Werk ohne Autor. Los mecanismos de la creación

| mayo 12, 2019

Aseguran los neurocientíficos expertos en creatividad que cuando estás inspirado todo te conduce al mismo destino. No importa si los elementos que te motivan no tengan nada que ver entre sí, la inspiración hará que encuentres puntos en común que los demás son incapaces de ver.

Quizás –eso quiero creer– me ha pasado con dos creaciones audiovisuales diferentes: una serie de televisión norteamericana que retrata problemas de los barrios negros y una película alemana que habla de pintura entre 1937 y principios de los 60.

¿Qué nos hace, como escritores, músicos, pintores, cineastas, chefs, carpinteros, etc., diferentes de otros creadores? Si realizas alguna labor creativa y te sientes capacitado para responder de manera categórica a esta pregunta eres un genio –¡menuda suerte, dado que son muy escasos!– o probablemente no seas nada original ni tengas ninguna diferencia verdadera.

No existen métodos infalibles ni atajos divinos que se puedan abrazar para ser un genio, pero sí hay reglas que se pueden romper para ser original. ¿Cuántos pueden romperlas? Muy pocos. La mayoría trabajamos como abejas aspirando a la cima para alcanzar, cuando menos, la mitad.

Hay, sin embargo, en todas las esferas de la vida, algunas normas básicas para poder intentarlo: primero, conoce tu arte como nadie, deberías intentar aprender todo lo que se ha hecho sobre lo que quieres crear; y segundo, sé natural, no busques a toda costa la originalidad o llegarás a ella de manera afectada. Si vas a ser original, lo encontrarás en la autenticidad, no en el artificio.

Es muy difícil dar opiniones definitivas sobre cualquier tema. Quizás, o casi seguro, jamás deberíamos hacerlo, pero sobre los mecanismos de la creación es aún más espinoso opinar. Los que dedicamos parte de nuestra labor profesional a descifrar los pedestales sobre los que se asienta la creatividad, lo máximo que alcanzamos es desear reflexionar objetivamente, aportar nuestra opinión personal, y tratar de encontrar algunas normas que admitan un corpus que se pueda refrendar.

Lo extraordinario es cuando se logra reflexionar sobre el tema desde la ficción; como lo hace el filme Werk ohne Autor, con una maestría que desborda muchas de las reflexiones que se hayan acercado al tema desde el ensayo o la crítica.

Antes de entrar en la película, quiero comentarte algo que sucedió en el capítulo 1 de la segunda temporada de The Chi y que tiene que ver. Uno de los personajes principales quiere triunfar en el mundo de la cocina, tiene un gran talento para hacer platos que deslumbran, pero recibe una lección inesperada al presentar una de sus recetas ante una Chef consagrada.

Esta mujer le pregunta sobre el plato y él le dice de qué está compuesto, pero ella insiste:

−Me has dado la descripción, pero ¿cuál es el relato? No quiero el mecanismo sino la médula, quiero saber el significado detrás del plato.

Él no entiende del todo y dice que quería que la receta supiera bien. La Chef hace una pausa larga y le cuenta una historia de su infancia en Nigeria y los sabores que recordaba de cuando había dejado el país africano a los 7 años.

−Acostumbrarse a la cultura, la comida en Estados Unidos fue difícil, así que eventualmente encontré paz en el hecho de cocinar. Nigeria no es sólo de donde soy y de dónde vengo, es también quién soy. Por eso cuando me siento perdida, empiezo a cocinar y enseguida me encuentro a mí misma.

¿Hay alguna enseñanza? Quizás que se debe ser natural en el arte creativo, encontrarse a uno mismo a la hora de explicar el mundo desde una cosmovisión propia, hallar en nuestro interior aquello que nos hace auténticos y no pretender ser lo que no somos. “¿Quieres que la gente te recuerde? −termina diciendo la Chef−. Indaga entonces porqué empezaste a cocinar alguna vez.”

Es aquí donde encuentro puntos en común con la película de la que comencé hablando en este texto.

Su título alemán Werk ohne Autor (Obra sin autor) da algunas pistas de lo que vamos a conocer. Un pintor de Dresde, alimentado en las raíces del realismo socialista, que emigra al Oeste en los años 60 y busca un método, una voz, una forma en el arte que le permita triunfar en un mundo que le es ajeno.

