En busca de la felicidad. Fijarse en las buenas obsesiones

| junio 6, 2011

Es difícil persuadir a quién sólo quiere ver alegrías en el cine, la importancia de los conflictos tristes en las historias de ficción para establecer catarsis en el ser humano. Pero es simple explicarlo, tan simple como que ante la tristeza, ante el dolor, ante las circunstancias punzantes de otros, podemos vernos reflejados como parte de un dolor que podemos superar.

Las historias dolorosas, las obsesiones infecciosas, los argumentos sombríos, tienen el poder de mostrarnos sitios oscuros de nuestro propio ser que muchas veces no queremos reconocer, que a veces nos duelen, y que algunos prefieren no ver.

Es una decisión personal. Recuerdo con El cisne negro, como intenté infructuosamente hacer ver a alguien que me criticaba por verla, que con esta película se puede aprender el peligro de las obsesiones mal orientadas. Si tienes que superar un examen no es cuestión de vida muerte. Siempre puedes volver a hacerlo. Pero si te quita el sueño, si dejas de comer, te comes las uñas y pierdes peso, tu obsesión se ha vuelto enfermiza y es motivo de preocupación, y merecedora de una buena historia de ficción. Así de simple.

Lo interesante es que, nos guste o no, todos nos obsesionamos. No lo hacemos por los mismos motivos, pero lo hacemos. La diferencia es obsesionarnos de forma enfermiza como El cisne negro, o, por el contario, de forma sana y natural.

Quizás entre los ejemplos más interesantes podemos hablar de En busca de la felicidad, película basada en la vida de Chris Gardner, un multimillonario norteamericano que alguna vez vivió en la calle. Es de esas películas llamadas de superación personal que rehusé volver a recomendar alguna vez para evitar que me dijeran: “No por favor, no quiero películas de tristeza, que para eso ya tengo la vida misma”.

Pero me he propuesto hacer un muestreo de aquellas películas que en su momento marcaron un salto de calidad en mi vida, cuando aún no había decidido abrir esta Web.

En busca de la felicidad no es otra cosa que la evolución de una obsesión. Chris Gardner (con la mejor actuación de Will Smith hasta este momento) es un emprendedor que hizo un mal negocio, que la vida le ha puesto en un momento de prueba, de crisis donde debe decidir por la superación o la depresión.

No es una película fácil para los corazones débiles. No existen crímenes, ni muertes, ni otros conflictos tenebrosos más allá de la obsesión de Gardner por no sufrir, por alcanzar un bienestar que le permita mantener la unidad de su familia, y una tranquilidad que al parecer le tienen negada.

Con todo lo que le sucede la película podría titularse Una suerte de desastrosas casualidades para no llegar a la felicidad, porque no vemos salidas, nos incomoda ver momentos ásperos donde la mayoría de los seres humanos nos dejamos arrastrar a una sima sin escalas. Un mal negocio, separación familiar, vivir en la calle y sin dinero, y la lucha incesante contra viento y marea por obtener las cosas necesarias para poder salir adelante; muchos se dejarían llevar a la depresión. Gardner no.

Chris Gardner sabe que tiene un talento, sabe que puede hacer lo que tienen en su mente, sólo necesita el impulso inicial que los demás no alcanzan a ver. No es raro. ¡Cuántas veces no estamos rodeados de gente que nos recuerda lo difícil de escalar una montaña, de ganar una copa del mundo de fútbol, de escribir un libro, alcanzar un trabajo que requiere muchas pruebas, de vivir de lo que nos gusta!

Por desgracia son más los que nos recuerdan que hay demasiadas paredes. La mayoría de la gente se deja arrastrar por el ladrillo, no por las grietas entre ellos. Cuando tienes un sueño, hay demasiados para recordarte que es sólo un sueño que debe ser mantenido como sueño mientras te buscas la vida por otros lados.

Pero Gardner sabe que si lo puede soñar, lo puede lograr. La escena donde se ve al presidente Ronald Reagan en la televisión explicando el déficit fiscal y la crisis norteamericana, anunciando un futuro de recortes mientras el protagonista está tratando de resolver un cubo de rubik (que acaba de salir al mercado, pues la película se sitúa en la década de los 70) es una metáfora exquisita de quien está intentando hacer lo que mejor sabe por más que se caiga el mundo a su alrededor.

Muchas veces he dicho a amigos y conocidos que los éxitos y los fracasos son cosa nuestra, no del entorno. Si en medio de una crisis sabes sobrevivir con solvencia y no te dejas arrastrar por la corriente absurda de la queja por la queja, en las épocas buenas nada te detendrá.

Por supuesto que el medio es importante, que lo que nos rodea condiciona lo que emprendemos, pero no lo determina. Determina si dejas que lo haga. Gardner sabe que puede salir de su situación, tiene fe en sus propias fuerzas, el entorno le hace sufrir, le hace llorar, le saca a veces de su tradicional sensatez para tomar malas decisiones, pero por algún motivo, hasta de los malos momentos sale victorioso y aprende para la próxima vez.

Prestemos atención en esta película el valor de obsesionarse por las cosas que merecen obsesión, por el poder de la imaginación, de nuestra imaginación, para transformar lo que puede ser insoportable en algo tolerable. (La escena donde juega con su hijo a viajar con una máquina del tiempo, y termina en un baño público donde ambos duermen, es de las escenas cinematográficas más memorables y emotivas que se recuerden).

Y más que nada no olvidemos la enseñanza, la moraleja que Gardner ofrece a su hijo quien sueña con ser un gran deportista de la NBA, una frase sabia que, si interiorizamos y aprendemos a usarla, nos abrirá más de una puerta en nuestra vida:

“Nunca permitas que alguien te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño debes protegerlo. La gente que no puede hacer algo por sí mismos, te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo, lucha por conseguirlo.” (La traducción es mía, porque he visto tantas versiones que quise dar mi propia versión)

Ni una palabra más que agregar. Película de las muy buenas, a pesar de que prefieras ver sólo alegrías. Y un motivo más para admirar a alguien que supo sobreponerse a las crisis, al que logró lo que los demás dijeron que no se podía hacer.

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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