Cuba: el delito de decir la verdad, aunque sea borracho

| Agosto 7, 2009

Recibo consternado pero sin sorpresa la noticia de que Juan Carlos González Marco (Pánfilo el de la Jama), ha sido detenido. Es un cubano típico, trabajador infatigable y nada quejica que ha terminado vencido por el alcohol, luego de que su vida haya quedado en la promesa de un futuro mejor que nunca llegó.

Muchos no lo conoceríamos si no fuera por esa extraña circunstancia de la casualidad, la maldita suerte de estar en el sitio equivocado en el momento equivocado. Su cara dio la vuelta en Internet gritando que en Cuba no había comida, una verdad que saben muchos aunque nadie se atreve a susurrar en la isla. Él mismo lo gritó porque no estaba en sus cabales, estaba simplemente borracho, cegado de alcohol, incapaz de comprender las consecuencias de sus actos; y soltó una verdad cruda y vergonzosa que retumbó en muchísimos ordenadores de la red mundial.

Su atrevimiento inicial habría sido una anécdota entre cómica y trágica de la situación de los cubanos si no fuese por la amplificación que su grito visceral alcanzó en los medios de comunicación adversos al régimen de los Castro, y se acentuó porque días después salió en otro vídeo, esta vez sobrio, negando que había dicho lo que había dicho, que pasaba hambre como la mayoría de los cubanos, y que lo negaba porque lo había visitado la policía política del régimen para asustarlo.

Hasta aquí la noticia era lógica, tenía sentido y debió terminar. Pero algunos desaprensivos que querían su minuto de gloria volvieron a emborracharlo y le grabaron argumentando lo mismo que la primera vez. Pánfilo, otra vez harto de alcohol hasta las cejas, no fue consciente de las consecuencias de su segundo atrevimiento, ni de la trampa en la que estaba cayendo: “Si tú de verdad quisieras ayudarme, no quiero que me saques, lo que quisieras es que me ayudes na’ má”, dice a quien quiera que esté detrás de la cámara.

¿No era mejor dejarlo de una vez? ¿No era preferible evitar que este pobre miserable alcohólico cayera en el punto de mira de la maquinaria represiva del estado totalitario cubano? Realmente no culparía a los medios por hacer noticia lo que es noticia, pero lamento mucho que no se hayan previsto las consecuencias que tiene para un cubano decir lo mismo que dice un gitano en el programa Callejeros sin que le pase nada.

Pánfilo no ha cometido delito alguno, no es un individuo peligroso (lo han detenido por el delito de peligrosidad), no ha atracado un banco, no ha robado un cajero, no ha violado a una menor, sólo ha gritado: “tengo hambre, en Cuba necesitamos comida”. Y ese es un delito peligroso. Decir la verdad en Cuba tiene delito, eso lo sabemos todos, cubanos y no cubanos.

Por desgracia ya sabemos cuál es el futuro de Pánfilo. Volverá en un futuro próximo a salir en un vídeo, estará aparentemente curado de su alcoholismo, quizás hasta presumiendo de haber encontrado un trabajo, lo veremos más fresco, seguramente con algunos kilogramos más y negando de la misma forma que dijo lo que dijo, o que lo dijo sin querer.

El estado cubano hizo que un padre que quería abandonar la isla luchara porque su hijo regresara a quedarse con él en Cuba. Cómo no va a tener herramientas para doblegar a un pobre borrachín que se atrevió a decir que pasaba hambre.

 

Loading Facebook Comments ...

Escribir comentario

Últimos comentarios

  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

  • paco:

    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

  • Anonimo:

    Gracias... A veces siento que no valgo nada como persona y que soy insignificante. Supongo que no podre...

  • Víctor:

    Tuve la oportunidad de verla por primera vez en renta, sin palabras, la mejor película que he visto...

  • Mónica:

    Mi película favorita. Encantadora, tierna, profunda. Para mí se quedará así. Como ese amor de...

  • cris:

    Carmen, estoy de acuerdo contigo. Ninguna variante es inferior a otra. Un idioma que no cambia con el...

Escrito por Hector García Quintana