¿Por qué creo en Darwin?

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blankMe gustaría exponer, de forma sintetizada, por qué creo en la teoría de la evolución y por qué creo que sí tenemos un antepasado cercano a los monos y lo excesivamente ortodoxo de seguir creyendo en la idea de un Dios que ha colocado cada especie en su sitio sin mutaciones ajenas a él.

Primero, ¿cuál es el argumento que legó Charles Darwin a la humanidad? Que los animales, y el hombre como parte de ellos, no se han mantenido inalterables desde que existen sobre la faz de la tierra y que debía existir alguna forma de mutación que permitiera que las especies se fueran adaptando al medio geográfico que le tocaba vivir sobreviviendo las mejor adaptadas a este medio y a los cambios que se produjeran en él.

Esta teoría no surgió de la nada. El libro El origen de las especies, apareció en 1859, más de 20 años después de que concluyera el viaje que hizo alrededor del mundo. Y salió a la luz casi con precipitación porque Darwin temía que otro investigador de su época, Alfred Wallace que ya estaba manejando la misma idea, no se adelantara a su teoría. ¿Pero que en qué se basó Darwin para exponer la teoría de la evolución?

La respuesta hay que buscarla en varios elementos sustanciales del viaje: los armadillos, los ñandúes y los pinzones. Los armadillos fueron parte de la alimentación de los hombres del Beagle en su periplo por América. Entonces era una especie desconocida en Europa y Darwin se dio a la tarea de investigarlos lo mejor que pudo. La sorpresa llegó al encontrar un primer cementerio de fósiles con animales ya desaparecidos y con caparazones de similares características al armadillo, pero que no eran los que él había conocido por diferencias de tamaño y morfología. Darwin comenzó a imaginar detalles de una idea que lo desconcertaba.

Era sorprendente que las especies que habían desaparecido, es decir, los fósiles que analizaba, tenían tantas similitudes con las especies que poblaban entonces los sitios que visitaba y de los que se alimentaban. ¿Es que serían familias?

El otro elemento que descolocó a Darwin fue el análisis de varios tipos de pinzones que se iba encontrando a medida que iba avanzando en su investigación. Aquí le sorprendió que casi todas las especies, salvo en la forma del pico, eran muy similares. Cuando analizó la alimentación de estas aves lo comprendió del todo. Sus picos parecían haber ido adaptándose al medio en que vivían, mejorando su morfología en función del alimento que consumían. Pero esto era una mera hipótesis sobre la base de la observación empírica que no se podía probar… Todavía.

¿Cuál era el motivo de que los animales vivos se parecieran a los fósiles de la zona donde vivían? ¿Y por qué los pinzones eran diferentes en la forma de sus picos según el sitio y el alimento que había en él? En la segunda revisión que hizo del diario de viaje del Beagle, varios años después, todavía no tenía respuesta o no quería reconocerla todavía. Pero sabía que esta evidencia arrojaría mucha luz sobre el futuro de la teoría del nacimiento y desaparición de las especies incluido el hombre.

Desde el final del viaje había dejado de creer en la inmutabilidad de las especies que pregonaba la teoría creacionista: la misma que argumenta que Dios plantó sobre la tierra a las diferentes especies de una vez y por etapas para sustituirlas en las diferentes glaciaciones y extinciones. Era, sencillamente absurda esta teoría porque las muestras físicas no la sostenían. Era más que evidente que las especies mutaban entre sí, sólo había que esbozar una teoría que lo sustentara y buscar muestras físicas más sólidas que lo probaran.

Por desgracia Darwin no pudo probarlo en vida con más argumentos que su propia observación y los estudios biológicos y antropológicos (todavía nadie les llamaba así) de algunos estudiosos a los que envió los restos fósiles. Publicó su libro y fue objeto de mofa y escarnio público hasta que poco a poco los científicos del mundo, amparándose en cada vez más recientes descubrimientos fueron convenciéndose de que aquel loco quien había revolucionado la biología no lo estaba tanto. La idea de la selección natural como base del surgimiento y evolución de las especies no llegó a ser ampliamente aceptada hasta 1940 con su vinculación a la genética y los estudios del ADN.

