Un sueño improbable y placentero

| Octubre 16, 2010

En medio de mi insomnio crónico de despertar casi todos los días a las 3 y 45 de la madrugada he tenido un sueño interesante.

Estaba en Cuba, no recuerdo por qué, rodeado de varios artistas (escritores, músicos y pintores) y preocupado porque un grupo de jóvenes se estaban reuniendo de forma espontánea para hacernos una especie de acto de repudio por ser (mis amigos y yo) ¡defensores de la dictadura cubana!

Es un sueño improbable, porque soy anticastrista, liberal y amante de la libertad por encima de todas las cosas. Pero también porque no pienso regresar a Cuba, ni cuando exista una democracia, y aún menos, para enfrentarme a disidentes al régimen.

Pero lo que más improbable hace el sueño es que puedan existir manifestaciones espontáneas por parte de jóvenes para expresar su malestar por los partidarios del gobierno castro-comunista de la isla.

Manifestaciones en Cuba se sabe que sólo las convoca el gobierno, y siempre son masivas, con plazas llenas de personas a las que se les perdona el día de trabajo, siempre y cuando asistan a estas pruebas de fuerza que el gobierno quiere presentar al mundo.

Las pocas manifestaciones libres, reales, espontáneas que se dan en Cuba, las hacen –con cierto atrevimiento, y no sin sorpresa de mi parte– las damas de blanco, esposas, hijas y familiares mujeres de presos de conciencia que, como las madres de La Plaza de mayo en Argentina, han hecho de la manifestación, un acto reivindicativo de libertad y justicia.

En cualquier caso, son prácticamente inexistentes las manifestaciones en Cuba. Por eso me dio mucho gusto, en mi sueño improbable, verme en una especie de ring de boxeo rodeado de jóvenes gritándome lindezas por ser partidario del gobierno de los Castro. O quizás no, la verdad es que en el sueño no había indicios de que Cuba siguiera siendo gobernada por esta casta ineficiente y dictatorial.

Pero me sentí bien en mi sueño improbable defendiendo las mismas ideas que estando despierto: la defensa de la libertad individual del ser humano, la defensa de la capacidad para elegir si ser sano o matarme los pulmones a cigarrillos, de tener un cuerpo perfecto o dejarme consumir por el colesterol de una Burger o un chorizo al vino, la libertad de elegir lo que quiero pensar y no que nadie me obligue a pensar por cabezas de otros. Si es que ni soñando dejo de ser yo.

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