Los diálogos en el método de presentación de personajes mediante el discurso
Hector García Quintana | septiembre 19, 2010
Luego de varios textos sobre los diferentes métodos de presentación de los personajes literarios, me gustaría hacer una anotación indispensable. La presentación directa de un discurso es evidentemente en forma dialogada, y los diálogos no deben ser sólo una parte más dentro de esta caracterización.
Cuando se establece un diálogo entre personajes es vital saber cuál es el objetivo que buscamos con él. Todo autor, antes de sentarse a escribir una escena dialogada, debe haber concebido previamente a dónde quiere llegar, tener un objetivo claro que no haga a los personajes divagar y no perder el hilo conductor del argumento.
De la misma manera debe ajustarse al léxico de la clase o grupo social de sus personajes y la circunstancia específica en que se encuentran y, más que nada, dominar los signos de puntuación y su lógica dentro de la convención literaria. Un signo mal colocado en un diálogo puede trastornar el significado de la idea central.
Debe saber además que sus personajes deben conversar de forma natural, que no quiere decir vulgar, sino sin excesos de pomposidad. También debe cuidar que no estén constantemente diciendo trivialidades, y si lo hacen debe cumplir una función dramática esencial en el relato.
En el capítulo cuarto de La vida breve, de Juan Carlos Onetti existe un personaje, Miriam, que resalta por su frivolidad. Onetti la hace repetir en ese capítulo varias veces las frases «Qué Julio» o «Este julio» para recalcar este carácter en el personaje. La letanía de esas referencias constantes nos caracteriza a Miriam sin necesidad de intervención del narrador aun cuando ella no dice nada significativo.
De igual manera un diálogo debe ser progresivo, avanzar y ganar terreno en fuerza dramática para mantener la atención del lector. Y aún más importante es que sea sugerente, que esconda más de lo que dice. Esto se logra de varias maneras pero la más conocida es darle al lector la suficiente información que es, sin embargo, desconocida por los personajes que efectúan el diálogo.
Imaginemos que María se entera que Pedro tiene una amante pero no quiere que él sepa que ella es consciente del engaño. Pedro sabe que ya María conoce del adulterio pero aparenta desconocimiento. El diálogo que se establece entre ellos en el momento de la cena, justo antes de que Pedro salga a ver a su amante puede ser muy rico desde el punto de vista del argumento, pues hay información oculta que se puede sugerir para que el lector se deje atrapar por ella. Aunque se puede hacer también un uso interesante del nivel de sugerencia aunque el lector no conozca todos estos detalles.
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