Es curioso, su título original puede que no sea la mejor descripción para esta inmensa película, a la que tampoco le hace honor con el que se ha comercializado en español La sombra del pasado (quizás el peor en cualquier idioma). Si me dieran a escoger me quedo con Never Look Away, que hace referencia a una forma de ver la vida, de interpretar la realidad y comprender el mundo para aportar una mirada única y diferente sobre él.

Desde el punto de vista técnico, en principio, no parece una película excesivamente llamativa, pero su estructura argumental es muy impactante, tanto que las tres horas de su metraje pasan en un santiamén, casi sin darte cuenta. La forma en que se intenta presentar, explicar, argumentar sobre el proceso artístico-creativo es tan convincente, que cuesta a veces creer que estamos sólo ante una historia de ficción.

No recuerdo, aunque puedo estar equivocado dado que hay cientos de filmes sobre arte, alguna película sobre pintores donde la realización de un lienzo, o de toda una obra pictórica, sea el motivo principal. Casi siempre nos encontramos con historias que buscan indagar en la vida del autor, la mayor parte de las veces sobre aspectos oscuros, amorosos o cualquier otro motivo emocional, para tratar de explicar la obra, pero no asistimos al proceso creativo concreto, no apreciamos al artista usando el pincel sobre el lienzo, haciendo trazos ante la cámara y permitiendo al espectador vivir la misteriosa experiencia de cómo nace el arte, cómo se funda un estilo, cómo se crea un universo a través de una obra de arte que exige aquello que no teníamos previsto al concebirla ni al comenzar a dar los primeros pasos para parirla.

Lo más extraordinario del argumento, es cómo logra rodear a esta historia principal de varias tramas secundarias que nos obligan a reflexionar sobre el valor real del arte, los caprichosos mecanismos que validan una obra artística o literaria, la extraña mezcla entre la aceptación de lo vivido y el ajuste de cuentas en un proceso de transición de un sistema político a otro, la fortaleza de las relaciones familiares, el papel del amor y la belleza en nuestra apreciación del entorno, y mucho más que es imposible abordar en una reseña como esta.

Sin embargo, para mí, la fuerza principal está en la labor creativa, en los mecanismos que se ponen en juego a la hora de hacer un lienzo, una partitura, una novela o una película; es decir, cualquier obra de arte.

Si me dan a escoger me quedo con la relación, no demasiado bien explotada, entre el protagonista y su profesor de pintura en la Alemania capitalista. Este catedrático, también artista, es presentado como un extravagante, que realiza su obra en forma de instalaciones desarrolladas en fieltro y grasa, y al que apenas se le puede pedir opinión porque no presta atención a la obra de sus alumnos.

Por circunstancias que no cuento, este alocado profesor le cuenta cómo fue herido siendo piloto en la guerra y fue rescatado por tártaros nómadas con quemaduras de las que se suponía que iba a morir. Los mismos campesinos a los que estaba bombardeando, lo sacaron de los restos del accidente y durante meses le frotaron las heridas con grasa y lo envolvieron en mantas de fieltro. Cuando se entregó a las tropas americanas había pasado un año entre los tártaros.

Cuando me pregunto qué es lo que realmente sé, qué es lo que realmente sentí en la vida, de lo que puedo hablar sin mentir es de la grasa sobre mi piel. El calor de la grasa y el fieltro. Cuando otros me hablan del amor, de las mujeres, de sus hijos o del sexo, sé lo que significan porque experimenté ese sentimiento con la grasa en mi piel. (…) la grasa y el fieltro los he asimilado, los he entendido como Descartes entendió que él existe. “Pienso, luego existo.” Él cuestionó todo. Todo. Cualquier cosa puede ser ilusión, engaño y engreimiento. Pero siempre supo que algo generaba esos pensamientos. Por consiguiente, algo debía existir. Y ese algo es lo que él llama “Yo”. Por tanto, ¿quién eres? ¿Qué eres? Esto −le señaló la obra a su alrededor−. Tú no eres esto.

En este discurso es donde quizás colisionan los mecanismos que condicionan mi propia creatividad. Un punto que ensambla dos historias diferentes que no tienen, en principio, ninguna semejanza, argumental ni lógica, pero que me obligan a escribir este texto sobre los mecanismos y la inspiración que condicionan o, en algún caso, determinan, a veces de manera fortuita, el nacimiento de una obra de arte.

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    Leyendo por aqui tus cosas. Y pensando en la muerte, no en la propia, que al final creo que uno se muere...

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    Buenas tardes. Actualmente estoy cursando una maestría y para obtener mi título estoy presentando...

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