Sin futuro

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1961. Una foto en blanco y negro donde destacan los blancos dientes de un negro pobre y sonriente; y sobre todo un periódico donde se lee un contrasentido: ¡Viva Cuba Libre!, y un augurio terrible hacia el futuro: Rompen los E.U. sus relaciones con Cuba.

¡Pobre tipo!, me viene a la cabeza, por patrimonio, o ausencia de él, y por inocente. La sonrisa le impide comprender las fatales secuelas que traerá a la isla que su primer socio comercial se desentienda de ella.

El negro sonríe con ganas. Quizá en su mente se cruzan desordenadamente las promesas de igualdad entre negros y blancos que un barbado de apellido Castro soflama desde los medios y las tribunas. Seguramente piensa también en el juramento de un futuro mejor para sus hijos en un mundo sin ricos ni pobres. Sonríe despreocupado; a lo mejor por ignorante, pero más porque ha sido engañado durante dos años de promesas y no lo sabrá hasta mucho tiempo después, o puede que muera sin saberlo.

No sabe que sus hijos no tendrán un futuro mejor, o peor, que el siglo XXI lo verán sus nietos sobre una balsa que cruza hacia La Florida o en la moneda enemiga de un europeo con quienes han mezclado su sudor de casta africana sobre las sábanas sucias de un hotel donde tienen prohibida la entrada.

No sabe que en el nuevo siglo los negros de la Cuba del futuro no podrán trabajar (en igualdad de condiciones) en los mismos hoteles que los blancos y que el color de la piel será todavía una lastra para salir adelante.

No sabe que el país que rompe relaciones será en el futuro la única llave posible para salir adelante en un país lleno de miseria y hastiado de promesas para un futuro mejor.

No sabe que si alguno de sus hijos llega a ser periodista, escritor, presentador o cualquier otra profesión vinculada a los medios, la noticia, los hechos, la verdad, tendrá que callar cuando la realidad contradiga los preceptos del nuevo sistema que surge o arriesgarse a ser opositor ilegal, preso o desempleado, que muchas veces será lo mismo.

La realidad de esta foto está oculta tras el muro del futuro que él no conoce: miseria, opresión y violaciones múltiples de los derechos humanos. Lástima que no se dé cuenta antes. Para entonces, cuando lo sepa, ya será demasiado tarde.

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