Sobre la felicidad y La brevedad de la vida (Final)

| Noviembre 17, 2013

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prólogo al libro de Séneca publicado por Editorial El Barco Ebrio

continuación de la Segunda Parte

¿POR QUÉ SOBRE LA FELICIDAD Y DE LA BREVEDAD DE LA VIDA?

Se ha especulado a menudo con que Séneca había vivido de una manera diferente a la que predicaba en sus textos y su ideario filosófico. No parece descabellado. La austeridad que preconizaba se enfrenta a sus inmensas riquezas, era poseedor de una de las mayores fortunas del imperio, la cual amasó mientras fue hombre cercano al poder. Se dice incluso que los medios por los cuáles se agenció dichas riquezas no fueron siempre lícitos.

De la misma forma preconizaba una vida humilde apegada más a la sencillez que a lo material, cuando en la realidad vivió e hizo gran parte de su labor como maestro desde los tejemanejes del imperio, siendo consejero y preceptor de poderosos, pendiente de la vida agitada de la ciudad y en las enmarañadas actividades del gobierno de Roma, desde donde fue silencioso cómplice de algunos crímenes y desmanes cometidos por Nerón.

¿Pero fue Séneca entonces un oportunista? Difícil decir que no. En cualquier caso la Historia no es disciplina que pueda analizarse desde el presente sin poner el alma en la época. No tiene la esclavitud ni más tarde el derecho de pernada en la Edad Media, el profundo carácter degradante que hoy le damos desde nuestras democracias. Si nos colocamos en la piel de un escritor cuando no existe mercado y depende del poder para vivir, de un filósofo cuando no existe más mérito que aquel conseguido como maestro y consejero de poderosos, y de un hombre que pretende cambiar la esencia de un imperio sólo con la posible influencia que pueda ejercer sobre el que manda, es más fácil comprender al hombre en su momento histórico.

No quiere esto decir que el filósofo romano fue un completo dechado de virtudes alejado de la maldad y rodeado de una completa ataraxia, que no deba buscarse responsabilidad por esta dualidad entre teoría y praxis, pero se comprende su empeño cuando aprendemos que una de las virtudes políticas de un sabio en la antigüedad estaba en soportar con estoicismo los despotismos del emperador para buscar con ello, igualmente, apaciguarlo. Séneca no lo logró, al menos no todo el tiempo, y lo pagó con el destierro (que purgó aún más su espíritu interior y su pasado) y su propia vida.

El propio filósofo en sus libros no pocas veces se justifica por esta dualidad y explica lo que es difícil de explicar: el haber vivido de forma aparentemente diferente a como predicaba, incluso de haber sido –o intentado ser– la conciencia del emperador Nerón, cruel como pocos, en especial cuando dejó de escuchar a Séneca.

De su obra los llamados Diálogos son probablemente las que mejor abarcan todo el pensamiento que rige el ideario de Séneca. Podía haber escogido cualquiera de ellas para incluirlas en este homenaje, pero preferí estos, porque es en ellos donde creo encontrar lo que más ha preocupado al ser humano desde que se tiene conciencia histórica: la vida, la muerte y la búsqueda de la felicidad.

Los estudios científicos actuales sobre el hombre, su comportamiento cerebral y su posición social, nos dejan con la perplejidad de descubrirnos un ser humano cada día más predecible en su interior, aunque menos en su futuro. Nos preocupamos más por la felicidad de lo que realmente decimos o demostramos; ya sea con el yoga, las filosofías orientales (novedosas para muchos occidentales modernos) o el marketing agresivo de un vendedor de bolsa; todos necesitamos la felicidad, el deseo de independencia o bienestar, de no tener problemas, conflictos, de estar en paz con algo o alguien.

Por desgracia, no todos escogemos bien las metas. En Sobre la felicidad, Séneca hace un estudio muy enérgico y universal sobre la forma de alcanzarla, con una vigencia que asombra. De forma general es el texto que hoy cualquier escritor de libros de autoayuda podría utilizar para citar casi de cabo a rabo sin necesidad de inventarse nada nuevo.

Lleno de grandes sentencias, en el mismo estilo vigoroso de toda su obra, este tratado nos recuerda, de otra manera, la obsesión de muchos por equiparar felicidad y bienestar. Séneca no niega el bienestar (no podía siendo él mismo uno de los más ricos hombres de Roma), pero lo asume como parte de las cosas que llegan sin buscarlas.

En economía existe el término externalidades para referirse a todos los beneficios que se derivan de un hombre que intenta mejorarse a sí mismo. El ejemplo más recurrente es el de un zapatero que pretende vender más zapatos y su mercado es tan amplio que necesita contratar personas para que le ayuden en su trabajo. Así los beneficios que se derivan de su trabajo ayuda a crear puestos de trabajo a otras personas; provoca un aumento de la producción de hilo o puntillas para unir el zapato a la suela y hace que un ganadero venda más vacas para venderle su piel: en resumidas cuentas, se crean externalidades.

