La salud de los enfermos, de Julio Cortázar. Un ejemplo magistral del Narrador Objetivo Deficiente

| diciembre 3, 2010

Dado que hemos hablado de este tipo de narrador literario con cierto detalle sería interesante que nos detengamos minuciosamente en un cuento que permite reconocer con suficiente ingenio el uso del narrador deficiente. Me refiero a La salud de los enfermos de Julio Cortázar.

En este relato al personaje conocido por mamá no le pueden dar la noticia de la muerte de Alejandro, su hijo que estaba viviendo en Brasil, para evitar el agravamiento de una enfermedad que no conocemos. Cortázar logra introducirnos en esta historia como si fuésemos un protagonista más, convirtiéndonos en testigos de la agonía de sus personajes, conseguido a través de un eficaz recurso técnico que, además de ser una virtud más del relato, se destaca cual si fuese un verdadero protagonista: la llamada narración o focalización cero, y que está considerada como un término medio –quizá indefinido– entre el narrador omnisciente y el narrador testigo.

Para entender mejor este recurso remitámonos a las primeras oraciones del cuento.

Cuando inesperadamente tía Clelia se sintió mal, en la familia hubo un momento de pánico y por varias horas nadie fue capaz de reaccionar y discutir un plan de acción, ni siquiera tío Roque que encontraba siempre la salida más atinada. A Carlos lo llamaron por teléfono a la oficina, Rosa y Pepa despidieron a los alumnos de piano y solfeo, y hasta tía Clelia se preocupó más por mamá que por ella misma. Estaba segura de que lo que sentía no era grave, pero a mamá no se le podían dar noticias inquietantes con su presión y su azúcar, de sobra sabían todos que el doctor Bonifaz había sido el primero en comprender y aprobar que le ocultaran a mamá lo de Alejandro.

Aquí nos parece que quien cuenta esta historia es, sin dudas, un sobrino de Clelia y Roque, que nos está relatando los sinsabores que pasan todos ellos para que el personaje mamá no empeore su salud.

Sin embargo, un poco más adelante leemos:

Pepa, que había llamado al doctor Bonifaz desde el teléfono de arriba, avisó a sus hermanos que el médico vendría lo antes posible.

Aquí empiezan a asaltarnos algunas dudas. Pepa es hija del personaje mamá por lo cual debe ser a su vez hermana del narrador. ¿Por qué entonces quien nos cuenta la historia, dice “…avisó a sus hermanos…” y no “nos avisó a sus hermanos” que es, a fin de cuentas, como indica la convención del narrador en primera persona.

La duda se acrecienta a medida que avanzamos en la lectura.

Como casi siempre, a tío Roque le tocó pensar. Habló de madrugada con Carlos, que lloraba silenciosamente a su hermano con la cabeza apoyada en la carpeta verde de la mesa del comedor…

O sea, Carlos es hijo del personaje mamá y llora “a su hermano” cuando debería decir “mi hermano” o “nuestro hermano”. Las preguntas que afloran son las siguientes, ¿Cortázar cometió alguna pifia? Y si no lo hizo, ¿al fin quien nos cuenta la historia?

Todo se aclara unas cuartillas más adelante cuando el narrador, hablando del personaje mamá nos asombra con la siguiente expresión.

Los hijos se turnaban para acompañarla…

Quiere decir entonces que el narrador le llama mamá, pero no es su hijo; al igual que dice tía Clelia y tío Roque sin ser sobrino de ninguno de los dos. Ahí está el detalle, Cortázar quiso aprovechar las posibilidades que ofrecen el narrador omnisciente y el narrador personaje o testigo (alguien que vivió la historia y la cuenta desde su punto de vista).

Si esta historia fuese contada por un narrador omnisciente tendríamos acceso a los pensamientos y acciones pasadas y futuras de cada personaje como una licencia que, ya sabemos, se le permite a este narrador. Sin embargo la distancia emotiva entre el narrador y los personajes sería mucho mayor.

Esto podría subsanarse si quien nos cuenta la historia fuese alguien que la hubiese vivido, pues tendríamos a un testigo que nos haría más creíble lo que nos están contando; pero, en este último caso, no podríamos conocer las interioridades de cada personaje porque –también lo sabemos– no se concibe que un personaje tenga conocimiento fidedigno de lo que piensa otro. Cortázar, como gran conocedor de su oficio, estableció un maridaje entre los dos tipos de narración.

El narrador llama a todos los personajes por su nombre familiar, o sea, por la manera en que se nombran entre ellos. ¿Por puro placer? ¿Por simple alarde de técnica? Para nada. Así la historia se nos hace más inmediata, más vívida, incluso, más verosímil.

Nos parece a ratos que quien la cuenta ha vivido cada uno de sus detalles, garantizando a la vez que, cuando se le antoje, el narrador se introduzca en los pensamientos de todos los personajes para acercarnos a sus estados de ánimo con respecto al conflicto, posibilidad que, ya advertimos, no hubiese tenido de haber contado la historia cualesquiera de los personajes en ella involucrados.

A esto es a lo que un sector de la crítica hispanoamericana ha dado en llamar narrador cero que, a nuestro juicio, no es más que un narrador omnisciente objetivo con el punto de vista en cada uno de los personajes. Fíjese detenidamente en este detalle y coincidirá en que la eficacia del final de esta historia no hubiese sido posible si Cortázar no hubiera tenido el buen tino de utilizar este punto de vista.

 

Más en: Cómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

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