Definición y naturaleza del conflicto literario

| marzo 17, 2010

Es conocida la importancia del conflicto literario para concebir un buen texto de ficción. Algunos autores niegan esta importancia, cuando la realidad es que aún en aquellos textos que tradicionalmente se citan como ejemplos de buena literatura sin conflicto, también hay una dosis de crisis o lucha por algo.

El conflicto es, visto de una manera directa, un choque de dos fuerzas contrarias, un combate de dos ideas o principios que, como el ser y el no ser, conviven uno en el otro y luchan para pasar a un estadio superior.

El conflicto le da vida al relato, lo acerca a la realidad; le da fuerza e importancia a la historia que cuenta y permite con mayor facilidad la captación del interés del lector.

Una historia donde todo es el planteamiento de la misma idea, donde no haya una fuerza contraria que impida el objetivo de nuestro protagonista no tendrá progresión dramática, será un cúmulo de sentimientos plasmados en el papel sin mayor virtud que haber servido como desahogo.

Puede tener, evidentemente, valor como testimonio, pero tendrá escaso valor como texto literario de ficción, sea novela o cuento.

Ahora bien, se habla de fuerzas contrarias, choque, batalla y lucha; todo ello es, en esencia, inherente al conflicto, mas esto no quiere decir, como ya se habrá advertido, que el conflicto implique únicamente la lucha física.

Es cierto que las fuerzas contrarias que se enfrentan en un relato deben ser igual de poderosas, deben tener igualdad de posibilidades de triunfar y deben oponerse con pasión a pesar de las consecuencias que ello implique: tal y como en una guerra, pero no tiene por qué ser una guerra; siquiera una acción física.

De hecho los conflictos más interesantes son aquellos que se dan en la mente del personaje. En la actualidad la novela ha aprovechado este elemento hasta el punto de crear un nuevo género: la novela psicológica.

¿Cuál es el conflicto de Crimen y Castigo? La lucha de un hombre (Raskolnikov) contra sus patrones éticos, del hombre con el derecho de otro hombre a la vida, en resumidas cuentas, del hombre consigo mismo.

Otra cuestión esencial está en la naturaleza de los conflictos. Se puede imaginar a Pedro como un maltratador que golpea a María y además le impide divorciarse porque ella depende económicamente del salario de su marido. Ella no puede trabajar en la calle, y todas las noches recibe en silencio a su adúltera pareja.

En este conflicto, que muchos encontrarán bien concebido, el lector no dudará en ponerse de parte de María. Se ha creado el clásico conflicto entre buenos y malos, entre el bien y el mal donde el lector tiene escaso margen de reflexión.

El lector, si es alguien mínimamente sensible, se deja guiar hasta el final por la historia de las maldades de Pedro y los sufrimientos de María; y probablemente olvide el nombre de sus personajes a la semana de haber concluido la lectura del libro.

Pero resulta que Pedrito, el hijo de diez años de la pareja, cansado de los maltratos de su padre, lo asesina de un disparo (de dónde sale el arma se puede pensar en otro momento). Alguien que estuviera en el jurado y tuviera que pronunciarse lo tendría bastante difícil por las implicaciones éticas y morales que encierra el conflicto.

Por un lado, Pedrito ha eliminado el mal (su padre), ha creado un obstáculo insalvable (la muerte) para esta fuerza negativa del relato. Su madre (el bien) ya no sufre maltratos por lo que ha sido un desenlace, si no feliz al menos deseable.

Pero aquí se plantea un debate ético. ¿Está bien que alguien se tome la venganza por su mano, aun siendo un niño, para defender a su madre? Muchos creerían que sí, pero eso justificaría que también lo hubiese hecho María, o su hermano Gustavo.

Justificaría, en fin de cuentas, el crimen como solución de un problema humano. Tan execrable es maltratar a un ser humano como matarlo, tenga la razón quien la tenga.

Este es el verdadero conflicto de un texto literario. Allí donde su naturaleza es de fuerza igualada, donde la solución conlleva una reflexión interesante por parte del lector.

Visto en el cine, la versión de Titanic dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet no pasa de ser una ingenua e insípida lucha del bien contra el mal.

Cuando los malos son tan malos, que hasta disparan su arma contra una multitud, y los buenos, tan buenos y guapos, nada nuevo hay que enseñar a la humanidad.

Es evidente que muchos televidentes se dejan entretener con esta historia, de eso no cabe dudas. Ahora bien, la ficción necesita siempre algo más que el entretenimiento y un buen conflicto es vital para lograr entretener de la forma más adecuada.

 

Más en: Cómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

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