Diego, El Cigala. La maravillosa experiencia de lo inesperado

| julio 23, 2010

Los seres humanos buscamos por norma cierta originalidad en lo que nos rodea. Digo esta frase e inmediatamente me retracto cuando veo los miles de libros best sellers o películas taquilleras que repiten la misma fórmula una y otra vez y la gente no las discrimina.

Pero mantengo la idea, buscamos pareja única, el libro que nos emocione como ningún otro, la serie de televisión que nos entretenga, el disco que nos transmita algo nuevo; por más que sepamos que no siempre es posible.

Sin embargo, quienes hayan quedado sometidos a la fuerza original de la voz y el estilo de Diego, El Cigala, me darán algo de razón.

Disculpen los amigos músicos o aquellos que saben de negritas, corcheas y pentagramas. Yo, simple opinador de lo que existe, intento entrenar algo mi apreciación sobre lo que me rodea, y busco en el arte, como en muchas otras cosas, algo que me sorprenda, que me saque de cierta cotidianidad y me transmita algo que antes no haya sentido, o haya sentido pocas veces.

Cuando me dijeron que Lágrimas negras, la inevitable canción cubana de bares y desengaños, tenía una nueva versión, hice un gesto de asco porque creía que ya nadie me sorprendería. Pero Cigala lo hizo, con un ritmo único, un estilo personal, criticado por muchos puristas del flamenco –que quizás hasta tienen algo de razón– pero apreciado por los amantes de la buena música.

No lo ha hecho solo. Sin Bebo Valdés, el gran Chucho, Gonzalo Rubalcaba, Changuito, Tata Güines y ahora Néstor Marconi, este Cigala sería otro. O quizás no, quizás habría seguido observando, buscando nuevos sonidos, nuevas experiencias hasta llegar a Lágrimas Negras, Dos Lágrimas o éste increíble Cigala & Tango.

“Obviamente no se trata de cantar como Gardel o Goyeneche. Para eso ya están ellos. Yo le doy mi propio aire, por supuesto, pero conste que somos fieles al tango, respetamos todas las pautas del tango”, dice Cigala, justificando su atrevimiento de ir a Argentina a enseñarles tango a los argentinos, pero ya dijo lo mismo con los boleros cubanos y todos nos rendimos ante su atrevimiento.

Lágrimas negras, la canción, ya no me emocionaba, y Cigala me hizo llorar al escucharla por enésima vez, pero como si fuera la primera vez. Imagino que a los argentinos les pasará algo parecido con este El día que me quieras, aunque a mí Gardel me siga emocionando.

No sé qué pasará cuando se atreva con otros estilos y ritmos, como la ranchera –que ya experimentó con Alejandro Fernández en ese tema impresionante que es Como quien pierde una estrella.

Alguien ha dicho que Cigala es el Messi del flamenco, un poco exagerado, pero me saco sombrero y me pongo de pie ante este crack cuando saca cada nuevo disco. Ya mismo le empezaremos a pedir el disco de rancheras.

 

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Comentarios (1)

 

  1. Y.G. dice:

    No se puede discrepar de las emociones, así que esto no se lea como descrepancia sino como otras (des) emociones. Cigala y sus productores han descubierto la gallina de los huevos de oro y lo que hacen -y me temo harán- es precisamente repetir la misma fórmula una y otra vez. A diferencia de Lágrimas negras, donde Cigala cantaba boleros en su estilo, en éste coge tangos -y otros temas que no lo son- y los canta como cantaría un bolero en su estilo. Y creo, efectivamente, que decir que Cigala es el Messi del flamenco es un poco -por poner una unidad de medida que nos deja soñar con la abundacia- exagerado y tener muy poco estima por el fútbol del argentino.

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Últimos comentarios

  • Daniel:

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