Fábula de la cigarra y la hormiga. Individualismo contra colectividad

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blankTodos recordamos la famosa fábula de la cigarra y la hormiga en la cual la holgazana cigarra, siempre cantando por las calles, ve peligrar su vida en el invierno por no hacer caso de la trabajadora hormiga que guarda comida a todas horas.

Esta fábula, originalmente escrita para hacernos reflexionar sobre la importancia del trabajo, provocaba en mí un rechazo inexplicable hacia la hormiga y una empatía hacia la cigarra que con los años, al dedicarme a la literatura, ha crecido sustancialmente.

En la niñez de los 80, en Cuba, recuerdo un animado muy malo hecho en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En él se veía una carrera entre dos coches. Uno realizado por un muñeco perfecto, que lo hacía todo perfecto y al cual todo le salía bien. El otro era un caos, siempre dejándolo todo para después y al que todo le salía mal y que termina perdiendo la carrera.

Imagino que la idea original del equipo de realización del animado debió ser la de demostrarle a los niños comunistas la importancia del hombre nuevo; ese que debe hacerlo todo bien para enfrentarse al desastroso hombre capitalista que siempre terminará perdiendo. Con el tiempo supe que el animado se llamaba ¿Quien irá a la exhibición? y que estaba hecho por Soyuzmultfilm.

Todos los cubanos que he conocido recuerdan este animado a través de una frase inicial que se repetía como una comidilla en él: punimañe –palabra escrita de oídas y que al parecer quería decir atención (внимания) en ruso. Y todos también, recuerdan haber experimentado los mismos sentimientos que tuve yo entonces: una repetición de los vividos en la fábula de la cigarra y la hormiga: sentir pena por el perdedor.

Es curioso e interesante reflexionar sobre las inesperadas reacciones del arte en su consumidor.

El lobo estepario se convirtió en una biblia de la vida disipada al llegar al público cuando la intención de Hermann Hesse era justamente hacer una crítica de ella.

Con cierta distancia podríamos ver claramente que la cigarra no parece ser la holgazana que nos dice la fábula. La cigarra es un artista que ha decidido perfeccionar su arte en lugar de vivir pendiente de un trabajo que no quiere. Se divierte haciendo lo que le gusta y tiene la suficiente valentía para defender su arte frente a las voces ajenas que le exigen que trabaje y deje de divertirse tanto.

Implícitamente aquí hay un enfrentamiento entre la individualidad y el colectivismo. La hormiga, si bien es un único personaje en la fábula es a su vez parte de un grupo, un grupo donde todos hacen lo mismo: viven para trabajar, lo cual no es malo pero los cosifica, los convierte en sujetos iguales con objetivos comunes.

No es criticable trabajar para vivir, todos tenemos que hacerlo y muchas veces debemos conjugar el arte o el hobby que nos gusta con un trabajo que no nos satisface para poder seguir adelante con nuestras satisfacciones últimas. Pero de la misma forma el grupo debería aceptar que alguien arriesgue su subsistencia por mantener un arte que embellece parte de la vida del colectivo.

Siempre que alguien decide tomar el camino más empinado hay cientos de voces detrás poniéndole peros o zancadillas para evitar que lo haga. Una veces por amor hacia la persona que decide lanzarse por un camino difícil, otras porque repetimos frases hechas que nos han legado aunque no estamos muy seguros de que sean ciertas, y en los menos casos (al menos eso quiero creer) por envidia, porque nos produce escozor que el otro tenga el valor de hacer lo que nosotros no hicimos.

Sean cuales sean las razones la realidad es que toda cigarra tiene siempre varias hormigas alertándole de la llegada del invierno. Y por desgracia hay cientos de cigarras que han dejado su música por los consejos de las hormigas o porque han comprendido lo arduo e ingrato que es hacer arte mientras el mundo avanza.

Y es que no siempre, quien se dedica a lo que quiere, tiene la valentía para mantener su vocación a pesar de las voces discrepantes. No olvidemos que el arte es por sí mismo bastante veleidoso.

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