Love and Peace, no es Love and Comunismo

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blankUna vez me propuse no escribir más de política. Me harta, me gana enemigos entre personas que aprecio y al final no es algo que me satisfaga. Pero a veces es imposible callar cuando el pensamiento político correcto, extendido en casi todo el mundo y que no siempre es sinónimo de democracia, nos convierte a unos pocos –sin querer serlo y sin serlo en realidad– en fascistas dictadores amantes de la represión.

Sé que una vez más, tendré amigos que me echarán a un lado por mis opiniones, otros comprenderán que igual que ellos usan la libertad para ponerse del lado de los manifestantes del 25S yo tengo la mía para intentar ser objetivo. La objetividad no existe, me dirán otros, y quizás tienen razón, pero hay que aspirar a ella, hay que intentar ver las cosas como son y no como queremos que sean, igual que aquellos que dicen que la libertad no existe y lo dicen en total libertad.

Estuve con la democracia y la libertad cuando gobernaba Zapatero y le formaron el 15M, por más que me disgustaba su forma de gobernar, y lo voy a estar ahora con Rajoy, por más que entre amigos y yo mismo, nos caguemos en tanta forma de recortarnos sin meterse demasiado las tijeras en su propia casa. Muy pocos parecen comprender que lo importante no es la ideología que gobierna, sino que, nos guste o nos disguste, el gobierno y el Congreso, como parte de él, es parte de la democracia y hay que respetarlo y criticarlo con los medios legales a nuestro alcance, sin intentar derribarlo, para colocar un asambleísmo de mano alzada y calles llenas que es lo más cercano al comunismo.

Para empezar nadie, excepto el propio gobierno, negaría que hubo excesos en la actuación de la policía española, les doy la razón a los que dicen que podían haber evitado algunas cargas, como haberse metido en la estación de Atocha, lo cual no se justifica de ninguna de las maneras, pero vayamos allá y seamos serios y objetivos, debo insistir.

Pongámonos por un segundo en la piel de alguien que tiene como misión impedir que un grupo de desalmados liberticidas tome la sede de la soberanía democrática de España. Cuesta hacerlo, es verdad, a los amantes de la libertad, como sin dudas lo soy yo, nos cuesta ponernos en la piel de un represor, sea el de una dictadura o el de una democracia como sin dudas lo es la española. Pero si existen unas normas, existe una ley que impide el acceso al Congreso por la fuerza, no existe más lógica (por ilógica que nos parezca) que cargar contra los que rompen los obstáculos que impiden ese acceso. Si la policía hubiese permitido el acceso al Congreso, ¿alguien es capaz de imaginar lo que hubiera pasado si los exaltados del exterior tuvieran contacto con los políticos dentro del recinto?

Como antes dije para otro tema que nada tiene que ver con esto, no es necesario exagerar ni manipular para demostrar que hubo excesos de la policía, cogiendo vídeos y fotos reales, hubiera sido efectivo y útil. Pero no, había que ir más allá, había que colocar vídeos y fotos donde supuestamente se prueba que unos policías disfrazados empezaron la manifestación (esto no se lo cree nadie en su sano juicio) o que tres policías agreden a un anciano, o la típica sesión de fotos (con imágenes previamente censuradas y que si buscan un poquito, apenas un poquito por Internet, no darían por buenas) de manifestantes con la cabeza rota y que en muchos de los casos no prueban nada, y que en otros hasta prueban lo contrario. Entonces uno debe preguntarse si es que el raro es uno o lo son los demás.

Si el deseo de los que se hacen eco de imágenes y vídeos sacados de contexto o comentados de manera torticera es manipular a los demás, hacerles ver algo que no existe para lograr atraer adeptos a su lucha contra el capitalismo, casi hasta lo entiendo y me merecen más respeto, (por más que no lo apruebo porque soy partidario de la verdad y la objetividad) que aquellos que se creen de verdad que hubo represión donde no la hubo.

Lo triste es que a esto se ha sumado gente inteligente, que conoce de España sólo lo que dice el periódico que engloba los contrarios al gobierno actual, se levantan tranquilamente en la mañana, se toman un café, entran al diario y reparten a diestra y siniestra las mismas fotos sacadas de contexto, donde no aparecen ni una sola foto de policías agredidos (que también los hubo).

Malo quien no quiere oír ni ver, pero es peor el que oye y ve selectivamente. Porque ver algo que no existe e intentar demostrar que se ve cuando la realidad demuestra otra cosa es bastante tonto.

Nadie en su sano juicio se cree, excepto los que no usan el criterio de la objetividad o que prefieren manipular para demostrar sus propias ideas, que la policía quiere el enfrentamiento. Hago dos preguntas: esta que ya hizo el periodista Carlos Alsina: ¿A qué se debe que unas manifestaciones, teniendo más participantes y siendo más numerosas, no tengan incidentes violentos, y otras que tienen menos asistentes y son menos seguidas siempre terminan a palos, si es que al final son los mismos policías los que están tanto en unas y otras?

