El conflicto literario. Fundamento de la ficción

| marzo 10, 2010

Cuando se conciben los personajes en la literatura, se indaga sobre sus motivos y se intenta conseguir ese gran objetivo -o superobjetivo, como se le llama en el Teatro- o efecto único que se pretende transmitir al lector.

Llegado a ese punto se deben inventar obstáculos, impedimentos que se encontrarán los personajes o el personaje principal para lograr la realización de su propósito.

Romeo y Julieta no podrán consumar su pasión por el odio existente en sus familias, Emma Bovary se opone a la sociedad al encontrar el amor fuera de su matrimonio, y Alonso Quijano tiene un mundo real que se enfrenta a sus ansias de caballero andante.

Inténtese un análisis de la siguiente situación:

María es una maravillosa estudiante de derecho de la Universidad Complutense de Madrid, hija de un famoso catedrático madrileño. En la universidad conoce a Pedro, un aventajado estudiante de arquitectura, hijo a su vez de otro catedrático del propio centro. Ellos se conocen y se prometen amor.

Las familias están contentísimas y fijan la fecha de la boda para cuando terminen sus estudios. Pedro y María se casan, se van a vivir juntos a una casa que compraron en el propio Madrid y tienen unos hijos, Ana y Juan, que son los más inteligentes de su clase y de la escuela.

Envejecen juntos, viendo a sus maravillosos hijos crecer y estudiar música y pintura en una escuela de arte. Al final de sus vidas mueren juntos, a la misma hora, y son enterrados en la misma tumba. Les han dejado a sus hijos una herencia inmensa con la cual viven sin problemas económicos, más lo que ganan como músico y pintor.

Esta es una vida que a muchos les gustaría vivir. Y no cabe dudas que es muy seductora. Una vida atractiva, sin problemas económicos, con amor e hijos maravillosos, es tentadora para la realidad, pero es prácticamente insubstancial para la literatura.

Una novela que cuente la vida de María, la abogada, y Pedro, el arquitecto, apenas posee interés para la literatura. Vivir y leer, o mejor, la realidad y la realidad literaria están casi reñidos cuando se habla de contar una felicidad literaria donde no exista un conflicto.

La realidad y la realidad literaria ambas transitan paralelas sin encontrarse más que en pocos momentos para volver a alejarse mirándose de reojo.

Son como hermanas o primas que se necesitan pero no pueden estar unidas. En la vida el ser humano busca felicidad y no admite que nada se interponga en ese camino; en la literatura casi siempre se busca la felicidad, mas es necesario que algo impida ese objetivo de los personajes. Estos obstáculos son los que dan origen al conflicto.

Muchos de los que comienzan a escribir no son conscientes de este elemento. Se dejan atrapar por el recuerdo de su experiencia personal —lo que no está mal para empezar siempre que esté bien escrito— pero no alcanzan a transmitir un conflicto que haga avanzar la historia.

Para lograrlo es necesario permitir que estos personajes se muestren por sí solos, a través de sus acciones, por su forma de hablar, pensar, actuar y no como marionetas manejadas al antojo de la voluntad del creador. Una acción, un sencillo hecho, puede otorgar vida  a los personajes. Es, en este caso, el detalle el que logra el efecto.

Sin embargo es necesario aclarar que aquello que el personaje desea no debe estar necesariamente limitado a lo que se conoce como violencia física ni debe tener una espectacularidad exuberante, es la intensidad con que se desea algo lo que introduce el posible riesgo en una historia.

Si María quiere aprobar los exámenes de la universidad es un deseo que no implica un asunto de vida o muerte. En el supuesto caso de no lo logre podrá hacer su vida de otra manera.

Si por el contrario su deseo se vuelve obsesivo, si no duerme en las noches, si desatiende su apariencia personal, si se enfrenta agresivamente a sus padres y enferma de anorexia o bulimia, la intensidad con que quiso vencer su obstáculo ha cambiado la esencia del conflicto.

De esta forma, y como conclusión, un escritor debe ser consciente de la esencia de su conflicto para poder encarar su texto con las herramientas necesarias para convencer y entretener al lector.

 

Más enCómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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