La curiosidad, el morbo y una caja de galletas

| septiembre 15, 2017

El morbo y la curiosidad; dos elementos que se ponen en juego cuando reaccionamos ante las prohibiciones. Es la teoría de la escritora española Teresa viejo a propósito de su novela Animales domésticos y que me ha dejado una de esas reflexiones imposibles de dejar pasar.

Dice Viejo:

La vida nos pone encrucijadas para que demostremos de qué madera estamos hechos. Como aquella caja de galletas de la infancia que esperaba en lo alto del armario. “No la cojas”, advertía mi madre, sin embargo, me faltaba tiempo para ir a por ella cuando desaparecía. Me pregunto cómo reaccionas tú cuando te prohíben algo. ¿Qué harías ante la caja de galletas?»

La imagen es muy efectiva. ¿Cómo reaccionamos los seres humanos ante la caja de galletas que nos escondieron en el altillo? ¿Y de qué manera influiría en nuestra forma de reaccionar ante los obstáculos de la vida cuando somos adultos?

Reconozco que de niño habría sido una invitación a subirme en la silla, a lanzarme al pozo, rascar en el papel hasta sacar el premio oculto. Quizás por eso escribo ficción, hurgo en las reacciones humanas desde la capacidad de la imaginación para intentar explicarme reacciones evidentes o subterráneas, a veces inexplicables, de esas que menos argumentos se aprecian para llevarlas a término.

Hoy en día ni siquiera miraría la caja de galletas; o quizás sí, pero de manera menos morbosa, como simple curiosidad, como parte de atestiguar lo que ya sé, creo saber o que simplemente imagino.

Porque lo que tengo claro es que las galletas importan menos. En una entrevista posterior a la publicación de su novela la escritora dice algo más: “No importaba tanto si comía de la caja de galletas como si la abría y veía qué narices había dentro.”

Creo que aquí está lo más importante: la necesidad de romper una barrera que nos han puesto, de salirse de las normas que parecen ser las únicas lícitas y quizás no sean verdaderas. Incluso, la necesidad (¿Solo morbo?) de saber lo que nos espera luego de romper la norma. ¿Un premio grandioso? ¿Una sesión de sexo sin prejuicios? ¿Un ascenso imprevisto? ¿Muchos clientes? ¿Un castigo anhelado?

Romper las normas es parte del éxito que se necesita, saltar obstáculos que nadie se atreve, intentar mirar más allá de dónde nos dejan; pero, ojo: que hay una autoridad del otro lado que ha impuesto la norma y a la que debemos respeto o, cuando menos, algo de cuidado.

Porque muchos nos empujan a saltar las fronteras y ciertamente, algo interesante habría en salirse de ellas cuando las hemos estudiado al dedillo y conocemos bien sus causas, sentido y consecuencias.

Todos nos dicen que hay que romper las normas para llegar a algún sitio más allá de donde nos dejan, pero nadie nos dice cómo reaccionaría la autoridad (¿Mamá, Papá, Estado, Dios?) cuando supiera que hemos abierto la lata de galletas.

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