In the Blink of an Eye. Tan «supuestamente» ñoña como trascendental

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blankAlgo que ya tenemos asumido los que llevamos tiempo lidiando con los estamentos culturales que deciden lo que llega a librerías, salas de cine o galerías de arte es que lo que triunfa no es siempre lo mejor que se crea en el momento. Ni siquiera podemos quejarnos por ello porque las editoriales, los cines y galerías tienen que sobrevivir, y en este mundo de aceleración social, bullicio y polarización política e ignorancia cultural, atrae más al gran público un filme de superhéroes cayéndose a leches, una novela de frases simples y cortas que no implique un reto para el lector y un plátano en una pared antes que un óleo sobre lienzo impresionista que nos obligue a pensar.

Esta sensación tuve cuando vi, casi por casualidad, In the Blink of an Eye.No verás este filme nominado a los Oscars ni a ningún premio ni festival, si bien se presentó en Sundance donde pasó sin pena ni gloria. Incluso verás que no está bien puntuado en las absurdas listas que nos hemos inventado para calificar con estrellitas y números como si eso tuviera algún tipo de valor real en el mundo estético o filosófico. Pero desde mi punto de vista es de esas películas que, a poco que te preocupe la vida, que medites un mínimo sobre de dónde venimos, quiénes somos y hacia donde vamos, vas a tener que dejar el aparatito ese que tienes todo el día en las manos para disfrutar de la belleza y la reflexión profunda que contiene.

In the Blink of an Eye no es una historia, sino tres historias; tres planos distintos que ocurren en tres tiempos tan alejados entre sí que no tienen ningún nexo lógico entre ellos.

La película arranca en el año 45.000 a. C. (aproximadamente), siguiendo a una pequeña familia en lo que, según se sugiere, fue el final de la era neandertal. Los personajes no hablan un idioma que podamos entender, pero unos rótulos nos presentan los personajes y sus nombres, que no voy a mencionar, y tampoco tiene mucha importancia en el filme, pero sabemos que es una familia Neandertal de padre, madre embrazada, hija y un recién nacido.

La familia se dedica básicamente a sobrevivir: buscar comida, moverse por un paisaje salvaje y enfrentar los peligros de ese mundo primitivo. Visualmente todo es bello, con una fotografía casi perfecta y una secuencia inicial maravillosa que, a ratos recuerda a esa famosa secuencia del origen de la vida en El árbol de la vida, si bien narrativamente, es más corta. Eso sí, las imágenes son poderosas y con la música de Thomas Newman que acompaña muchísimo.

El bloque del presente es el que ocupa más tiempo en la película. Aquí conocemos a Claire, una antropóloga que trabaja en un proyecto que, aparentemente, tiene relación con los restos de la familia Neandertal. Mientras limpia huesos de hace miles de años, el montaje de la editora Mollie Goldstein nos lleva constantemente de vuelta 45.000 años atrás, subrayando la idea de que, como especie, seguimos conectados con ese pasado remoto.

Claire tiene una relación algo tormentosa con Greg, un estudiante de estadística que termina convirtiéndose poco a poco en su pareja. La relación entre ellos avanza despacio, en parte porque Claire está lidiando con algo complicado: su madre está muriendo en Vancouver. Así que, entre la distancia física y el peso emocional, su vida personal está bastante enmarañada.

El tercer hilo de la historia nos lleva mucho más adelante, hasta el siglo XXV. Allí aparece Coakley, una viajera espacial encargada de transportar células madre que pueden convertirse rápidamente en bebés. Su destino es una colonia humana en un planeta lejano. Durante el viaje solo tiene compañía de una inteligencia artificial llamada ROSCO. El problema llega cuando ROSCO detecta una infección en las plantas que producen oxígeno dentro de la nave. Si la plaga se extiende, la misión podría fracasar. Y eso significa que Coakley tendrá que tomar decisiones bastante duras para que esos futuros colonos lleguen a su destino.

El título In the Blink of an Eye no solo conecta de forma literal estas tres épocas, sino que intenta reflexionar sobre cómo ha cambiado —y sigue cambiando— la existencia humana. Desde los neandertales hasta el futuro espacial, la película quiere hablar de evolución, de emociones, de curiosidad, de lo que nos empuja a seguir avanzando como especie.

