Sound of Freedom. ¿Por qué incomoda la ficción?

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Si quieres escuchar en audio:

blankPara empezar, dos cosas que debes saber.

Primero: esto no es un análisis cinematográfico de la película Sonido de la libertad (Sound of Freedom). Hablaré de algunas de sus virtudes y defectos, pero para encontrar una valoración completa de ella, este no es tu texto. Ya hay en la red cientos que lo hacen.

Segundo: No encontrarás aquí una defensa de teorías conspiranoicas defendidas por carismáticos líderes populistas, llámense como se llame y sea de la ideología que sea. Me importa la expresión concreta de la libertad, no la ideología de los que la expresan. Si esta proposición tan simple te puede molestar, no es mi problema.

Entro en materia con una confesión y una anécdota.

La confesión: odio al comunismo (de forma general e instintiva) y rechazo las ideas socialistas (cuando se convierten en sistema sociopolítico), porque la experiencia demuestra que la plasmación histórica de estas ideas, conducen al totalitarismo. No creo que te sea nuevo si me sigues.

La anécdota: cuando se estrenó la película La red avispa(Wasp Network), una mala película que promueve la superioridad de las ideas comunistas, me busqué algunos sermones por posicionarme contra su censura.

¿Por qué?

No apoyo ningún boicot para censurar ninguna obra cuya idea base esté en la publicidad de ideas absurdas, pero permitidas por el código penal, sea el bodrio de Wasp Network, las absurdas ideas del libro Mi lucha (Mein Kampf), de Adolf Hitler, o las insensateces del libro de citas de Mao Tse-Tung.

Mi principio inamovible en la creación, producción y exhibición del arte es la libertad, antes que nada, por encima de todo; y que, en la ficción, sea la sociedad, por medio de herramientas disponibles y libres, quien decida las ideas que le resultan irracionales de las que no lo son. Por favor, LIBERTAD para que el ciudadano escoja lo que le dé la gana, siempre que no viole el código penal. Y si utilizo ese principio para ideas que me indigestan, ¡imaginen para que las que no!

Y empiezo. Sound of Freedom es una película que cuenta cómo un agente de la seguridad nacional de Estados Unidos, se lanza en una lucha personal para rescatar a una niña de una red de pederastas. Hasta aquí lo puedo contar sin hacer destripes.

Con buenos actores, desde el controvertido Jim Caviezel, Mira Sorvino, Bill Camp, José Zúñiga y los dos niños protagonistas Lucas Ávila y Cristal Aparicio (muy convincentes en sus actuaciones), deja un buen sabor de boca en cuanto a ese apartado.

Es un filme bien contado, con un argumento creíble y poderoso, y con una selección de escenas y planos eficaces que no deja lugar a equívocos sobre lo que cuenta.

Algunos la comparan con los filmes Spotlight o Deliver Us from Evil(Líbranos del mal), pero ambos filmes tienen muy poco que ver. El primero porque se centra en la investigación periodística que destapa las historias escabrosas de la pederastia en la iglesia, pero no directamente en la trata de niños; y el segundo porque las historias sobre abusos a menores están perdidas en una pésima trama de terror.

Sound of Freedom es algo más. Va al meollo del problema; indaga en la incapacidad de los organismos y estamentos estatales para resolver un problema que los supera. Apartado destacado tienen en el filme sus elipsis; teniendo en cuenta lo que narra, no evita las escenas escabrosas, pero no las hace explícitas. Cuando debe entrar en algún momento espinoso no comete el error de hacerlo evidente, sino que realiza un cambio de escena a través de una elipsis que realza la crueldad del momento.

Un ejemplo de esto es cuando el agente Tim enciende un ordenador decomisado a un delincuente y las macabras escenas que están pasando por sus ojos las intuimos a través de un primer plano a sus ojos mientras le caen lágrimas. Por tanto, con una narración eficazmente implícita, el filme gana en fuerza argumental, sin ser desagradable mostrando lo evidente.

No es una película perfecta, pero ¡sorpresa! ¡ninguna lo es! Adolece de una deficiente caracterización de los personajes negativos y probablemente se regodea en momentos melodramáticos, pero quizás es esa la virtud de su fortaleza argumental. No seamos exquisitos ahora como público cuando hemos puesto por los cielos historias que son un auténtico sabotaje a la verosimilitud como La vita è bella (La vida es bella) o Titanic.

En lo que quiero fijarme y el motivo por el que estoy reflexionando en este texto, es por el escándalo que este filme está causando en alguna parte de la opinión pública. ¿Por su posible mala calidad cinematográfica? No, no ha sido eso lo que he leído y visto, sino por cuestiones extracinematógraficas, que luego trasladan a la película.

Muchos ven en la historia de Sound of Freedom un intento de hacer prevalecer las ideas de un ultracatolicismo exacerbado con apoyo a ideas conspiranoicas de extrema derecha. Lo interesante es que quien así lo expone se basa en una exageración de giros dramáticos, primeros planos y las, ya mencionadas, opiniones extracinematográficas de alguno de sus actores y director que, salvo que seas un anticatólico recalcitrante, no adviertes cuando ves la película. Y no los adviertes porque, en realidad, Sound of Freedom en ningún momento entra en política, ni cita ni responde en su historia ni en su argumento a teóricos conspiranoicos.