En Madrid se realizaron hasta julio de 2012 alrededor de 1500 manifestaciones o concentraciones, y en años precedentes no fue diferente. La gente se manifiesta en la democracia por todo, desde que se mantengan las subvenciones a un sector hasta que no se maten los quelonios de Islas Galápagos. ¿Cuántos recuerdan fotos de algunas de ellas donde hubiera asistentes con la cabeza ensangrentada y sacadas de contexto que lo mismo fueron golpeados con la porra de un policía que se dieron de bruces contra la cámara de un periodista?

Y la otra pregunta, ¿cómo es que la policía, si en verdad busca el enfrentamiento y que está bien protegida con cascos, porras y escudos, tiene 27 heridos, de los sesenta y tantos que hubo en general? ¿Es que unos manifestantes pacíficos sin armas pueden con la fuerza de sus mentes y sus deseos de paz, sacando los senos al aire, contra cascos, porras y escudos? Basta hacer otra búsqueda ligera por Internet para ver las cosillas «pacíficas» que llevaban los recalcitrantes. Desde piedras hasta escudos fabricados con tapas de contenedores de basura, y pasando por armas blancas, bolas, punzones, etc. ¿Si no iban a enfrentarse para qué las llevaban?

Otra manipulación interesada, se habla de una marea humana en las calles en esta manifestación cuando no hubo más allá de 6000 asistentes; exageremos, pongamos que asistieron 60 000, que son cifras evidentemente infladas, ¿representan a todo el pueblo español y el malestar de la gente?

No, perdón, representan un grupo pequeño que quiere destruir el capitalismo y el sistema porque así lo dejaron expresado en su manifiesto de convocatoria:

“El 25 de septiembre nos manifestaremos alrededor del Congreso porque queremos recuperar la responsabilidad sobre nuestro propio futuro sin aceptar imposiciones. Para decirles a quienes tienen secuestrada la democracia que ha llegado el momento de irse y para exigir la dimisión de este Gobierno como primer paso, porque vamos a liberarla iniciando un proceso constituyente. Un proceso de participación directa abierto en el que determinemos y pongamos en marcha las instituciones políticas, herramientas de participación y mecanismos jurídicos y políticos que necesitamos para garantizar que las decisiones colectivas sean completamente efectivas. Un proceso constituyente sostenido y cuya definición colectiva comienza, pero no termina, el 25S.”

No es válido que nos escudemos diciendo que la manifestación era para quejarse de los recortes del gobierno porque fue convocada para expulsar al gobierno. Para los que no saben leer entre líneas, aquí se aboga por un golpe de estado. Iniciar un proceso constituyente es alterar el resultado de la mayoría que se estableció en las urnas, y todo por medio del acto ilegal de asaltar la sede de la soberanía democrática.

Además, si asistimos a esta manifestación o cualquier otra a quejarnos de que nuestro gato odia la mala comida que fabrican las transnacionales procesadoras de alimento animal, deberíamos ser conscientes de qué piden los que la convocan. Luego no deberíamos sorprendernos de estar rodeados de antisistemas que, como siempre, terminan sus manifestaciones como el rosario de la aurora o la fiesta del Guatao.

Si la convocatoria hubiera sido para quejarse por la política del gobierno de Rajoy, o por las decisiones de la Unión europea contra la gente, o porque los políticos no hagan más recortes en la administración pública, y no por tomar el Congreso, asaltar la soberanía popular y sustituir al gobierno por unas asambleas comunistas, hubieran llenado las calles y quizás no habría terminado con 6000 asistentes y un grupo de antisistemas haciendo de las suyas como siempre.

Pero no, no querían nada de eso los convocantes, querían la foto de los excesos de la policía en el New York Times. Por desgracia, algunos de estos liberticidas que convocan estas manifestaciones de derrocar gobiernos, entienden la democracia como fumar porros legalmente y tener al resto de los ciudadanos a sus pies, y eso no es democracia, ni siquiera es libertad.

La democracia de calles llenas y asambleas de mano alzada no es democracia, los que lo hemos vivido lo sabemos. Cito de memoria a la amiga Margarita García Alonso: Love and Peace no es, de ninguna de las maneras, Love and Comunismo. Repito, lo importante no es la ideología que gobierna, sino que, nos guste o nos disguste, el Congreso es parte de la democracia y hay que respetarlo o asumir las consecuencias de no hacerlo.

En este caso, como amante de la libertad y liberal respetuoso de la democracia, debo decir que la libertad no estaba el 25 de septiembre en las calles frente al congreso, sino dentro de él. Y ahora pueden acusarme de ser facha por hacer uso de mi libertad. A esta altura, ya casi me da igual.

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