Le Bureau des légendes. ¿Hiperrealismo?

| junio 10, 2020

Terminada la quinta temporada de Le Bureau des légendes (llevada como Oficina de infiltrados, en el mundo hispano) me sigue maravillando las similitudes técnicas y argumentales con The Wire (para mí la mejor serie de todos los tiempos) si bien los criterios argumentales entre ambas son bastante distintos: serie de espías, la francesa, y serie policial, la norteamericana.

Me decepciona un poco (aunque no me sorprende) que pase casi desapercibida esta ficción francesa. Es lo que hay: las historias cuyo argumento se aleje de los efectismos de Hollywood, tienen muy pocos seguidores y es lógico todo un público bastante amplio que no pueda con la aparente lentitud de esta serie o similares.

Existe una pléyade de espectadores cuyo canon cinematográfico rara vez ha ido más allá de Jaws (Tiburón), Star Wars o El exorcista, y, salvo excepciones, jamás han visto una obra de Ford o Lubitsch, y para los que nombres como Kieślowski o Tarkovski suenan como antiguos miembros del PCUS. Repito, es lo que hay, y no voy a ningún lado por este camino.

Más de una vez he leído y escuchado a policías o investigadores criminales que aseguran que el verdadero trabajo para atrapar a un criminal ocurre en los despachos y no en las calles como nos muestran la mayoría de historias policiales de Hollywood. El grueso del trabajo son horas rastreando una matrícula, comparando un retrato robot con rostros o mirando papeles con números que llevan a una incongruencia que convierte a un sospechoso en un culpable.

Este trabajo de hormigas no es sencillo de llevar a la ficción, la creación de una realidad paralela a la realidad exige altibajos emocionales, tensiones inesperadas y golpes de efecto que mantienen la atención del lector-espectador. The Wire abrió un camino diferente a esos recursos técnicos, y quizás alguna serie antes hizo algo parecido, pero la repercusión que tuvo la historia de David Simon ha dejado sus marcas en algunas ficciones posteriores, como Rubicon, la propia Le Bureau des légendes y hasta en series de mucha acción física como Game of Thrones, que tiene no pocos capítulos que ocurren en interiores con largos diálogos y escasa acción física.

¿Qué cuenta Le Bureau des légendes?

La mayor parte de lo que vemos (aunque hay exteriores) está en el seno de la Direction Générale de la Sécurité Extérieure (DGSE), la Oficina de los infiltrados que entrena y dirige a los agentes clandestinos franceses en el extranjero; dobles agentes quienes se encargan de reclutar objetivos susceptibles de proporcionar información de inteligencia a Francia. Unos de estos agentes, Guillaume Debailly, conocido con el seudónimo de Malotru, termina una larga misión en Siria y debe regresar a Francia. El conflicto viene porque deberá abandonar su identidad oculta y dejar atrás a la mujer siria de la que se ha enamorado en Damasco, aunque él pretende algo más de lo que le han ordenado.

No pocos consideran Le Bureau des légendes como la mejor serie francesa de todos los tiempos, aunque yo no puedo atestiguar esto; no he visto todas las series francesas, pero, de las que he visto, es superior a todas. En cada temporada las tramas se han ido complicado hasta esta última de 2020 donde el grueso ocurre en el interior de los servicios secretos de Rusia y su relación con el resto del mundo, especialmente Francia.

La gran virtud de esta serie francesa es rescatar aquella idea alojada en The Wire de romper la lógica de la estructura ficcional imperante y atreverse con pausas largas, evitar los cortes de escena y usar más planos secuencias donde hay largos silencios, mantener un ritmo tranquilo que obliga a mirar las reacciones de los personajes en los primeros planos y que exige atención, mucha atención del espectador.

El realizador de Le Bureau des légendes, Éric Rochant ha dicho en algunas entrevistas que su intención era seguir un método ficcional que se ha dado en llamar hiperrealismo, donde una y otra vez incluyen esta serie francesa; es decir una creación de ficción basada en una descripción estrictamente ajustada a la realidad sin permitir la intromisión de la ficción.

No voy a negar que una definición identifica algo por encima de otros “algos”. En este caso marca unas características para que pueda ser diferenciada una forma de ficción de aquella a la que el espectador está acostumbrado, pero me desagrada el uso de llamar “hiper” a algo que es, en realidad, lo que más se acerca a lo que intenta hiperbolizar.

La realidad no es nunca como en la ficción, o mejor, la ficción no describe la realidad tal cual es, si no que la recrea para imitar su apariencia. En la vida real las conversaciones son caóticas, la gente se interrumpe, hacemos mil cosas intrascendentes y vivimos en un constante caos, entendido caos como falta de orden y no como catástrofe.

Con esta idea tomada prestada de las artes plásticas, quizás se intenta designar una realidad que está por encima de lo real, cuando en realidad es lo que más se acerca a ella. Le Bureau des légendes es ficción, como otras tantas otras ficciones e intenta crear la ilusión de que desaparece la frontera tradicional entre realidad y ficción, pero al final es eso: una ilusión. La frontera entre la caótica realidad y la realidad inventada en la ficción jamás desaparece ni en esta serie ni en ninguna otra ficción y aquí incluyo la literatura y hasta géneros como la memoria o la biografía.

Lo mejor de esta serie, desde mi punto de vista, es la vacilante moral de los agentes, tantos franceses como extranjeros, que permite comprender las actitudes del enemigo, al que le ha tocado defender una causa diferente, por el hecho sólo de haber nacido en otro país, pero que realiza exactamente el mismo trabajo que realiza un infiltrado francés, norteamericano o británico, dicho por uno de los personajes de la serie:

Ser agente clandestino, es partir al extranjero durante varios años, bajo «IF», identidad ficticia. (…) Partirán a ejercer su oficio, Profesor de literatura, sismóloga, o traficante de material informático. Pero su verdadero trabajo es observar. Perseguir las debilidades, las fallas, los ángulos de ataque, para permitir a los agentes negociadores proceder a reclutar a aquellos que llamamos las «fuentes». Ellos también lo harán casi siempre también bajo una «IF», para que las fuentes no sepan jamás con quien tienen negocios. Su verdadero trabajo será destruir la vida de personas que no son forzosamente malvados. Solo extranjeros que trabajan para sus países, y que tienen acceso a informaciones importantes para nuestra seguridad. Gente que podemos calificar de hijos de puta, porque viven al otro lado de la frontera y saben cosas que su gobierno quiere ocultarnos a toda costa.

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