Tres formas de presentación de personajes mediante el discurso

| septiembre 12, 2010

El discurso de un personaje literario puede ser expresado de tres maneras diferentes que no debemos dejar pasar por alto. La primera es en forma de resumen hablado por la voz del narrador; la siguiente: de manera indirecta con la tercera persona como cable de transmisión; y por último: de forma directa a través del propio personaje.

Veámoslo con tres ejemplos de La guerra del fin del mundo. En el primero de ellos no habla el personaje, es el narrador –activamente presente– en tercera persona quien nos resume en su propia voz todo lo que Antonio Consejero les dice a sus seguidores, aunque las palabras no sean del narrador, sino del personaje:

“En el reposo de la primera noche, después de la acción de gracias y el rosario, les habló de la guerra, de los países que se entremataban por un botín como hienas por la carroña, y, acongojado, comentó que el Brasil, siendo ahora República, actuaría también como las naciones herejes. Le oyeron decir que el Can debía estar de fiesta, le oyeron decir que había llegado el momento de echar raíces y de construir un Templo que fuera, en el fin del mundo, lo que había sido en el principio el Arca de Noé.”

En el segundo fragmento el discurso de Antonio Consejero está expresado también por el narrador, pero aquí se oculta, como si quisiera pasar inadvertido. Sabemos que es el personaje quien habla y que el narrador está entre nosotros los lectores y el personaje, pero casi no se advierte su presencia como en el primer fragmento.

“El fin estaba cerca, se podía divisar como Canudos desde el Alto de la Favela. La república seguiría mandando hordas con uniformes y fusiles para tratar de prenderlo, a fin de impedir que hablara a los necesitados, pero, por más sangre que hiciera correr, el perro no mordería a Jesús. Habría un diluvio, luego un terremoto. Un eclipse sumiría al mundo en tinieblas tan absolutas que todo debería hacerse al tacto, como entre ciegos, mientras a lo lejos retumbaba la batalla. Millares morirían de pánico. Pero al despejarse las brumas, un amanecer diáfano, las mujeres y los hombres verían a su alrededor, en las lomas y montes de Canudos, al ejército de don Sebastián. El gran rey habría derrotado a las camadas del Can, limpiando el mundo para el Señor. Ellos verían su rostro bondadoso, adolescente, les sonreiría desde lo alto de su cabalgadura enjaezada de oro y diamantes, y lo verían alejarse, cumplida su misión redentora, para regresar con su ejército al fondo del mar.”

La diferencia entre uno y otro fragmento es muy sutil, pero apreciable si nos fijamos en la forma condicional de los verbos que usa Mario Vargas Llosa en este fragmento. Es un tema sobre el que apuntaré algo más cuando escriba sobre el monólogo interior.

Ambos métodos son muy útiles para meter al lector mucho más rápido en el centro de la escena que estamos presentando o para evitar repetir información que ya el lector tiene de una escena anterior.

Pero como todo en la ficción literaria, debe ser asumido con precaución porque hay escenas que rechazan por su propia naturaleza este tipo de presentación resumida o de forma indirecta. Para estas escenas es preferible usar el método directo:

“–En los muertos de hambre el instinto suele ser más fuerte que las creencias –murmura, después de apurar hasta el final el líquido de la escudilla, escudriñando las reacciones de Jurema–. Pueden creer disparates, ingenuidades, tonterías. No importa. Importa lo que hacen. Han abolido la propiedad, el matrimonio, las jerarquías sociales, rechazado la autoridad de la Iglesia y del estado, aniquilado a una tropa. Se han enfrentado a la autoridad, al dinero, al uniforme, a la sotana. (…)

–Han retomado la lucha donde la dejamos, aunque ellos no lo sepan. Están resucitando la Idea –dice todavía Gall, preguntándose qué puede estar pensando Jurema de lo que oye–. Es por eso que estoy aquí. Es por eso que quiero ayudarlos.”

En éste fragmento es muy claro que quien se expresa es el propio personaje, sin intermediarios; escuchamos su propia voz sin que intervenga el narrador –presente o escondido– a menos que, como en este caso, haga acotaciones breves sobre acciones físicas de los personajes.

 

Más enCómo se escribe una novela. Técnicas de la ficción narrativa

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    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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