Los elementos de los que se agarran estos críticos son bastante cogidos por los pelos. Que si hay una cruz católica en la cadena que usa el actor, que si una esposa servil reconforta a su marido al regresar del trabajo, que si detrás del heroísmo del protagonista está una mujer que apoya todas sus decisiones. A ver, hay cientos de películas que tienen esto, o lo contrario, y no nos escandalizamos. No olviden con el entusiasmo que se aceptó la película Cuties (Guapis) por parte de gran parte de la opinión pública.

Expreso una obviedad que muchas veces he repetido. El arte tiene muchos objetivos, desde entretener con historias simples hasta remover conciencias escandalizando. Cada creador escoge entre uno y otro, y pasando por decenas de matices intermedios, aquellos que mejor le convienen para conseguir su aspiración final; la moraleja, el mensaje que quiere transmitir, no debería importar demasiado.

Si una historia de ficción (que toda lo es, aunque se base en la realidad) decide transmitir un mensaje, y ese mensaje no te gusta, pues tienes todo el derecho a criticarlo, especialmente si lo hace mal. Pero también es un derecho del creador, decidir cuál es el objetivo de su obra: el entretenimiento, la reflexión o los matices intermedios o todos a la vez.

Si en ese camino de la búsqueda de la reflexión en una historia ficcional, un creador, que es un ser humano con ideología, principios, puntos de vista, opiniones y demás, nos coloca un mensaje de propaganda, ¿cuál es el problema?

La propaganda es popular y se adapta a la inteligencia de los individuos a los que se dirige. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa, tendiendo, además, al olvido fácil.

¿Qué quiero decir? Si eres consciente de que una obra de ficción intenta colarte un mensaje subliminal diferente al que cuenta de manera explícita, bienvenido a la realidad. Lo importante es que seas consciente de ese mensaje para que no formes parte de la masa influenciable.

Insisto, esta película, como toda obra de ficción, es solo un acercamiento a la realidad vistos desde la mirada de su creador, es intentar crear una realidad ficticia para reflejar la verdadera. Los objetivos que busque no deberían ser nuestro problema como espectadores, y si lo hace mal, ya existen mecanismos artísticos y estéticos para criticar su calidad.

Lo que nunca (jamás, en ningún caso) deberíamos es usar la censura según el acercamiento de la obra a nuestros puntos de vista o ideología. Muchos exaltados buscan censurar Sound of Freedom, por motivos extracinematográficos, porque para ellos, promueve unos intereses conservadores y tradicionales, que muchos quieren desterrar de la sociedad, mientras los mismos, se refocilan con otra película donde se impone un criterio diferente a través de una anoréxica muñeca de color rosa.

En mi caso particular, vi Sound of Freedom porque me interesaba la sinopsis donde un hombre cuyos principios, le impiden dejar a una niña en manos de un grupo de pederastas, aunque sus jefes, dentro del organismo gubernamental donde trabaja, le exponen los peligros a los que se enfrenta. Fui a ver un filme donde, como explica Joseph Campbell en su teoría del monomito, un héroe enfrenta obstáculos para conseguir un objetivo; en definitiva, fui a ver cómo me cuentan una historia donde la libertad es uno de los dones más preciados del ser humano.

Si vas al cine a lo mismo y terminas advirtiendo que Sound of Freedom te molesta porque su actor promulgue en la calle, no en la película, las ideas de Q’Anon y Donald Trump, revisa tus prioridades; y aún peor sería si promueves un boicot para que esas ideas que te molestan dejen de existir.

Por favor no tengas prejuicios. Iba a decir que no tengo prejuicios, pero no es verdad, todos los humanos los tenemos. Aunque en esta misma reflexión solté uno, no diré los míos o alguien puede utilizarlos para darle al botoncito de cancelar. Pero al menos, en mi caso, intento que mis prejuicios no condicionen lo que absorbo como consumidor de ficción.

No discrimino lo que leo, veo o consumo en ficción. No enajeno una obra de arte porque esté creada por un racista blanco u otro racista negro, no dejo de leer libros porque estén escritos por machistas o feministas, no censuro un cantante porque su ideología sea el comunismo de Castro o el nacionalsocialismo de Hitler.

Ojo, no significa que seamos acríticos. Tenemos derecho a discriminar lo que consumimos. Si algo se aleja tanto de tus puntos de vista como para detestarlo, es tu decisión libre no comprar la entrada al cine, ni mirar el libro en la librería, o puedes darle al botón de Power o cambiar de canal o película de tu mando, pero sabiendo que podrías estar perdiendo parte de un disfrute estético o, cuando menos, una reflexión filosófica, que podría enriquecerte como ser humano.

Debemos buscar el conocimiento más pleno posible, aspiremos a obtener un amplio espíritu crítico que permita identificar cuando nos quieren colar la moraleja, sin dejar de disfrutar el placer estético o filosófico, pero no seamos tan fanáticos e intolerantes de pedir la censura de aquello que no nos parece justo, verdadero o adecuado.

¿Cuál es el problema de apuntalar un boicot contra las ideas que no te gustan? Si apoyas la censura de las ideas que te molestan, das permiso a otros para que hagan lo mismo con lo que apoya tu razón. ¿Y dónde ponemos el límite? ¿En nuestros principios o en los de ellos? Sé inteligente para aprender a separar polvo y paja, no para censurar lo que no te gusta.

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