Séneca reconoce su fortuna y su riqueza como externalidades –aunque no las llama por este nombre más bien propio del mundo moderno. Dice él, “…nadie ha condenado a la filosofía a ser pobre”. Por tanto no aboga por la pobreza, sino por la virtud, la sabiduría y la razón, aunque estas no traigan aparejada la riqueza; pero si llega la riqueza no se la desdeña, sino que se la usa para el bienestar propio que permite la independencia, y para ayudar a los que no la tienen.

En De la brevedad de la vida, si bien no aconseja únicamente cómo conseguir la felicidad, nos vuelve a remitir a la idea de escoger bien las metas, de no dejarse llevar por las riquezas y el poder, y centra nuevamente el discurso y su ideario filosófico en las claves importantes para llegar a donde se quiere: virtud, razón y sabiduría.

Aboga el filósofo romano por centrarse en los objetivos adecuados, manejarse con la virtud del sabio y la razón que brinda la naturaleza. Entendida la naturaleza como el orden natural que rige las cosas y el sabio como aquel que está dispuesto a aprender y no que lo sabe todo. Con la sabiduría del filósofo estoico, Séneca nos introduce de lleno en lo que varios siglos después sería la base de la memoria afectiva. ¿Es corta la vida? Depende de quien la viva. La duración es la misma en años, meses o días, pero la apreciación que tengamos va a depender del uso que hagamos de ella.

Por extraño que parezca en no pocas consultas psicológicas asisten personas con escasos problemas de bienestar, con no pocas comodidades, o incluso con más dinero del que necesitan para vivir, ricos o casi ricos. La mayoría de los grandes problemas psicológicos vienen dados por aspectos propios del interior del ser humano, la imposibilidad de relacionarse con una pareja, el miedo a enfrentarse a nuevos retos, la pérdida de horizontes para la vida, etc, pero casi nunca porque son pobres, y no precisamente porque los pobres no tengan problemas.

Quien vive la pobreza, o la escasez, no puede permitirse pensar en sus problemas, debe luchar a diario para subsistir en ella o salir de ella. Por lo tanto, si tenemos bienestar, si tenemos cierta comodidad que permite vivir sin la necesidad de subsistir, lo ideal es escoger bien las metas que faltan, dedicar los esfuerzos a aquello que realmente nos permita apreciar los beneficios de la vida, que nos hace aprovecharla tanto que llegamos a apreciarla como útil o larga.

Ya termino. Es imposible resumir más la filosofía de Séneca sin quitarle aspectos esenciales.  Pero es importante no dejar de prestar atención al fondo de su doctrina, a la increíble capacidad del ser humano para poder ser feliz aceptando la vida como es, el mundo como parte de un todo que se puede mejorar si nos trazamos los objetivos adecuados y no ser esclavo de las pasiones, muy humanas, pero prescindibles, que nos rodean por todos lados.

Séneca es menos un filósofo teórico y más un explicador ingenioso de la vida práctica que se resume casi en lo ya citado: ser sabio, virtuoso y razonable. Sabiduría acorde a la naturaleza que rige las cosas, virtud como un refugio de las más escabrosas debilidades de nuestro propio ser, y la razón es un simple ajuste a estas virtudes que se logran sin asumir la pobreza ni renegar de las externalidades que aparezcan en el camino que se cultiva hacia la sabiduría interior. Es esencial, de forma general, aceptar con cierta impasibilidad las adversidades y los beneficios que se derivan del camino escogido por quien decide ser sabio, porque lo importante no es lo conseguido, sino estar a gusto con la vida interior que se lleva fijando siempre nuevas y adecuadas metas. Invita eso sí, esa impasibilidad a no dejar de ser sensibles. La sensibilidad ante los problemas y el agradecimiento por los beneficios obtenidos es requisito indispensable para no dejar de ser humanos, pero no dejarse esclavizar por ellas en aras de un objetivo más poderoso.

Indudablemente el ideario de la filosofía antigua, y el de Séneca por tanto, deben tomarse en cuenta como parte de un todo universal. Nadie debe guiarse estrictamente en su vida por unos patrones que han quedado superados por más de dos milenios de desarrollo ulterior. Sin embargo, el grueso de su doctrina filosófica, el estudio interior del ser humano como individuo, aunque parte de un entramado social al que se debe, está casi intacta a pesar del tiempo.

De todo el pensamiento senequista, las normas de vida virtuosa y obtención de la felicidad desde nuestra conciencia, sobreviven como un iceberg, como un gran todo que está bajo el agua a pesar del trocito pequeño que se puede ver desde lo lejos. Y lo hace además en un estilo con gran vigor, de preguntas que luego responde con sapiencia, sabroso en sentencias tajantes y cultas, con oraciones cortas y muy exactas, y cargado de imágenes expresivas donde abundan las antítesis, parábolas y las paradojas; y sobre todo, reiterativo sin llegar a ser repetitivo o agotador, lo que ayuda a entender sus argumentos y afianzar nuestras propias conclusiones.

Su influencia posterior es más que probada en los textos de muchos escritores y moralistas posteriores, y nos permite fijarnos más en este hombre y su ideario. Un ideario que sobrevive al crecimiento tecnológico de dos mil años para comprender aún mejor las interioridades del ser humano y sus vicisitudes.

Puede leer la Primera Parte y Segunda Parte

Puede obtener Sobre la felicidad y La brevedad de la vida aquí:

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    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

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