El socialismo español, ¿en contubernio con matones?
Hector García Quintana | abril 1, 2011
Hace mucho que no hablo de política en esta página. Ha ido quedándose detrás cada vez más en mis prioridades, he espaciado mis opiniones sobre ella y sus actores al punto de que hay meses donde sólo escribo uno o dos textos sobre la realidad sociopolítica mundial. Y en meses concretos, como febrero de 2011 ni siquiera he sentido el deseo de hacerlo.
No ha sido una decisión consciente ni racionalmente decidida. Creo que la vida me ha hecho interesarme por otras cosas, que no están reñidas con la política en la medida que están influenciadas por ella, pero que tienen mayor peso en mi presente y futuro.
Sin embargo, estoy al tanto de ella, escucho y leo a diario, cada vez con más avidez, pero igual de desencantado, las noticias del mundo y tengo opiniones formadas sobre muchas cosas que me rodean y, por tanto, tengo más dudas todavía sobre ellas. Por eso me remueve la conciencia cuando algo de este planeta nuestro se sale de la horma que creemos calzar.
Ejemplo evidente.
Al parecer se va demostrando, cada día con mayor seguridad, que el socialismo español negoció ocultamente con ETA. Pocas dudas quedaban de que había sucedido por más que el gobierno lo negara en su momento, pero ya era demasiado prestar oídos a partidarios de la teoría de la conspiración de que el socialismo venía haciendo este dechado de decoro desde que estaba en la oposición y sin tener, ni la más mínima convicción de que alguna vez podrían obtener el gobierno. ¡Lo que faltaba a este gobierno, el peor de la democracia española!
Pues al parecer, mientras van apareciendo noticias sobre el tema, los teóricos de la conspiración van dejando de serlo porque cada día deja más en evidencia que sí, que había indicios, y ya evidencias, y en cualquier momento pruebas, de que estos enemigos de la libertad que son los socialistas, estaban negociando, desde la oposición, con la eta mientras firmaban un pacto antiterrorista con el gobierno (del Partido Popular) de entonces.
Puedo pasar por encima de mis convicciones (la de que con los que usan la violencia para imponer sus ideas al resto de la sociedad lo único que hay que preguntarles es dónde dejan las armas y entregan a los que tengan delitos de sangre) y aceptar que un gobierno decida negociar con terroristas. Me revuelve la conciencia, me eriza la piel imaginar a un Estado sentado a la mesa con gente que mata a los que formamos parte de él.
Pero, por desgracia –y no pocas veces por suerte– la política tiene puntos oscuros y caminos torcidos que muchas veces llegan a buen puerto. Tómese cualquier manual o libro de Historia de las Relaciones Internacionales y se verá cómo los pactos y decisiones ocultas, subrepticias y a veces alegales, forman parte consustancial de la política, y muchas veces los ciudadanos disfrutamos de beneficios que son fruto de decisiones que rozan la ilegalidad y no lo sabemos hasta muchos años después de sucedido.
Lo que no acepto es que un gobierno camine al borde del precipicio de la ilegalidad pensando en su propio beneficio, lo haga, negando ante las cámaras y el parlamento que lo hizo, además en medio de las bombas de los asesinos, luego de que los terroristas hayan matado diciendo que iban a dejar de hacerlo; un gobierno sorteando las reglas de la democracia, desnudando al Estado, y que encima no logren nada.
Porque si representando al Estado te abrogas el derecho de pasar por encima de él para ayudarlo y logras algo de ello que beneficie a toda la sociedad, probablemente estoy dispuesto a escuchar tus razones y hasta entenderlas aunque luego asumas tus responsabilidades por haberte saltado la ley.
Pero si te saltas la ley, si niegas públicamente que lo has hecho, si no logras nada de lo que te propusiste para saltártela, y encima descubro que no fue circunstancial sino propósito previa y razonadamente planificado, muchas explicaciones debes dar y luego irte por mentiroso y otros epítetos que prefiero no soltar porque puedo ser yo quien se salte la ley.
No soy anarquista, pero hay un ejemplo actual que me está cautivando. Bélgica batió en marzo de 2011 el récord previo de 290 días sin gobierno estable y, ¡oiga!, el país sigue funcionando. A ver si tomamos ejemplo.
Entradas populares
Últimos comentarios
- nathalie alexandra:
la verdad es que me vi la serie y luego quise saber un poco de el mito del hilo rojo del destino, lo...
- Gastón Abellán Adame:
Hola, Héctor: he caído por accidente en tu página y he leído tu nota. Bien, yo sí soy fascista....
- juan carlos gomez:
La muchacha debe de estar desnuda del todo con los senos a vista libre....
- sarah:
Hola Hector... Hermoso este articulo, queria decirte que fue un placer conocerte....
- Francisco Garcia Gonzalez:
hector, soy un autor cubano que vive en canada, vi tu convocatoria para posible publicaion y me interesaria...
- angel fuentes martillo:
hay quye cuidarse de la conciencia que es el verdadero DIOS.-...

Comenta desde Facebook