El director del filme Andrew Stanton, si bien tiene una carrera sostenida dirigiendo series como For All Mankind, o capítulos de series como Better Call Saul, El problema de los 3 cuerpos o Stranger Things, suele decirse que no tiene mucha suerte con el cine que no sea animado. Es el mismo director de dos clásicos animados como Buscando a Nemo y WALL-E, pero cuando saltó al cine de carne y hueso con John Carter en 2012, todo salió mal: problemas de producción, regrabaciones interminables y un estreno complicado que terminó convirtiendo la película en un caso casi legendario de producción problemática.

In the Blink of an Eye es diferente; no tiene el historial caótico de John Carter, pero el proyecto llegó a la meta con dificultades. El propio Stanton comentó que la película debía estrenarse hace años, pero la pandemia lo frenó todo. Finalmente se rodó en 2023 y terminó llegando discretamente a Hulu en febrero tras haber pasado, como dije antes, discretamente por Sundance. Y para colmo, el guion estaba en la llamada lista negra que, si estás informado en cine norteamericano, es un famoso inventario de guiones aprobados por alguna productora, y con algún tipo de calidad, pero por un motivo u otro, llevan años dando vueltas de una a otra sin que nadie se atreva a llevarlos a la pantalla.

Y estos problemas impiden que nos llegue una película perfecta. Es muy probable que la extensión, apenas 90 minutos, hace que la historia, tan poderosa, con tres tiempos lejanos entre sí, pase demasiado rápida e impide que haya un desarrollo mejor de los personajes. A ratos sientes como si estuviéramos leyendo el largo resumen de una novela en lugar de vivir la historia completa. Y esto que puede ser un lastre, a la vez es interesante que en esta época en la que muchas miniseries parecen películas estiradas artificialmente, aquí tenemos el caso contrario. Y sí, quizás este es uno de esos proyectos que habría funcionado mejor como serie, con más tiempo para explorar personajes, ideas y conflictos o un largometraje de algo más extensión. Llegando casi al final es donde esto se vuelve más evidente. La película recurre a un montaje acelerado que intenta cerrar todos los conflictos a la vez y el buen ritmo que llevaba la historia merecía desarrollarla de forma más orgánica.

Algunos críticos ven también algún tipo de ñoñería en la historia que cuenta. No estoy de acuerdo. Pero mi criterio sirve poco en esto. Cuando era joven era bastante crítico con las historias lacrimógenas. Hoy en día lo sigo siendo, pero tras muchos años de experiencia de vida sé apreciar cuando la lágrima imita a la vida, que sí, que es ñoña y cursi cuando nos enamoramos o cuando tratamos con nuestros hijos, o cuando la historia intenta manipular nuestras emociones como lo hace Sirat. Esto, insisto, no tiene importancia lo que yo diga, porque muchos de esos críticos que hoy deciden que películas mal contadas, como Anora, ganen Oscars, son también jóvenes y, por desgracia, tienen una formación más contemporánea donde prima el cine del siglo XX, pero no han visto el cine silente formativo de la historia del cine. Y sí, es probable que a In the Blink of an Eye le falte algo de maldad para montar o presentar algunas escenas, pero no significa que haya melodrama.

No, no es perfecta. (Pero es que ¿alguna película lo es?) No hay que apenarse porque una obra de arte impresionante no sea una obra maestra. In the Blink of an Eye tiene muchas ideas sugestivas sobre lo que significa ser humano y sobre nuestra relación con quienes vinieron antes y quienes vendrán después. Todos estos defectos de concepción, o quizás de puesta en escena cinematográfica, no afean el impacto en el espectador exigente. La película está contada con una maestría inusual en estos tiempos de rapidez e idiotez generalizada donde el público quiere historias masticadas, y es magistral por el propio argumento que contiene. No, no hay nexo, aparente entre las tres historias, hasta que descubres el nexo. Y entonces ya no podrás dejar de mirarte al espejo, de llorar y reír, de pensar sobre tu pasado, presente y futuro, la vida y la muerte, el amor y las relaciones humanas, la vida en general.

De esos filmes que hay que ver un par de veces en la vida.

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