Ficción. Tomar de la realidad o no

| septiembre 16, 2018

Más allá del asesinato cometido por la autora de la novela Cómo matar a tu marido, que saltó en los medios hace unos días, no de los debates más recurrentes de la creación literaria tiene que ver con la materia prima de la que se nutren las novelas y relatos; en especial a lo referente a los personajes ficcionales y sus contrapartes reales.

Hay autores implacables, que se buscan enemistades por doquier porque utilizan personas reales a las que siquiera cambian los nombres o los cambian muy poco, y existen otros más sutiles que hasta pueden negar sin rebotes haberse fijado en un molde real, por más que muchos vean en la ficción la copia en la realidad.

Quizás habría que aclarar aquellos que, sin tomar nada, ni a nadie concreto de la realidad, (al menos que se sepa) retratan un escenario tan verdadero que nadie cree que están contando una historia de ficción. Alguna vez he contado el estupor de Antonio Skármeta cuando le preguntaron acerca del personaje real sobre el que basó a su Ardiente Paciencia (hoy El cartero de Neruda), y muchos saben del proceso penal (sí, un juicio por escribir) al que fue sometido Flaubert por su Madame Bovary.

En el último capítulo de la serie (cuarta temporada) The Affair, Noah Solloway, el escritor protagonista de la serie, se enfrenta a Anton, un estudiante aventajado al que está ayudando a entrar a la universidad de Princeton. En un ejercicio de escritura creativa, Anton utiliza aspectos de la vida real de Noah y éste se lo toma a mal. La conversación sigue fuera del taller cuando Noah le recrimina a Anton su actitud:

-You can’t take people’s lives, Anton. You can’t fucking use people to get what you want. That’s… that-that is fucking sociopathic behavior.

-I thought that was called being a writer.

-Well, you don’t understand the first thing about being a writer.

-Really? So, Descent, Alana, that wasn’t about your dead wife?[1]

Anton hace referencia a la novela Descenso y el personaje principal Alana donde Noah utiliza su propia vida como punto de partida para crear una novela aclamada por público y gran parte de la crítica.

Aquí hay dos aspectos que se contraponen o al menos se deben ver en una balanza a la hora de hacer ficción: la legalidad y lo ético. Y no hablo de ética en el sentido moral que nos carga el cristianismo, sino cierta lógica razonable sobre lo que se debe y lo que se puede.

Suelo decir que, dentro del círculo que permite la ley, nada debería frenar a un escritor a contar lo que le venga en gana. Pero, de la misma forma, a veces deberíamos preguntarnos si lo que es legal también está permitido para hacer ficción. Yo lo tengo claro en el ámbito de lo que me interesa, pero la duda entre lo que debería hacerse y lo que no para tomar la realidad como fuente de la ficción es un debate que no tiene límites claros.

The Affair apenas plantea el problema; no se atreve a meterse en honduras legales ni éticas, pero coloca a Noah en el conflicto de negar para sí mismo lo que él aplica a otros como defensa de su profesión.

En la segunda temporada, Harry, el agente literario de Noah, le pregunta cuánto de su novela está basado en su propia vida y la respuesta del escritor no deja dudas: Es ficción, Harry. ¿Pero lo es siempre en realidad? Noah es un escritor ficticio, pero mi experiencia, y la de otros escritores a los que he tenido la suerte de preguntar o leer, me repiten lo mismo: la realidad está ahí, es absurdo no usarla para crear la realidad que vive en la ficción. Por más que a veces esta última sea más cruel y verdadera que aquella de la que viene.

—-

[1] -No puedes robar las vidas de la gente, Anton. No puedes usar a la gente para coger lo que quieras. Es un jodido comportamiento sociópata.

-Pensé que era ser escritor.

-Bueno, no eres capaz de saber ni la primera regla de lo que es ser escritor.

-¿De verdad? ¿O sea que, Descenso, Alana, no eran sobre tu esposa muerta?

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  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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