El método directo de presentación de los personajes

| julio 21, 2010

En la caracterización de los personajes literarios ya hemos dado algunas pistas sobre cómo encarar la misión de recrear personajes creíbles que permitan tener una novela o texto narrativo más verosímil.

Lo último que razonamos fue el método indirecto de presentación de estos personajes, esencial para crear un primer impacto en el lector con el objetivo de que quede complacido del personaje que le presentamos y sienta curiosidad por saber más sobre él.

Ahora dejaremos apuntadas algunas consideraciones generales sobre el método directo, más concreto e igual de importante.

En nuestra vida diaria siempre nos estamos formando opiniones sobre todo y sobre todos, en especial esto último, opinamos con alegría y subjetivamente sobre los demás.

Conocemos a alguien por vez primera y hacemos mentalmente una comparación –la mayor de las veces de forma involuntaria– con otras personas que hemos conocido, con sus actitudes y demás. En función de esa experiencia anterior la persona nos provoca una primera impresión, nos “cae bien” o “es un pesado”.

Estas comparaciones, involuntarias o no, son las que provocan los parecidos que a veces apreciamos entre dos personas que un tercero es incapaz de valorar. Es simple, porque la comparación mental que nos formamos no ha sido establecida por el otro que valora nuestra comparación.

En este caso nuestra percepción es completamente personal porque nada ha intervenido entre ésta y la formación de juicio de valores que nos formamos, nuestra percepción es independiente de cualquier otra persona ajena a nosotros.

Pero a veces este juicio es contaminado por el criterio de un conocido. A lo mejor nos dice que la mujer que acabamos de conocer y que nos pareció tan puritana, el año pasado le puso los cuernos a su exmarido; o que éste señor por el cual hemos sentido lástima fue enjuiciado por maltratos físicos a su exmujer.

De alguna manera, el método indirecto guarda semejanzas con estos últimos ejemplos. Dependiendo del grado de credibilidad de quien nos lo cuenta, pondremos fiabilidad a lo que nos dice sobre una tercera persona.

En el método directo (o dramático) la verdadera impresión que nos hacemos sobre los personajes es a través de sus acciones, aun cuando sea el propio narrador quién nos cuenta sobre el personaje o en el caso de que sea otro personaje. Nada es más convincente para caracterizar y presentar a los personajes que sus propias actitudes frente a las situaciones que les creamos.

Si la chismosa del barrio nos dice que Pedro golpea a su esposa podemos dudar de la veracidad de su información, a menos que el chisme sea para ella una profesión más que un pasatiempo. Sin embargo nos queda muy viva la impresión si un día estamos de visita en casa de Pedro y abofetea a su mujer delante de nosotros.

Una acción, un gesto, la apariencia física, una palabra nos pueden decir mucho más sobre una persona que el criterio de cualquier conocido, pues sabemos que el criterio de ese conocido está tamizado por su propia subjetividad. En los personajes literarios sucede igual.

Las cuatro formas en las que podemos presentar a un personaje están esbozadas casi totalmente en el párrafo anterior. Janet Burroway las divide con suficiente claridad en: apariencia, acción, discurso y pensamiento.

En el próximo texto valoraremos el primero de ellos.

 

Más enCómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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