su esencia particular.

Una actitud universal es aquella que semeja a ese personaje con las demás personas. Así, aunque puede haber excepciones, dos personas –la mayoría de las personas– responderían más o menos igual ante un niño que se ahoga en una piscina. Este es un rasgo universal que emparienta a todas las personas ante un semejante en peligro de muerte.

Una actitud típica sería aquella que une a individuos de un mismo grupo o clase social pero que los diferencia de otros hombres de otros grupos o clases sociales. Tales actitudes serían propias de este grupo aun cuando haya individuos de otros grupos que puedan compartirlas.

En el ejemplo anterior se podría evidenciar con la respuesta que darían diferentes salvavidas ante el mismo niño que se ahoga. Evidentemente hay actitudes, conocimientos y otros detalles en un grupo de salvavidas que los hace reaccionar de una manera peculiar a todos ellos.

Pero si ese salvavidas se llama Pedro y el mes pasado abandonó temporalmente la profesión porque perdió a un hijo, ahogado en una piscina sin que pudiera hacer nada por salvarlo. Aquí hay un rasgo particular, un suceso determinado que condiciona una actitud específica.

Esta circunstancia lo convierte en único frente a su grupo y frente a los demás hombres. Puede haber en la realidad dos Pedros cuyos hijos hayan muerto ahogándose pero en la literatura es improbable que esto ocurra, y si sucede, debe existir una justificación poderosa.

Y aun así puede ser que Pedro 1 se quede tieso de horror ante una escena parecida a aquella en la que murió su hijo; y puede ser que Pedro 2 se lance a salvarlo a toda costa para, de alguna manera, reconciliarse con la vida angustiosa que lleva.

Por lo tanto es importante tener en cuenta el ámbito de actuación de los personajes para lograr crear un personaje convincente y por tanto un mejor relato.

 

Más enCómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

Loading Facebook Comments ...

Escribir comentario

Últimos comentarios

  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

  • paco:

    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

  • Anonimo:

    Gracias... A veces siento que no valgo nada como persona y que soy insignificante. Supongo que no podre...

  • Víctor:

    Tuve la oportunidad de verla por primera vez en renta, sin palabras, la mejor película que he visto...

  • Mónica:

    Mi película favorita. Encantadora, tierna, profunda. Para mí se quedará así. Como ese amor de...

  • cris:

    Carmen, estoy de acuerdo contigo. Ninguna variante es inferior a otra. Un idioma que no cambia con el...

Escrito por Hector García Quintana