Todos lo saben o un gran infierno en…

| diciembre 9, 2018

Javier Bardem y Ricardo Darín son dos monstruos interpretativos. Y empezar con esta obviedad dice muy poco de mí como comentador de filmes y de esta gran película que responde al título de Todos lo saben o Everybody Knows, como se comercializa en el resto del mundo. Pero lo que hacen ambos con sus personajes en esta historia demuestra la validez de mi obviedad.

Laura (Penélope Cruz, que está igual de bien en su actuación) regresa de Argentina a su pueblo en España para asistir a la boda de su hermana. Lo que parecía ser una fiesta tranquila y sin dramas, se trastoca porque sucede algo que cambia el rumbo de la historia y de todos los personajes en ella involucrados.

La película del director iraní Asghar Farhadi es inmensa, llena de preguntas, dobles sentidos y ocultaciones que intuimos y que dan fe de aquella máxima de Infierno grande en pueblo pequeño. El hecho que convierte la fiesta en un infierno provoca en los personajes el resurgir de ciertas sombras que todos tenemos, pero ocultamos para poder sobrevivir como entes sociales: los instintos primarios, las dudas hacia los semejantes, las sospechas hacia aquellos con los que tenemos algún contacto personal, pero preferimos no tratar.

Esta es de una de esas películas que, desde el punto de vista formal, no veremos grandes logros cinematográficos, pero tampoco los necesita; sus virtudes afloran porque narrativamente es una joya en lo que no dice, lo que insinúa, lo que provoca. Y a esto ayudan las interpretaciones que,desde mi punto de vista, son lo mejor de este filme. Todas directas, sin exageraciones, quizás algo contenidas, y por lo mismo mejores. Con especial atención a estos dos monstruos interpretativos que son Bardem y Darín.

Como espectador llego al final a preguntarme, ¿merece la pena ser bondadoso hasta lo irracional por una verdad a medias? ¿Conviene ser dadivoso hasta el punto de poner en peligro nuestra propia estabilidad emocional y nuestro bienestar por algo que nos han hecho creer, pero de lo que no tenemos la más absoluta certeza? La pregunta no tiene dudas para quien tiene alguna fe de tipo religioso, pero para los simples mortales, aquellos que estamos preocupados por quienes dependen de nosotros, la respuesta no es tan simple.

Si me preguntan con qué me quedo de la película, diría −y ya es difícil quedarse solo con esto− aquellas preguntas o situaciones que no están respondidas en la historia y que parecen avocarnos a una continuación de esta historia, y que obviamente, no habrá. Esas dudas, lagunas deliberadas en la narración, son las que nos dejan con una reflexión imposible: ¿Y ahora qué pasará? La respuesta que pudiéramos imaginar es inquietante.

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  • Daniel:

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