Cuba. ¿Exagerar para que nos crean?

| julio 24, 2012

Recientemente, en un encuentro con conocidos, volví a enfrentarme a la eterna pregunta que nos hacen a todos los cubanos alguna vez cuando saben nuestra procedencia: ¿Por qué han durado tanto los Castro en el poder? La respuesta es tan compleja, que a veces, cuando estoy entre personas que no me conocen, intento que no reparen que soy de la isla caribeña para evitar los largos circunloquios a los que me veo obligado para intentar explicarlo.

Luego siempre me pasa lo mismo, que me quedo reflexionando el por qué ha sucedido, por qué los mismos cubanos no hemos sido capaces (o no hemos querido) quitarnos de encima aquel régimen salvaje que nos ha tenido en la miseria y el oscurantismo democrático por más de 50 años.

Mal vamos si debo empezar por decir que no voy a hacer amigos con este texto. Y algunos hasta me acusarán de agente del gobierno cubano o de la CIA (De todo hay en la viña del Señor). Pero si algo he aprendido de forma concienzuda en democracia es que lo que se piensa, se dice; puede ser políticamente correcto o un total desajuste moral, pero la libertad existe para usarla.

Mal vamos si debo empezar por recordar que odio profundamente a la dictadura cubana de los Castro, que soy un liberal sin medias tintas, partidario de la libertad humana y social del individuo y por tanto, contrario al comunismo, fascismo y a toda forma de gobierno que impida el desarrollo individual del ser humano.

Pero el aborrecimiento a los totalitarismos, la animadversión a la dictadura cubana, no me impide usar un poco, sólo un poco, la Razón, como argumento de búsqueda de la verdad, incluso cuando mis sentimientos intentan imponerse a la realidad.

Nadie duda lo que gana el gobierno dictatorial cubano con la muerte de Oswaldo Payá, Orlando Tamayo y Laura Pollán (quizá hasta es cierto que tiene las garras llenas de sangre en los tres casos), nadie en su sano juicio dudaría que el gobierno cubano tiene las manos largas para asesinar a quien se le ponga por delante, porque ya lo ha hecho antes y porque está en el ADN criminal del socialismo como sistema. Pero ante hechos con claroscuros lo mejor es la prudencia; ante algo que no está mínimamente claro, es preferible mantener las distancias objetivas; la verdad lo merece, por más que nuestra inclinación sea la de culpar al asesino que rondaba las cabezas de la víctima. Por desgracia –¡qué fácil sería todo si lo fuera!– el mayordomo no es siempre el asesino.

En Cuba, respecto a la crueldad de la dictadura de los Castro, no hace falta exagerar ni fantasear nada. Los últimos cincuenta años de la historia cubana han dejado en evidencia un régimen totalitario, increíblemente eficaz para hacer de criminal contra los suyos y redimirse a la vez como juez y víctima ante los ojos de la socialdemocracia del mundo. Muchos cubanos no han comprendido que todas las dictaduras son asesinas por naturaleza, y la cubana lo ha demostrado con campos de concentración (UMAP), fusilamientos en masa, exportación de guerras sin sentido (Angola y toda América Latina con el financiamiento a grupos terroristas), hundimientos de pateras y remolcadores (el 13 de marzo es sólo un ejemplo), y un largo etcétera que llenarían varios folios. Todo en un entorno de impunidad hacia los verdugos, y una eficacia en esconder la mano con que reprime, que asusta a los que saben de su culpa.

Entonces, ¿para qué inventar nada, para qué apurarnos en culpar al conocido culpable de otros crímenes previos, de una fechoría que no podemos probar si ha cometido, para qué usar la antidemocrática y totalitarista (tal y como la usa el propio régimen cubano) de asegurar, más allá de toda duda, que toda muerte de un opositor en Cuba es asesinato hasta que se demuestre lo contrario?

Un intercambio con un amigo me da parte de la respuesta: creo que los cubanos, incapaces de responder adecuadamente a la pregunta que encabeza este texto, nos hemos rodeado de una aureola de torturados mártires sin patria, que, si bien describe la brutalidad del sistema que nos ha tocado vivir bajo el régimen castrista, no argumenta por qué no nos lo quitamos de encima de una vez.

Los cubanos, salvo excepciones interesadas, sabemos que si algo extraño se mueve en Cuba el primer sospechoso es el propio gobierno. Y sin embargo, nos hemos encontrado que somos incapaces de explicar qué pasa en el interior de nuestras venas históricas, no logramos convencer de la innegable, pero subrepticia, mano dura del comunismo cubano para reprimir con alevosía. Así que recurrimos a la exageración (a veces al extremismo) para que nos atiendan y entiendan.

Creo que es un error. Mal nos irá cuando gritemos que el lobo se ha comido de nuevo a un campesino y nadie nos crea por haber exagerado antes. Así no vale.

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Comentarios (1)

 

  1. Gaby dice:

    Pensaría entonces, estando en democracia… por qué han estado tanto los Kishner? Por qué no me respetan si pienso diferente. Mi país es democrático? No me sorprende que en América Latina todavía la verdad, se parezca a la mentira.

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