La relatividad de las cosas

| Julio 5, 2009

Primer mundo. Desde tu burbuja muchas veces no comprendes que hay otros mundos que tienen otros números que no son el 1 y a los que no comprendes del todo. Incluso no comprendes que hay mundos que ni tienen número por mucho que el 3 siga apareciendo en su denominación.

Mira bien los rostros de la foto. Dime qué sientes: ¿Pena, lástima? Más o menos lo mismo que sientes cuando cortas un churrasco o arrancas la cabeza de un langostino a la hora de las noticias de las 3.

Un cayuco o una patera son para ti portadores de competidores laborales, parte de una red mafiosa de tráfico de seres humanos o, cuando menos, un argumento más para despotricar de la barbarie que se vive en el tercer mundo, la triste agonía de sus gentes y el descaro de sus gobernantes.

Pero hay algo que se te escapa, existe algo que no comprendes y no comprenderás aunque te fotografíes junto a las pirámides de Giza o El Morro de la Habana durante los 7 días de vacaciones que te ha ofrecido a mitad de precio Viajes El Corte Inglés. Y no lo comprenderás porque no has tenido la experiencia de los dos lados. No has visto desde dentro el dolor de una madre para llevar comida al plato de sus hijos, no has conocido en su medio natural a un intelectual que haya estado muchos años en prisión por escribir para un periódico extranjero –¡imagina qué delito! – ni una mujer condenada a muerte por adulterio. Lo sabes, sí, sabes que existen, te lo cuentan los locutores de Noticias Mediodía, pero no ves sus caras de miedo, no escuchas sus argumentos ni oyes su grado de desesperación.

Estos desesperados se lanzan en balsas improvisadas y peligrosas, cruzan el estrecho de Gibraltar o las 90 millas que separan La Habana de la Florida, y tú –quizás es lógico que debas hacerlo– dictas leyes que los obligan a regresar adónde no podían llenar el plato de comida para sus hijos mientras llevas otro trozo de churrasco a la boca o limpias tus dedos sucios de la cabeza del langostino. No es tu culpa, y es verdad.

Pero sigues sin comprender que esa madre embarazada que vino en patera y que será devuelta a su país de origen volverá a lanzarse en cayuco el año que viene o el mes siguiente, o quizás la misma semana entrante. No podrás parar la desesperación, no podrás controlar el hambre ni la miseria devolviendo seres humanos, por lo que seguirán llegando pateras, seguirán muriendo personas tras un sueño que es irreal para ti, pero para ellos es una realidad parecida a aquella con la que un día saliste a buscar las Indias y encontraste un continente que desconocías.

Y espero que comprendas que no te culpo, no critico tu postura de sentir pena mientras terminas el filete. El mundo ha evolucionado y tú, hace ya algunos años, pasaste hambre, desesperación y esclavitud. No eres culpable de la existencia de esto en el tercer mundo o en los mundos descastados por los números, y poco puedes hacer regalando parte de tu dinero a los gobiernos que oprimen a su gente mientras se mantienen por la apatía de esa misma gente.

Pero tengo que escribirte. Tengo que hacerlo porque puedo advertirte sobre algo que conozco. Estoy aquí, viendo las caras de pena de los que llegan, pero vengo de allí, donde cavilaba, casi todos los días, alguna forma (legal o ilegal) de llegar hasta aquí para sentir pena por los que vienen mientras termino mi churrasco o limpio mis dedos sucios de langostino en una servilleta. Así es el mundo, y así son de relativas las cosas.

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Comentarios (1)

 

  1. Anonymous dice:

    Un texto algo inusual en ti, Hector. Te sigo hace un tiempo y no encaja en tu forma de pensar. Pero no deja de ser interesante conocer otro punto de vista

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Últimos comentarios

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