De musas, personajes y derechos de anonimato

| diciembre 10, 2017

A propósito del éxito de su novela El cartero de Neruda (antes Ardiente paciencia) cuenta Antonio Skármeta la decepción de los profesionales de la información a la hora de intentar contactar al hombre que dio origen al cartero que tanto había marcado el quehacer italiano de Pablo Neruda.

Muchas veces periodistas que me preguntan por mi obra me piden que interceda para conseguir la dirección del cartero e ir a entrevistarlo personalmente. Cuando les digo que es un ser ficticio me miran con reproche. [1]

No es tan extraño. Varias veces Dan Brown ha expresado su placer a la hora de regodearse con la Historia para inventarse una ficción, pero que gran parte del público lector cita aun (y parece que seguirá haciéndolo) El Código Da Vinci como como fuente de autoridad sobre la historia del Opus Dei, y hasta la propia organización se ha visto obligada a desmentir las licencias creativas de Brown con una frase que resultaría enigmática si no fuera clara: “…los errores, las invenciones, las tergiversaciones y los simples bulos abundan por toda la novela.[2]

Y yo pregunto: ¿Es que hay alguna novela que no tenga como base la premisa de la ficción?

Más allá de las lógicas (mal)interpretaciones, lo que me emociona es la capacidad de la ficción para meterse en la vida real, esa virtud –no siempre virtuosa– de que existan los adjetivos “pantagruélico” o “quijotesco”, que se citen Crimen y Castigo o Los miserables como fuentes de autoridad psicológica o histórica, y que todavía busquemos con ansiedad a las modelos que posaron para La Gioconda o El origen del mundo.

Y en realidad ¿importa tanto saber o no la inspiración de una novela, la modelo que sirvió a un cuadro o la idea inicial para una película o una gran ópera?

Yo diría que no. Tenemos una curiosidad inmensa, digo nosotros, los humanos; todo lo que cae en la frontera de lo desconocido nos inquieta y, a algunos, hasta abruma. Los científicos de la neurociencia han podido constatar con bastante solvencia que aquello que se nos arrebata de la conquista por los sentidos, nuestro cerebro lo rellena con información que conoce, y si no la tiene registrada, se la inventa.

Este obscuro y complejo órgano tan bueno para hacernos sobrevivir, es también incapaz de aceptar explicaciones sencillas para grandes problemas. Quizás por eso hay tantas teorías conspirativas sobre los casos expresados antes, pero también sobre la existencia de Cristo, la identidad de Jack el destripador, o el verdadero asesino de Kennedy.

Pero la realidad es que la explicación más lógica suele ser la más sencilla y poco importa saber los orígenes u otros intríngulis recónditos de la mayoría de las obras artísticas o de cientos de logros humanos siempre y cuando seamos capaces de aprovechar los valores humanos que nos ofrecen; es decir, siempre y cuando nuestra experiencia vital o nuestra simple capacidad de entretenimiento, se vea satisfecha.

Me gusta la idea del anonimato de los personajes e historias literarias. Dice Skármeta que “un personaje ficticio adquiere derecho de vida real cuando establece una relación entrañable con un lector o un espectador.” [3] Y quizás con eso debería bastar, por más que existan –y nos ofrezcan– cientos de claves para conocer el proceso creativo y sus misterios.

Me remito a la entrevista que ofreció Claudio Magris en el programa Le temps d’écrivains en France Culture cuando le preguntaron sobre la verdad de la ficción:

No importa en absoluto saber si alguien en verdad existió o no siempre que guardemos una cierta epifanía de la vida. Es esa la verdad diferente de la literatura, no es una verdad correspondiente a una situación material, sino como revelación del alma humana o de la historia. [4]

[1] El País, «Entrevista con Antonio Skármeta», EL PAÍS, noviembre 5, 2003, https://elpais.com/cultura/2003/11/05/actualidad/1068058015_1068059081.html.

[2] «La historia que manipula “El Código Da Vinci”», s. f., http://opusdei.es/es-es/article/la-historia-que-manipula-el-codigo-da-vinci/.

[3] País, «Entrevista con Antonio Skármeta».

[4] «“La littérature est un territoire où l’on cherche sa propre identité”, Claudio Magris», France Culture, s. f., https://www.franceculture.fr/emissions/le-temps-des-ecrivains/la-litterature-est-un-territoire-ou-lon-cherche-sa-propre-identite.

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