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Todo empezó por una irónica, pero altanera felicitación de Navidad del escritor Manuel Vilas en diciembre de 2025:
Feliz Navidad a todos los escritores y escritoras que venden trescientos ejemplares de sus libros porque trescientos seres humanos suman entre amigos, familiares, vecinos y compradores equivocados. Porque esos trescientos son una esperanza. Feliz Navidad a los trescientos seres humanos que compran los libros de los escritores fracasados. [1]
Reconozco que hasta aquí no me conmueve, no me motiva, no me impacta ni emociona que pueda estar incluido en ese grupo de los que son unos fracasados. Pero luego veo a Juan Soto Ivars en su muro de Facebook donde dice:
Y que llamen fracasado a quien vende menos de 300, cierto, no me emociona, pero que le digan que no es escritor, tan sólo porque se contenta con esa venta, ya merece mi atención. Yo puedo estar en esa lista, depende de como lo mires. ¿Cuántos libros habré vendido? No tengo idea. En Cuba, si no me engañaron, vendí todas las copias de mi novela El diablo bajo mi piel, pero eso allí no tiene impacto en tu pecunio, ni cambió mi vida. Y luego, en España, ¿cuántos he vendido? Si hago caso a mi editor y las notificaciones de Amazon puede que ¿6000 o 7000? ¿Soy escritor? ¿Sería menos si vendiera 299? ¿Soy escritor si vendiera esos miles en un año? ¿O no lo sería porque lo hago en 20 años? ¿Hablamos de literatura o de mercado?
Seamos serios, si escribo quiero vivir de esto, como otros de hacer sillas, reguetón o Roscones de reyes. Queremos que nos lean, que nos den una palmadita en la espalda: “Hola, me ha gustado tu libro, me ha cambiado la vida, me ha hecho reflexionar”, pero luego a ti no te llena la cuenta del banco porque vendes menos de 300 o menos de 1000 o menos de 10. ¿Pero dejas de ser escritor?
Onetti remarcó una vez la diferencia entre quien quiere ser escritor y quien quiere escribir. Ser escritor, ¿qué es? ¿Escribir lo que deseas, en tu soledad creativa, o ganar de la farándula de estar en tertulias y la tele, mientras escribes lo que piden esos medios? ¿Ambas cosas es ser escritor?
Distingamos algunos conceptos entre los que podemos y debemos movernos: creación, éxito y mercado.
¿Por qué alguien escribe, hace música, pinta? Esa es la primera pregunta y según la respondas nos llevará al éxito o al fracaso. ¿Qué te propones cuando empezaste a escribir? ¿Ser nobel de literatura, hacerte rico siendo un superventas, ligar con chicas o chicos, ser famoso o expresar lo que sientes de la mejor manera que puedes y sabes hacerlo?
Si no se le aplican las reglas que rigen la ciencia psicológica, crear es casi un misterio. Un neurocientífico tiene una definición sesuda para explicar por qué se hacen cuadros, libros o partituras, pero siempre algo hay que se escapa de esa lógica. Porque los mecanismos físicos y químicos que plasman la labor creativa en el cerebro, no explican, por lo menos del todo, los mecanismos previos que se ponen en juego a la hora de hacer un lienzo, una partitura, una novela o una película; cualquier obra de arte.
Si esa pulsación llega a alguien y se moldea en una obra de arte, ya no existe el fracaso. Es un éxito que tu cerebro te obligue a pensar, te dicte unas ideas, las logres ordenar en ese caos que es el pensamiento y rasgues unas líneas que terminen saliendo en una novela. Y luego ¿Qué es el éxito más adelante? ¿Vender mucho como Belén Esteban y ser olvidado en 5 años o vivir de un trabajo no creativo y pasar a la posteridad con una de las mejores novelas de la historia, como Melville?
“Pues vender como la primera y pasar a la historia como el segundo”, me dirás, pero esa mezcla es rara, inusual. Muchas veces has visto que lo que aclama el público no es lo que ensalza la crítica, y no siempre es lo que forma un canon, es decir, algo que se convierte en clásico.
El que se vanagloria de su éxito actual por vender 10 000 copias de libros que apuntan a un lector concreto que desaparecerá o cambiará en 5 o 10 años, ¿es más escritor que aquel que vende 300 copias este año y puede que siga vendiendo 300 copias cada año durante 50 años?
Hay libros, obras de arte, cuyo éxito es una carrera de fondo, no de velocidad, y en ocasiones ese éxito llega cuando cambia la apreciación del lector que condiciona la opinión pública.
No debes permitir que tu éxito lo decida el mercado, cambiante, voluble, a veces, mal informado. El éxito te lo formulas tú cuando decides juntar letras tras leer a los grandes de cada lengua y decides competir con Cervantes, Bram Stoker o Balzac, no con Soto Ivars o David Uclés. Un libro malo puede ser muy vendido porque se beneficia de una polémica en un contexto político, social o cultural concreto y no tiene por qué ser una obra maestra, ni siquiera un buen libro. Se aprovecha el autor, o la casualidad le favorece sin proponérselo, de una reputación creada por la publicidad, y como llegaron las ventas desaparecerán cuando aparezca otra novedad que marque la actualidad y cambie al lector que mira las novedades.
