El conflicto de la soledad creativa

| mayo 28, 2017

Una de las barreras más llamativas que arrastra quien ejerce la escritura de ficción es la percepción de la soledad por parte de los otros. No se entienda como queja, de hecho, es una necesidad que puede ser evitada, pero no siempre con efectos deseados.

Escribir, por más que se tenga una vida social que desborde los conciertos del cantante pop de turno, es un acto donde se necesita alguna concentración solitaria, cierta capacidad de abstracción forzosa para poder crear.

Un escritor, cuando está en el proceso de escritura de la novela más reciente, tiene problemas qué resolver que la mayoría de la gente no entiende: ¿cómo hacer para que este personaje actúe de esta manera y sea convincente? ¿Debería crear una trama nueva para explicar esta inconsistencia? ¿Cómo hacer para que ninguno de los dos bandos del conflicto aplaste al otro? ¿Este comienzo está bien o debería empezar con el segundo capítulo?

Todas estas interrogantes, y otras decenas, obligan al recogimiento, que incluso en público haga que una persona parezca más perdida que de costumbre y que se esté pendiente de estas confusas incertidumbres, aun cuando hace deporte o se toma una cerveza en un bar con amigos.

¿Y cuál es la novedad?

No, no existe, planteo el obstáculo de que, por esta necesidad de responder a dudas que el resto de la gente no tiene, los demás terminan, a veces, por no comprender en absoluto al que escribe. La necesidad de soledad para la creación suele ser vista, no pocas veces, como individualismo.

Insisto, no es queja, es el planteamiento de una evidencia. Si tienes amigos, conocidos, colegas a los que les dices por cuarta vez que prefieres dejar la cerveza para otro día, terminarán por no comprender que para ti resolver el destino de un personaje de ficción es un asunto que no puedes posponer. Y es lógico.

En la cultura anglosajona el individualismo es, de manera casi natural, entendido como una doctrina filosófica, o cuando menos, una posición frente a la vida que permite algún aislamiento colectivo para defender el desarrollo de las capacidades del individuo; en la cultura hispana, es entendido como simple egoísmo.

A este mundo nos enfrentamos.

La corrección social no entiende estas distinciones. Para ser aceptado, a veces de forma natural, tienes que cumplir ciertas obligaciones sociales, que no siempre son del gusto del que prefiere la abstracción creativa. Si quieres ser escritor, tienes que serlo en ese momento creativo, y ser un modelo social el resto del tiempo.

Muchos se crean un espacio, no siempre adecuado, donde desfogar ese individualismo, donde ser uno mismo, donde dar rienda suelta a los problemas creativos, y después volver a la realidad donde ir al supermercado a poner algo en la nevera o pasear a los hijos por el parque nos dé la impresión (o se la da a los demás) de alejarnos de estas cuestiones creativas que a nadie importan. Hay que ser insoportable en aquel espacio, no en este.

La gracia es que, muchas veces los creadores, terminamos disfrutando la soledad.

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Últimos comentarios

  • Daniel:

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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