Inmensamente rico

| enero 6, 2010

A veces, muchas veces, me levanto sin ganas de escribir. Las ideas se van a tomar viento y me dejan abandonado frente al teclado con ansias de sacar de dentro algo que quizás nunca estuvo.

A veces, muchas veces, me pregunto si las ideas me abandonan porque no tengo motivos para ser dignas de ellas, pero enseguida comprendo que las ideas no son mías, están en mí hoy como estarán mañana en la mesa de Vargas Llosa o estuvieron antes en la de Corín Tellado.

Entonces a veces, muchas veces, consigo entender que tengo muchos motivos para escribir, que la vida es una sorpresa diaria en la cual sólo hay que estar atento para sorprendernos de las maravillas que aporta.

Soy un ser humano que cree que tiene un talento y lo entrena a diario, o casi a diario, o a veces, muchas veces, para no perderlo, o alcanzarlo alguna vez.

Me acusan de ser negro, que es algo así como si me acusaran de ser hombre, ser humano o incluso podrían acusarme de ser mujer. Por lo tanto ser negro es un honor, como lo sería ser mujer, como soy hombre, como soy ser humano.

Entonces comprendo que no tengo motivos para preocuparme cuando alguien se toma el trabajo de llamarme negro, porque quien tendría que preocuparse porque le molestan los negros, los chinos, los extranjeros, o los españoles, o los blancos es aquel quien los odia.

También comprendo que se equivocan cuando me miran (o me acusan, que de todo hay en esta vida) como si fuera pobre porque a veces tengo problemas para pagar el alquiler en tiempo o porque no puedo (la verdad es que tampoco quiero) mantener una hipoteca, o porque no tengo coche (no lo necesito en esta magnífica ciudad que es Madrid)

Soy inmensamente rico. Tengo tres hijos a los que sigo con cierta perplejidad y orgullo. Uno es hombre, niño, ser humano; no es negro, pero pudo serlo, lo cual hubiera sido tan importante como si hubiera sido mujer. Los otros no son hombres, ni mujeres, ni niños, ni negros ni blancos, pero son libros, lo cual es también muy importante.

Por lo tanto lamento a los pobres con dinero, o sin él pero que sueñan sólo con él, que me acusan de ser pobre cuando soy inmensamente rico. Soy rico porque tengo sueños, hijos hombres y libros, y muchas ambiciones y objetivos que me aportan optimismo, que me hacen tener más sueños y más objetivos.

Si eres tan pobre que sólo tienes o aspiras al dinero, si eres tan pobre que odias a alguien por el color de su piel o por su origen, si eres tan pobre que crees que eres rico por tener coche de lujo, si eres tan pobre que crees que serás más rico por vestir Dolce&Gabbana u oler a Chanel, deberías pensar cuántas de esas riquezas tendrás cuando te vayas de esta vida, cuántas de ellas dejarás a tus hijos y nietos.

Pero si tienes riquezas materiales y además tienes sueños, talentos, ambiciones, y deseos de encarar al futuro, probablemente serás doblemente rico. Pero no olvides que la riqueza material te abandonará alguna vez, porque se va sola o porque te llega la muerte. La otra riqueza nunca te abandona porque trasciende la muerte en tus hijos y nietos.

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Comentarios (5)

 

  1. Verónica dice:

    ¡Me encanta, Hector!

  2. IP dice:

    TE QUIERO, ERES ESPECIAL. UN BESO

  3. diseñoweb_polo dice:

    Hay un dicho: "no es rico quien mucho tiene sino quien poco necesita". Y realmente la mayor parte de las cosas materiales no son necesarias para sentirse satisfecho con uno mismo. Cuando uno se quiere a sí mismo no le importa si el de al lado es de un color u otro o si tiene más o menos dinero.
    Para ser feliz hay que mirar con ojos llenos de ilusión a la vida.
    Me ha gustado lo que he leido, no sé si la invitación a ese café será o no posible.
    Un saludo de Auri

  4. Hector García Quintana dice:

    Auri, ¡qué alegría saber que andas por ahí! Un beso

  5. Anonymous dice:

    profesor, un buen texto, sincero y vibrante

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Últimos comentarios

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Escrito por Hector García Quintana