Cinema Paradiso. Cómo joder un clásico en versión extendida

| enero 28, 2011

Cinema Paradiso (director Giusseppe Tornatore) tiene el raro privilegio de ser la película que me llevaría a algún sitio perdido donde me viera obligado a ver sólo una película hasta el fin de mis días. Quizás la única que la sustituiría sería El Chicuelo (The Kid), de Charles Chaplin.

En ambas se conjuga, con las miradas de un director muy talentoso y un genio, una característica fundamental del ser humano: la contradicción, la dualidad, el Yin y el Yan. Se substancia en ambas una mezcla de la tragedia y la comedia, el llanto y la risa, el dolor y el placer, una magistral mezcla donde el drama puede ser duro pero intenta ser neutralizado con una mirada optimista y bella sobre la vida.

¿Por qué antes Cinema Paradiso que The Kid? Es algo que jamás podré explicar. Quizás el hecho de que soy un frustrado director de cine me hace ver con cierta aquiescencia ese magnífico homenaje al cine dentro de la película italiana.

Mi amiga Raquel me advierte que existe una versión extendida. Me pongo alerta. La peli está perfecta como la vi. Ella tampoco la ha visto, no puede darme referencias más que el final tiene una sorpresa en la que un amor de juventud del personaje principal vuelve a su vida.

Consigo la peli, pero la escondo en un cajón casi por seis meses como si estuviera cometiendo un delito o traicionando a la versión original. Algo me dice que no la vea, que me mantenga lejos de un Frankestein renovado, que seguramente no aportará nada a lo que conozco.

Pues al final la saco del cajón y accedo a verla. ¡Decepción! Debí dejarla escondida, metida en el fondo de un cajón donde se merecía. Creo que la próxima vez El Chicuelo se va conmigo al sitio perdido.

¿Qué ha pasado?

Cinema Paradiso es un canto a la amistad. Es esa obra, que sea película, libro u obra de teatro, sorprende por la espléndida mixtura de llanto y risa, pero sobre todo por el canto a la amistad, por ese sacrificio de un amigo por ayudar a otro a perseguir su sueño, y por la propia fuerza con que alguien persigue los objetivos que deberían hacerlo feliz.

La historia de amor de juventud de Totó fue un episodio, un episodio importante que marcó parte de su visión de la vida. Luchar por el amor de una mujer que no lo ama con la perseverancia con que lo hace Totó, termina por hacerle conseguir el objetivo que quiere, pero de la misma forma sale herido y marcado de por vida.

Totó deja un pasado que marca su vida y que en la versión que se presenta al Oscar a la mejor película extranjera, se podó gran parte de esta historia de amor de juventud. A su regreso a Giancaldo, siendo ya un reconocido director de cine y no el joven proyectista de cine del pueblo, su encuentro con los recuerdos de niñez y juventud es un cierre de cuenta, es la reconciliación con su pasado.

Un reencuentro con Elena es inverosímil y deja abierta una puerta de una trama secundaria que no se cierra. Los amores de juventud son amores de juventud. Pueden marcarnos o no, decidimos si se quedan en la belleza de un sueño inconcluso o lo matamos convirtiéndolo en un matrimonio insoportable, pero volver sobre ellos luego de treinta y tantos o cuarenta años es como volver sobre un libro malo que nos marcó de joven: peligroso e innecesario.

Y lo que es peor en la película, deja la entrañable amistad entre Alfredo y Totó, en un segundo plano para dar paso a un Alfredo alcahuete y manipulador. El sacrificio de Alfredo por intentar sacar y desarrollar el talento de su amigo, queda deslavazado y sin sentido ante su papel como Celestina entre Totó y Elena.

No me cabe la menor de las dudas: la versión original de Cinema Paradiso es una obra maestra, la conocida como versione integrale es una lacrimógena historia de amor truncado por un lioso entrometido.

Quizás estoy exagerando, lo más probable es que me exceda por la decepción, porque en honor a la verdad es la misma película con más escenas. Pero de esta forma alcanzo a reafirmar la importancia del proceso de edición. El arte de la ficción tiene ese momento creativo en el cual se filma o se escribe sin control, sacando ideas de dentro para purgarlas aunque embelleciéndolas. Luego, lo más importante, el proceso de detectar el oro entre la mierda es lo realmente valioso, lo que discrimina la paja del grano.

Puedo asegurar (dejando aparte un fragmento completo de unos nueve o diez minutos entre que Totó recibe la noticia de su reclutamiento para el servicio militar y cuando este empieza), que todas las escenas incluidas en la versione integrale, nunca debieron haberse incluido. Ni que decir de esa mentira flagrante de encontrar una nota de amor de hace cuarenta años entre los trozos de papel que acompañaban las cintas de cine.

Cinema Paradiso es una película completa como estaba en el original, con un argumento convincente, una historia cerrada y un canto a la amistad entre la belleza del cine. Es igualmente una invitación a hacer todo lo posible por cumplir nuestros sueños, nos estimula a perseguir esa idea que tanto nos obsesiona. Todo en una historia ágil, sencilla, inteligente y bien estructurada. Así debió quedar.

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