Lincoln. La libertad es lo primero

| Enero 16, 2013

LincolnNo existe un valor universal que sea más apreciado que la libertad. Por lo menos a nivel macro social. Es cierto que con libertad no se tiene todo lo necesario para ser feliz, que es apenas uno de tantos derechos que el hombre necesita y que falta mucho para poder lograr hacer un hombre socialmente completo. Sin embargo no siempre se le valora igual.

Por eso es interesante el argumento sobre la libertad que nos trae la película Lincoln, firme candidata a los premios Oscars 2013. Si bien en principio es una historia que parece muy local se sobrepone a ese lastre, luego aparenta ser una biografía sobre una de las figuras más interesantes de la historia mundial, pero no es un biopic ni cuenta la vida de Lincoln.

El argumento se centra en un momento concreto de la historia de Estados Unidos, cuando la sociedad norteamericana se debatía en los estertores de la Guerra de secesión, y había un fuerte debate por hacer, o no, una enmienda a la constitución que permitiera abolir la esclavitud en todo el Estado.

La lucha entre republicanos y demócratas, los conflictos entre sociedad y política, y otro montón de historias que se cruzan, son la sazón de una historia que cuenta detalles de la vida del presidente norteamericano, enfrascado, más que nadie, en sacar adelante la enmienda.

Un Lincoln marchito, quebrantado por los años, pero con la fuerza oculta de un tanque para defender sus proyectos, casi hasta el despotismo ilustrado, con claroscuros interesantes que no esconden sus conflictos interiores marcados por la muerte de su hijo. Un Lincoln quizás, magnificado por un guion temeroso, por el recelo del guionista a remarcar demasiado los puntos grises, pero aun así convincente, interpretado por un Daniel Day Lewis que, como siempre, se sale de la norma. Ya lo hizo en Mi pie izquierdo (My Left Foot), En el nombre del padre (In the Name of the Father), Pozos de ambición (There Will Be Blood) y otro montón de películas que por flojas (no es el caso de las mencionadas) no ensombrecen su actuación.

Lincoln no lo es menos. Creo que es una película de la que me incomoda algo, quizás por exceso; por hacer un Lincoln excesivamente magnífico, ante el que todos se amilanan y empequeñecen cuando abre la boca, y que siempre dice cosas trascendentes para la Historia universal.

Pero si por algo podemos sentirnos a gusto con esta obra de Steven Spielberg es con su estudio ficcional de la libertad, siempre importante, siempre polémica, pero indispensable.

A veces, de ejercer la libertad, de usarla con ganas, como ahora, que digo en prosa escrita lo que me da la gana, sin tapujos, en un medio al que se tiene acceso desde el otro lado del mundo, se me olvida lo importante que es. No sólo a mí.

Al menos de cuando en cuando me vienen estas disquisiciones que a pocos importan pero que me hacen recordar la importancia de cosas que alguna vez no tuve. Algunos, que nacieron en libertad, muchos que no han tenido que luchar por obtenerla, o ejercerla, que no saben lo que su padre o su abuelo sacrificaron para que ellos la tengan, terminan por no la valorarla en su justa medida.

En uno de los momentos más interesantes del filme, el presidente norteamericano, cuatro noches antes de la votación por la enmienda, habla con Elizabeth Keckley, modista y confidente de su mujer Mary, una negra que nació esclava, aunque en esos momentos es libre y le dice que los negros que conoce dan su bendición a lo que hace por ellos.

Lincoln siente que es un momento único para expresar sus miedos hacia lo que trae la libertad a los negros a los que quisiera liberar y le pregunta a su interlocutora:

–¿Tienes miedo de lo que se le viene encima a tu gente si triunfamos?

–Bueno, los blancos no nos quieren –responde ella– ¿y usted?

–No la conozco, Sra. Keckley. A ninguno de ustedes. Me resultan tan familiares como cualquiera, pobres, criaturas desnudas, imperfectas como todos. Usted tiene el derecho a esperar lo que yo espero, y probablemente lo que ambos esperamos no sea incompatible entre sí. Asumo que me acostumbraré a vuestra presencia. Pero lo que significan para la nación o lo que será de ustedes cuando la esclavitud se extinga, no lo sé.

La señora Keckley responde en una muestra impresionante de sabiduría.

–Qué será de mi gente, no puedo decirlo. Nunca he escuchado decir a nadie lo que trae la libertad, pero para mí la libertad es lo primero.

Esa es la esencia de lo que falta o se tiene cuando se conquista la libertad. La libertad es también responsabilidad, y a veces tenerla implica saber usarla, valorarla y no significa que se ha alcanzado todo. Porque en algunos sitios se ha demostrado que tener libertad no ha traído felicidad, ni bienestar, ni una sociedad perfecta en la que todo se ha acabado. ¡No, en absoluto! Pero la libertad es lo primero, es el primer paso necesario e indispensable, que si no se tiene, lo demás es improbable o inalcanzable. Por esto, por esta examen a la libertad, ya merece sentarse a ver Lincoln.

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  • Daniel:

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