La teoría de Darwin ha sido demostrada y superada por la ciencia.
Las especies, de forma general, mantienen su supervivencia en una zona geográfica concreta. En las diferencias entre estas zonas también se pueden apreciar diferencias genéticas entre las especies que la pueblan con respecto a una especie similar de otra zona. Darwin ya lo había visto e inferido de forma empírica con las diferentes especies de ñandúes (él, a falta de mayor información les llamó avestruces) que pudo apreciar en la pampa. Creyó que para ello era necesaria una gran distancia temporal entre generaciones, lo que chocaba frontalmente con la edad que entonces se le atribuía al planeta tierra.

Los estudios geomorfológicos en 1906 dataron la edad de la tierra en más de miles de millones años. El ataque fundamental contra la teoría de la evolución quedó desautorizado.

Además, no son necesarios miles de años para un cambio sustancial en una especie. Basta apenas unos años, y a veces meses, en algunas especies para que se aprecien. Ejemplo: los pinzones, que cambian la forma de sus picos de una generación a la siguiente, y algunas especies de ratón, que cambian el color de su piel según la cantidad de luz a la que son sometidos.

Por si fuera poco el ADN, esa curiosa cadena que vemos representada en libros científicos o documentales de investigación criminal, han terminado por afianzar las tesis darwinianas. Los científicos no sólo han logrado probar que especies similares con cambios externos son similares por su información genética sino que han logrado identificar las proteínas culpables de dichos cambios genéticos entre especies similares.

Lo más revolucionario de la teoría de Darwin fue, probablemente, su aplicación al género humano. Los estudios genéticos de los diferentes homínidos que han poblado la tierra han permitido discriminar aquellos que pertenecen a la rama humana y los que no. Se ha demostrado, sin la menor de las dudas, que la información genética que posee el homo sapiens, es decir el hombre actual, es extremadamente similar a la de muchos de los mal llamados monos que poblaron la tierra antes del hombre actual. Y digo mal llamados monos porque las diferentes especies, emparentadas o no con el hombre, que poblaron la tierra antes que él, poseen características propias que los colocan en una nueva especie llamada Homo que no tienen que ver, al menos aparentemente, con los primates.

Sin embargo, el hombre actual posee en su información genética mucha más similitud con un gorila, un bonobo o un chimpancé actual que con el llamado hombre de Neanderthal y del que se creía que podíamos evolucionar, pero en realidad convivió con nuestra especie en el mismo tiempo y lugar, lo que fomenta mucho más la polémica porque enlaza al hombre actual más con los primates actuales que a algunos de los homínidos de los que creíamos venir.

En cualquier caso, lo que Darwin legó a la ciencia, sólo con la observación empírica, es que dos especies en apariencia diferentes pueden ser familias que vinieron de un tronco común que cambiaron externamente sólo porque se adaptaron a zonas geográficas también diferentes. Para lograrlo los padres introdujeron los cambios necesarios para que sus hijos y sus nietos de las siguientes generaciones pudieran adaptarse y sobrevivir mejor al medio. Con el tiempo los estudios genéticos han demostrado que tenía razón. Hoy en día las caricaturas que ponían a Darwin con cuerpo de mono habría que extenderlas a todos los que lo criticaron en su época y a nosotros, sus descendientes. Parafraseando al cantante nicaragüense Luis Enrique: Así es la vida, de irónica, de ilógica, de elástica.

Un comentario sobre “¿Por qué creo en Darwin?

  1. yo quiero saber sobre el origen del hombre quiero hacer un comic y necesito muchas cosas como dibujos, texto, de caricatura y necesito mas cosas, pero a mi no me gusta mucho esta teoria por eso no quiero hacerlo.

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