El narrador literario. El punto de vista espacial

| noviembre 12, 2010

A grandes rasgos el punto de vista espacial es la relación que se establece entre la historia que se cuenta y el narrador que la transmite; es decir, el lugar que ocupa ese narrador en el espacio narrado.

Las opciones, en términos generales, pueden resumirse en tres: Narrador omnisciente, un Narrador personaje y lo que Vargas Llosa define como Narrador ambiguo.

La identificación de estos tipos de narradores es muy fácil. Sólo hay que fijar la atención en la persona gramatical empleada en el texto.

Cuando la persona gramatical es la tercera del singular (Él o Ella) estamos en presencia del narrador omnisciente. Este narrador está ubicado fuera de la historia que se cuenta, no es participante en ella pues mira todo desde fuera de los escenarios que se cuentan o describen.

Es quizás el más popular de los métodos empleados para contar una historia; su uso es antiquísimo. Ha sido la voz predominante de la narrativa de ficción durante un largo período y aún hoy sigue teniendo usos muy significativos.

Este tipo de narración omnisciente permite al narrador —ya que está fuera del espacio narrado— una mayor movilidad en tiempo y espacio que los otros métodos y, por lo mismo tiene acceso al pasado y futuro de cualquiera de los personajes. Puede permitirse una descripción detallada de todos ellos, puede introducirse en sus mentes y, por tanto, conocer y transmitir sobre su pasado y futuro, sus secretos y decisiones más íntimas.

Accede además a lugares distantes de donde ocurre la historia. Veamos un ejemplo en el cuento Un señor muy viejo con unas alas enormes de Gabriel García Márquez. Las cursivas entre paréntesis (Él, Ella o Ellos) no existen en el texto original y están utilizadas aquí para destacar el uso de la tercera persona:

Asustado por aquella pesadilla, Pelayo (Él) corrió en busca de Elisenda (Ella), su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y (Él) la llevó (a Ella) hasta el fondo del patio. Ambos (Ellos) observaron el cuerpo caído con un callado estupor. (…) Tanto lo observaron, (Ellos) y con tanta atención, que Pelayo (Él) y Elisenda (Ella) se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron (Ellos) por encontrarlo familiar.”

Pero la omnisciencia tiene también sus variantes. En algún momento un autor puede interesarse por el uso de la tercera persona moderando el grado de omnisciencia. Yo, como autor, decido que mi narrador usará la tercera persona pero puedo decidir que su omnisciencia sea totalmente subjetiva —como un Dios todopoderoso que sabe más que todos los personajes de la historia—, que sea suficiente o limitado —es decir que su conocimiento es el mismo que el de los personajes—, o deficiente u objetivo —lo que lo obliga a saber menos que los personajes. Seguiremos hablando de ello en otros textos.

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