The Favourite. Yorgos lo ha vuelto a hacer

| enero 13, 2019

Yorgos Lanthimos lo ha vuelto a hacer. Desde que tuve la primera noticia de que este director griego iba a meter su nariz en una historia cortesana tuve reparos. Imaginé que la industria lo había seducido, que al final una de las más arriesgadas y lúcidas miradas del cine contemporáneo había sido atraído por las fuerzas ocultas del mercado. Y no puedo más que reconocer lo equivocado que estaba.

The Favourite no es probablemente la mejor película de Lanthimos. Es difícil alcanzar la maestría de aquella terrorífica distopía que nos enseñó en The Lobster o que nos inquiete con el conflicto irresoluble que presentaba en The Killing of a Sacred Deer, pero la mano del maestro está ahí, moviendo los hilos, haciendo que no olvidemos el libro de estilo de donde salen historias que revolucionan las neuronas a poco que nos metamos en la historia.

He visto algunas sinopsis o comentarios de The Favourite calificada como una comedia, y siendo excesivamente laxos con los géneros, algo de farsa tiene, pero esta película es algo más.

La premisa inicial nos seduce. La joven Abigail (Emma Stone), de alta alcurnia y cuya familia ha caído en desgracia, viene a trabajar como parte de la servidumbre de la Reina Ana Estuardo (Olivia Colman), la última de esta familia que gobernó Gran Bretaña. Por su carisma y maquinaciones Abigail va ganando la confianza de la Reina, hasta intentar convertirse en su favorita, obviando quien lo era hasta entonces, la Duquesa de Marlborough (Rachel Weisz).

Ya he dicho alguna vez que Lanthimos no es un director fácil ni condescendiente con el público. Si eres de películas palomiteras o historias dulces para olvidar cuando llega la palabra FIN, este no es tu realizador. Este director griego busca hacernos sentir incómodos en la butaca, con argumentos que nos ponen el cerebro a mil revoluciones por minuto, saber mover la cámara con una soltura desquiciante (en esta película también) y crea en los actores una química difícil de superar.

Cuando muchos esperábamos (yo incluido) una típica historia de enredos en el seno de la corona por mantener los privilegios del poder, viene Lanthimos y nos vuelve a poner a revolucionar las neuronas con una historia de muchas aristas morales y múltiples puntos de vista.

El obvio tono de farsa, con unos diálogos de alto contenido sexual y fuertemente cargados de referencias vulgares, contrasta con la aparente circunspección e indulgencia conque se mueven los personajes. Esta paradoja es difícil de aceptar para nuestras mentes adaptadas a la recreación de una sociedad cuyas normas creemos claras, pero que, en definitiva, no conocemos del todo.

El contraste entre lo que son los personajes, vulgares, maquinadores, cínicos y de pocas restricciones morales, y su afectación pública en el trato con los demás, no es nuevo en las historias de ficción ambientadas en alguna de los reinados europeos. Recordemos que ya, Valmont y Las amistades peligrosas, sendas películas basadas en la novela de Choderlos de Laclos, nos presentaban los más bajos instintos que los cortesanos franceses se comunicaban entre sí.

La diferencia está en que aquellas películas aún mantenían cierta barrera sobre el lenguaje que nadie había pasado fuera de la correspondencia. Escribir una carta erótica, o directamente pornográfica, era, al parecer y según cierta convención ficcional, norma aceptada entre cortesanos, pero estas vulgaridades jamás se decían de forma verbal, y aquí Lanthimos se atreve a plantar una bandera.

Por momentos la historia se sale del tiempo, con una especie de anacronismo en los diálogos, los bailes, las afectaciones del trato. Quizás hay un intento de mostrarnos, en los predios de la Edad Media, algo que nosotros mismos tenemos en los inicios del siglo XXI.

Por último, hay numerosas escenas que seguramente quedarán en la retina y la memoria de los buenos amantes del cine. Pero me quedo con un chiste. La mujer que sabe que un hombre la corteja, y si lo hace normalmente lo hace por algo que todos queremos, aunque unos oculten mejor que otros. El noble entra a la habitación de la mujer y esta pregunta.

−¿Vienes a violarme o seducirme?

−Yo soy un caballero –responde el hombre.

−Violación entonces −dice ella y abre la piernas.

En apenas tres líneas de guion nos describe la bajeza moral y los irregulares valores de una sociedad que se presenta de una manera culta y civilizada mientras se corrompen detrás de las alcobas. Otra vez, Yorgos, lo has vuelto a hacer.

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  • Y,:

    Leyendo por aqui tus cosas. Y pensando en la muerte, no en la propia, que al final creo que uno se muere...

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