Saber apreciar los matices

| octubre 10, 2011

Vivimos en un mundo excesivamente polarizado. Todo se aprecia en blanco y negro, malo y bueno, arriba y abajo. Nos sacamos las respuestas en función de unas estructuras prefijadas en cuadros que están fijados en el cerebro y nos cuesta sacar una idea de ese cuadro para someterla a la verdad que está fuera de él.

Pocos se atreven a ir más allá y comprender que la objetividad no existe, pero sí la sinceridad.

Si defendemos a alguien por permitirle la libertad que tenemos nos acusan de practicar su ideología, si lo criticamos por sus métodos nos colocan en la acera contraria sin preguntarnos antes nuestros afectos. Pero la mayoría de la gente ya te “encuadra” en un pedacito de su mente que antes creó gracias a las consignas enlatadas que alguien puso en su mente.

Pocos se atreven a comprender que aquello en lo que creemos es una parte de la verdad y no LA VERDAD por sí sola.

Así nos inventamos militancias para acusar a disidentes cubanos, con los que podemos estar de acuerdo en el fondo pero no en la forma, en agentes del castrismo y colocamos a un opositor (sin militancias ni fanatismos) de la dictadura cubana, capaz de defender a un comunista siendo él mismo liberal y anticastrista, en un agente que se baña en dos aguas practicando el don del oportunismo.

Pocos se atreven a ir más allá y comprender que el entender una postura no significa compartirla.

Si se apreciaran los matices podríamos, por ejemplo, admirar a Steve Jobs y a Apple a la vez que a Bill Gates y Microsoft  sin necesidad de estar en la ola general de sectarismo –porque intenten colocarte en sectas los que tienen filias o fobias por ellas– y acriticismo frente a los productos de una y otra, y sobre todo sin la obligación de canonización de la figura del visionario emprendedor que dio origen a los magníficos Iphone y Ipad.

Si se apreciaran los matices podríamos, por ejemplo, admirar a un buen político de un partido ajeno a nuestros idearios –como me pasa con Barack Obama o Alfredo Pérez Rubalcaba (con todos sus puntos oscuros y no aclarados, y antes de ser candidato a la presidencia del gobierno de España)– sin necesidad de que te bañen con una pátina de la ideología que ellos practican.

Pocos se atreven a ir más allá y comprender que no es necesario esconder los defectos para ensalzar las virtudes y que se puede admirar a alguien sin convertirlo en cabeza de una acrítica superstición monjeril.

No es que sea tan difícil, pero a la mayoría nos cuesta apreciar los matices, ser capaces de comprender una postura o una ideología sin compartirla; alabar o criticar a una idea sin santificarla o descastarla, apreciar las virtudes de un hecho con la capacidad de anexarlo en su ambiente y su época para no errar el análisis.

Lo interesante es que si somos capaces de dejar los sectarismos, las militancias fanáticas y las opiniones enardecidas y prejuiciosas comprenderemos que tanto tú como yo, somos piezas de ese puzle gigante que es el mundo y ambas opiniones se necesitan para que se mantenga unido. Es así de simple. Sólo hace falta que nunca nos fanaticemos con nuestras opiniones.

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  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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