Caracterización del personaje. El personaje sugerido
Hector García Quintana | junio 11, 2010
Poco a poco hemos hablado en esta web de diferentes formas de caracterización de los personajes un texto narrativo de ficción. Hemos apuntado hacia el narrador como el principal personaje, de los protagonistas, los personajes secundarios y de aquellos que son algo así como de reparto.
Pero me gustaría que hiciéramos alto en otro tipo de personaje que es esencial en un texto de ficción y sin embargo no aparece «físicamente» en el relato. Hablamos del personaje sugerido; término que también está tomado del cine. El personaje sugerido es aquel que existe gracias a la mención de su nombre o la invocación de su presencia por parte del resto de personajes del relato sin que aparezca una sola vez como personaje real dentro de la historia.
Este es el caso de Pepe, el romano en la obra de teatro La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Sabemos que Pepe, el romano existe, es de alguna manera, el supuesto corruptor de la moral de la familia al seducir a la menor de las hijas de Bernarda Alba, y, sin embargo, Pepe, el romano es apenas un galope de caballos en una escena de la obra. Lorca ni lo incluye entre los personajes, pero si nos atrevemos a no mencionar a este personaje la obra no tendría ningún sentido.
Julio Cortázar es el autor de La salud de los enfermos, un cuento que es una obra maestra del género. En éste, además de otras virtudes, existe un manejo eficaz del personaje sugerido.
Primeramente tratemos de precisar la idea central del relato y que podría resumirse más o menos en las tribulaciones de los hijos y hermanos de una anciana enferma para tratar de mantener el equilibrio familiar, el cual podría romperse si la convaleciente empeora al recibir malas noticias. El tema podría parecer baladí, pero no hay que apresurarse en juzgar. Desde las primeras líneas asistimos al rompimiento progresivo de este equilibrio, pues el narrador nos introduce en el conflicto señalándonos las dificultades que impiden la materialización de esa estabilidad que pretende la familia.
El primer obstáculo es, por supuesto, el estado de salud del personaje mamá. Ya desde el inicio sabemos que su enfermedad le provoca alteraciones de la presión y el azúcar, pero nada más. Imaginamos –hay que hacerlo bastante en este texto– que sus achaques se deben a su edad; el hecho es que sólo se nos aclara lo que es esencial para aprehender la corriente de sentido que se desliza bajo el texto.
El «supuesto» segundo obstáculo es la enfermedad de Tía Clelia, una hermana de la anciana, hecho que también debe permanecer oculto; aunque, a medida que seguimos leyendo, nos percatamos que en realidad no constituye un segundo obstáculo sino un tercero, pues antes había muerto en un accidente Alejandro, un hijo del personaje mamá que, si nos dejamos llevar por algunos comentarios del narrador expresados como por azar, es su vástago preferido.
Para contarnos esta historia Cortázar se ha basado en un espléndido tratamiento de los personajes. Cada uno tiene sus propias características diferenciadoras, expresadas no sólo en el sugerente hilo conductor que gobierna el narrador sino a través de sus actitudes y posiciones, muchas veces levemente insinuadas, lo que obliga al lector a hacer uso de un alto nivel de razonamiento.
El personaje principal es mamá. No sabemos su nombre; tampoco es de importancia. Sus características están claramente esbozadas: débil de salud, pero fuerte de espíritu, suspicaz en extremo, llegando a veces hasta la incredulidad, no cabe dudas de que es la cabeza visible de la familia; tradicionalista, sobre todo en lo que respecta a los valores familiares. La conversión de este personaje está conseguida con maestría. Al principio notamos su total desconocimiento de los ardides articulados por la familia y, gradualmente, con sus respuestas evasivas, apreciamos su resignación y más tarde su progresiva introducción en el complot familiar.
El otro personaje fundamental es, por supuesto, Alejandro, pieza clave para entender el sentido que subyace en este texto; sin embargo, es un personaje que nunca aparece en el relato. En el momento en que se coloca el narrador de La salud… ya Alejandro ha muerto, por tanto es un personaje sugerido. De una manera disparatada nos hacemos testigos de su inesperado viaje al Brasil, de su tobillo fracturado, de su renovación de contrato de trabajo y, sobre todo, de ese elemento utilizado por Cortázar en más de uno de sus cuentos: las cartas recién llegadas. Es gracias a este personaje que Cortázar nos coloca de lleno en el plano del absurdo. Nos reta con la condición de fallecido de este personaje y, por tanto, la imposibilidad de realizar todo lo que nos ha presentado para provocarnos una mezcla de reprobación y misericordia que nos acompaña en todo el texto.
Si intentáramos suprimir todas las menciones de este personaje en el texto no tendríamos historia. Esta es la característica fundamental del personaje sugerido: no se puede eliminar o ser desplazado de la historia sin que se resienta el conflicto, porque forma parte esencial de este conflicto.
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