Y hay ejemplos más autorizados para explicarnos el éxito que el vendedor de libros de modas para un sector de la opinión pública. Juan Rulfo sostenía que era mejor que el escritor no pudiera vivir de su escritura, porque así no sería nunca mercancía y podría cuestionar al mundo con verdadera libertad. Sí, es bonito. Pero igual no es malo que vivas de vender los libros.
Irene Nemirovsky escribía sin editor, sin idea de ser publicada, sin la pretensión de que alguien fuera a leerla algún día, sin tener idea si sus libros la sobrevivirían. Creaba porque sí, porque lo necesitaba, y lo hizo hasta que los nazis la arrastraron a un campo de concentración de donde no salió.
Eso es crear, eso es escribir, eso es ser escritor.
Y si no vendo ¿para qué escribo?, me preguntarás. Y respondo.
Dice un famoso rico que nunca uses el dinero para medir el éxito sino el impacto que creas en los demás con tu trabajo. Si ese impacto te da dinero, mejor, podrás ser rico, podrás ser exitoso, vivirás de tu labor profesional, pero no esperes que escribir, creando ese impacto, te deje suficiente capital para vivir de él.
Si vender 300 copias (bajo el listón), 100 (bajo más), 50 copias de un libro que tienen algún valor literario, o artístico, y eso hace que el vendedor de turno te diga que no eres escritor y eso te preocupa. No escribas.
En el mercado anglosajón, puede ser un fracaso vender menos de 10 000 ejemplares. Y un escritor chino que supera 10 veces esa cifra es nadie en su mercado editorial.
Un libro que vende 300 copias puede ser una obra maestra mal gestionada por una editorial o por el propio autor, con una portada invisible, o ahogada por el algoritmo de las redes y las ventas en contra. A veces, la propia personalidad del creador, como Kafka, conspira contra la venta de su obra, por magnífica que sea.
Ha sucedido que esa obra maestra que no vende, cambia de embalaje, cambia gusto del lector de moda, sucede un hecho de actualidad que gira las miradas, y al autor termina vendiendo más en español o inglés que un escritor en el mercado chino. El autor no ha dejado de ser escritor, ni ha mejorado su talento, ni su conocimiento, solo ha cambiado su visibilidad en la rueda del hámster que gestiona el departamento financiero.
Si para validar tu escritura, necesitas que el mercado lo valide, sigue luchando contra el mercado (¡buena suerte!) o no escribas. Si no encajar con las reglas del mercado, no ser validado por la opinión pública, te importa tanto que consideras que es un fracaso, estás jodido. Porque de este arte viven 4 gatos, y no viven todos holgadamente ni del todo bien y no siempre serán validados por la posteridad.
¿Y a mí qué me importa la posteridad? Me dirá alguno. Sí, es una postura válida y respetable, pero te aferras de algo que no depende de ti. Puede que te subas a esa rueda de hámster y seas el mayor superventas del mundo, o puede ser que estés toda la vida corriendo en la rueda y no lo logres, y al final, no eres superventas y tampoco dejaste una obra que pueda ser validada por la posteridad.
Ya he dejado un vídeo hablando del mercado o industria editorial, de los rechazos, las decepciones, lo casi imposible que es llegar a él, entre cartas de rechazo, saturación editorial, premios amañados, agentes literarios que no responden, lecturas laterales. Si logras vencer todos esos obstáculos imposibles y llegas a vender 300 ejemplares, ¿cómo puedes no ser escritor? Los ciclos comerciales cambian, y lo que hoy se vende como la última novedad, en 5 años puede ser lo que esté en el fondo de las estanterías de una librería. Y lo contrario.
La caprichosa industria editorial busca clientes; el escritor busca una verdad: tratar de entender el mundo desde una perspectiva que otros no ven y explicarlo. A veces lo logras, porque el lector te encuentra o tú lo encuentras a él; otras por desgracia, no sucede.
Si seguimos este absurdo criterio de medir las profesiones por las ventas, por las reglas que marca el dinero, Paul Gaguin o Vincent Van Gogh no eran pintores, Sixto Rodríguez o Nick Drake no eran músicos y Kafka o Melville, no eran escritores. Si hacemos caso a Soto Ivars, escritores son Belén Esteban y Enrique de Sussex (el príncipe Harry) y no Irène Némirovsky ni Bram Stoker.
¿Quieres mi consejo si escribes y has vendido 50 ejemplares? Si quieres ser un superventas, búscalo, pero no puedo ayudarte, no depende de ti, aunque sigas todos los pasos que dicen que se deben seguir. Pero si lo tuyo es escribir en serio, escribe una obra digna de ser leída. Si esa obra es leída o no, eso ya no depende de ti como escritor, sino del mercado.
Sigue escribiendo, que no te importen ni éxito ni fracaso, ni mercado ni academia, ni críticas ni alabanzas, sigue escribiendo porque te hace falta, porque te gusta o te alivia, sigue escribiendo, aunque a nadie le haga falta.
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[1] Manuel Vilas, «Feliz navidad», El Correo, diciembre 24, 2025, sec. opinion, https://www.elcorreo.com/opinion/manuel-vilas-feliz-navidad-20251224000941-ntrc.html.