Sobre la naturaleza del conflicto literario

| Marzo 24, 2010

Las uvas de la iraEn la ficción los conflictos donde ambas partes tengan la razón o donde ninguna de las dos la tenga, hacen mucho más real y verdadera una historia. Por la natural lógica del no ser que nace del ser, los malos más malos tienen también algún brillo de bondad que puede sorprender.

De la misma manera asombra que alguien en extremo bondadoso haga algo aborrecible. A Raskolnikov se le puede odiar por haber asesinado a dos ancianas, pero su motivo, si bien no lo justifica, lo hace más humano, cuesta mucho como lector tomar parte en su crimen, pero a la vez el lector anhela que la policía no lo atrape.

Con Madame Bovary sucede algo parecido. Se puede estar en contra del adulterio, mas cuesta criticarlo cuando lo comete Emma porque no es feliz en su matrimonio. Sus ilusiones van mucho más allá de mantener una familia unida, un esposo bien situado y unos hijos que criar.

Emma desea pasión, necesita sentir el apetito que viven las heroínas de las novelas que lee. Vive ella en una sociedad obcecada, retrógrada si se quiere, donde la mujer no tiene más derechos que los permitidos por su marido y la comidilla de la sociedad, donde el divorcio es casi un crimen.

Nada que intente anulará su matrimonio, así que ha optado por buscar el amor en los brazos de su amante. Nótese, sin embargo, que no hay serios motivos para odiar a su esposo.

El doctor Charles Bovary es un hombre fiel, ama a su esposa —al final, cuando se entera del suicidio de Emma muere de pena—, pero Charles no llena las expectativas de su esposa, por momentos se aprecia como un ser frío aunque no insensible.

El amor tiene secretos ocultos y no es precisamente a Charles a quien ella ama. Por momentos Flaubert maneja la simpatía del lector hacia uno y otro, hace aprobar o criticar las decisiones de ambos sin tomar partido en ningún momento por ninguno y se llega al final con la sensación de haber sido testigos de una vida real y no de una insípida y mentirosa historia de amor en medio del desastre de un trasatlántico.

Esta es una manera inteligente de llevar un conflicto. El escritor debe ser capaz de poner al lector en aprietos, manejar sus emociones, manipular sus patrones éticos y morales, y además hacerlo sin que éste lo note. Debe jugar con su inteligencia, hacerlo dudar ante la disyuntiva de decidirse por una de las fuerzas o ideas enfrentadas.

En Las uvas de la ira de John Steinbeck existe un ejemplo maravilloso de un conflicto bien trabajado. A pesar de no haber gozado de estar entre las favoritas de un escritor como John Gardner —maestro del inmenso Raymond Carver—, esta es una novela desconcertante, brutal, que tiene como base la desesperada búsqueda de subsistencia por parte de una familia trabajadora de los Estados Unidos, obligada casi a la mendicidad. Esta novela tiene un pasaje donde unos campesinos están siendo desalojados de sus tierras.

El conductor del tractor que derriba sus casas es un campesino como ellos, arrastrado igualmente a la pobreza. La reacción de las víctimas es emprenderla con este semejante. En ese instante lo ven como el causante de su desdicha.

La respuesta de éste hombre es inquietante. Él no es el culpable, es sólo, como ellos, un miserable sin trabajo, con mujer e hijos que mantener, al que pagan un salario por manejar un tractor:

—No soy yo. Yo no puedo hacer nada. Pierdo el empleo si no sigo órdenes. Y, mire, suponga que me mata, simplemente a usted lo cuelgan, pero mucho antes de que le cuelguen habrá otro tipo en el tractor y él echará la casa abajo. Comete usted un error si me mata a mí.

Los demás se avergüenzan y tratan de encontrar, infructuosamente, un culpable. Al lector le pasa algo parecido. Se puede estar a favor de los campesinos, pero conmueve e indigna a la vez que alguien se vea obligado por hambre a destruir a sus semejantes.

Es de los mejores ejemplos de cómo un buen conflicto literario puede desequilibrar a un lector, dejarlo desnudo ante una situación que cree controlada e inerme ante un conflicto humano. Por aquí van encaminados los buenos pasos hacia un buen texto de ficción.

 

Más enCómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

Loading Facebook Comments ...

Escribir comentario

Últimos comentarios

  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

  • paco:

    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

  • Anonimo:

    Gracias... A veces siento que no valgo nada como persona y que soy insignificante. Supongo que no podre...

  • Víctor:

    Tuve la oportunidad de verla por primera vez en renta, sin palabras, la mejor película que he visto...

  • Mónica:

    Mi película favorita. Encantadora, tierna, profunda. Para mí se quedará así. Como ese amor de...

  • cris:

    Carmen, estoy de acuerdo contigo. Ninguna variante es inferior a otra. Un idioma que no cambia con el...

Escrito por Hector García Quintana