¿Es el mundo mejor o peor que hace 100 años?

| Diciembre 26, 2010

Acabó el año. De cuando en cuando me gusta mirar el pasado y volver una vez más sobre el inacabable debate de si estamos en un mundo peor o mejor. Me asombra que haya tanta gente que crea que vamos cada vez a peor situación, pero tampoco me sorprende del todo.

Vemos la televisión, leemos la prensa, nos vamos al cine, entramos en Facebook, o el que se le parezca, y navegamos por la nube; en todos lados vemos muchas muertes, más guerras, montones de conflictos sin resolver, crisis económica que afecta sobre todo a los más pobres y lo peor es que no aparecen soluciones en el horizonte.

Esto es verdad, las malas noticias vuelan. Pero me deja un mal sabor de boca que las malas noticias, por su inmediatez, están marcando en el mundo a toda una generación que no cree en la democracia, que considera que somos peones en un mundo gobernado por otros y donde se potencian las virtudes de otros sistemas o formas de gobierno sólo por el hecho de ser diferentes por más que pisoteen las libertades humanas.

Gente que cree que su voto no sirve, que los estados gobiernan todo en nuestro mundo (Esto no deja de ser cierto en parte, pero es siempre reversible en los estados democráticos si tomamos conciencia de ello), que consideran que nos entretienen con conspiraciones ideadas desde clubes secretos con entes ocultos que gobiernan el mundo desde las sombras.

No es verdad que el mundo sea peor, vivimos en uno mejor donde fluye más rápido la información.

Quiero que miren por favor las estadísticas de cualquier pasado anterior y me darán la razón de que no estamos en un mundo peor. Sólo con las libertades obtenidas por los más pobres, los que menos disfrutan de los grandes beneficios del desarrollo, respecto al esclavismo, la Edad Media y el comunismo, ya el mundo es mejor. De forma general, ninguna mujer aceptaría ser moneda de cambio en una guerra actual, y allí donde todavía está sometida como en los antiguos estados esclavistas de Egipto, Roma o Grecia, la movilización universal de lobbies, grupos y estados impide ( a veces sólo lo intentan) que se pisoteen los derechos a muchas de ellas.

Podemos dar ejemplos, de los cuales no quiero llenar este texto. La esperanza de vida es más alta en todo el mundo; aunque haya países donde sigue siendo baja, es más alta que hace 100 años. Las personas que mueren por causas violentas ha disminuido desde la fundación de las primeras ciudades Estado hasta ahora, la clase media –un invento de nuestros tiempos– es más amplia y rica que en cualquier otro momento histórico, y las diferencias de clases –inevitables por obvia naturaleza humana– son menos visibles que en cualquier otro tiempo o sistema anterior. Los pobres han aumentado (pobreza absoluta) pero también los ricos, de forma que hay menos pobres actualmente (pobreza relativa) respecto a la población mundial que hace 100, 200 o 300 años.

La verdad es que en nuestro mundo actual la información fluye mucho más rápido, se mueve a una velocidad nunca antes vista ni imaginada, de forma que una represión contra un grupo de mujeres vestidas de blanco en un pequeña calle de La Habana da la vuelta al mundo en apenas minutos gracias a los medios de comunicación y la tecnología actual. Lo mismo que si un grupo camisas rojas se rebela contra el estado en Tailandia que reprime los medios de comunicación e impide la entrada de informadores.

Ambas son noticias en el mundo actual del Tablet, el Iphone, La nube y las redes sociales. Hace diez años habrían llegado al resto del mundo en un cable cuando ya había pasado el hecho y hace 100 ni siquiera hubiera sido noticia, sino un recuento de algo que pasó. En cualquier caso, la inmediatez de la información, el acceso mucho más rápido al mundo de la información en los más recónditos rincones del planeta produce una sensación de caos que no existe en la realidad, o cuando menos, no más que hace 10, 100 o mil años, donde sucedían más hechos noticiables, pero nos enterábamos menos.

El caso de los camisas rojas y Wikileaks son probablemente los más interesantes desde el punto de vista noticiable. La represión del gobierno Tailandés llegó al mundo libre gracias a Twitter, una herramienta que en sus inicios era una red social para interconectar personas con otros fines; y el otro caso es el de una página de Internet, un simple sitio que cualquier abuelita desde un pueblo entre las montañas de Galicia o Sevilla podría tener, que removió el planeta con las revelaciones de hechos secretos de los Estados democráticos que antes no se sabían más que cuando se desclasificaban documentos.

Es el mundo nuestro, más abierto, con menos secretos, más interconectado donde pasan estas cosas. Espero que esta generación, más cercana al Che Guevara y Pablo Iglesias (el malo), y menos optimista con la socialdemocracia occidental, aprenda a valorar lo que tiene, aprenda que lo hoy ve como defectos son situaciones mejorables dentro de un estado general de libertad donde su voto, su movilización pacífica y su activismo político es importante.

Echar pestes de los políticos, quejarse del capitalismo sin hacer nada y dejar que los Estados decidan por nosotros sin hacer nada, son los primeros indicios de perder nuestras libertades, los logros que nos legaron nuestros padres.

Al menos yo, no creo que el modelo chino (más trabajo y menos salario) se implante en todo el mundo. Y si alguien lo intenta, por lo menos pienso decirlo en alta voz. Hasta donde pueda, no lo pienso permitir.

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