Libro electrónico contra libro en papel. ¿Cuál prefieres?

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blankDebo reconocer que estoy un poco desconcertado con los ecos de esta polémica. Y digo, ecos porque no es nueva. Desde que se presentó el proyecto Gutenberg, a inicios de la década del 70, no ha parado de crecer la frontera de filias y fobias entre ambas formas de lectura. Y con el despegue de Amazon, ha sido ya una auténtica batalla de los que están a favor del libro electrónico o del libro en papel.

Dudo que alguien, desde una mínima tribuna de la red, vaya a zanjar este debate, pero quiero aportar mi visión, porque en la mayoría de los argumentos se obvia lo que creo es fundamental.

¿Cuáles son los principales argumentos a favor del libro electrónico?

Seguramente los conoces: facilidad de uso, comodidad, mejor transportabilidad, más funcionales, más eficaz búsqueda de datos, accesibilidad, más ecológico, la conectividad. Estos son hechos; dudo que haya muchos de estos argumentos que sean rebatibles, aunque…

Esto de que es más ecológico se basan en que no es necesario imprimir en papel, y por tanto no se necesita talar árboles para hacer libros, pero no se tiene en cuenta que un libro electrónico necesita electricidad, y aunque no he mirado estudios científicos, me da la impresión de que alguna forma habrá de calcular cuánta electricidad necesitas al año para seguir usando el dispositivo. Y si necesitas electricidad, no evitarás el impacto medioambiental.

En cualquier caso, no es lo más importante.

¿Cuáles son los argumentos a favor del libro en papel?

-La virtud de poseer algo, de poder palpar algo físico en contradicción a tener todo en el éter de la nube, que puede desaparecer en el momento en que no tengas conexión o electricidad.

-El funcionamiento del libro en papel es más sencillo, abrir y leer.

-Mejor aprendizaje, al parecer existen estudios que demuestran que, al compartir la lectura en un aparato electrónico con otras aplicaciones conectadas, provoca que el cerebro recuerde peor lo leído y esto no sucede con el libro en papel.

-Luego la belleza del libro, la nostalgia de pasar a hoja, el olor a nuevo.

Bien, ¿Cuál es mi experiencia? ¿Dónde me coloco: a favor del electrónico o del papel?

Pues si te cuento que me he mudado en mi vida al menos seis o siete veces y que dos de ellas han sido cambios de país, y que me dejado detrás dos bibliotecas, una de ellas inmensa; seguramente empiezas a intuir como pienso.

Recuerdo haber escuchado una entrevista, lamento no poder recordar de quién era, pero fue en France Culture, la cadena de radio francesa, o puede que en Collège de France. Preguntaban a un escritor o un filósofo en el programa L’Éloge du savoir o quizás, Le Temps des écrivains.

Por mi recuerdo, podría decir quien fue, pero para evitar problemas de derechos de autor, prefiero no decir de memoria a quien creo que pertenece. La frase decía más o menos así, aunque casi de manera literal: “Tenemos en la palma de nuestras manos un dispositivo con acceso a la base de datos más grande de la historia y, en general, lo usamos para compartir fotos de gatos.”

Y esta frase me lleva directamente a lo que creo que falta, en general, de los que se posicionan sobre el libro electrónico contra el libro en papel.

Hago una pregunta que tiene mala leche: ¿Qué te interesa de un libro: el contenido o el deseo fetichista de poseerlo?

Empiezo, reconozco mi nostalgia y amor al libro en papel. Aprendí con ellos, soy lector porque tuve una vecina, Sabina, amiga de mi madre, que tenía una inmensa biblioteca, a 50 metros de mi casa, de la que me pude nutrir gratuitamente. Si hoy leo de todo, y en especial, si escribo, probablemente Sabina tenga un gran porcentaje de la culpa. Así que ya sabes, si mis libros te importunan y te aburren, te quejas a Sabina.

Pero volviendo al meollo. Nací en Cuba, me inicié como lector en Cuba, un país donde soñar con este tipo de adelantos tecnológicos en los 70, 80 o 90 era como para un occidental viajar a la luna. Así que mis lecturas eran libros prestados de amigos y las bibliotecas públicas que, si bien eran pasto de la censura de la dictadura, estaban nutridas de una buena cantidad de clásicos publicados de editoriales isleñas, burlando las leyes internacionales de derechos de autor.

Y perdonen esta vuelta al pasado, a mi pasado, pero los libros fueron y son mi vida. Lo digo mejor, la ficción es mi vida. La creación de mundos ficticios para explicar la realidad, es algo que siempre me ha maravillado. ¿Cómo no amar los libros en papel? Pero también, ¿cuánto más no hubiese leído de haber tenido en mi adolescencia la posibilidad de acceder a la más grande base de datos de la historia de la humanidad, burlando la censura gubernamental?

En el magnífico Canal de YouTube Luz de Acuario TV se da una respuesta muy sincera sobre su amor a los libros. Entre sus argumentos está que le gusta la incomodidad que estos producen y no le importa que los libros ocupen espacio, y no puedo darle más la razón; a mí también. Y estoy de acuerdo en el 99,99 por ciento de sus argumentos cuando despotrica de los libros electrónicos, pero jamás podría considerar que un libro electrónico es una ofensa a un libro en papel.

Para mí el libro electrónico es el complemento fundamental del libro en papel, porque te facilita la vida cuando eres pobre o no tienes habitación, o incluso casa propia, donde meter tantos ejemplares físicos.

Y yendo más allá, poseer una biblioteca electrónica en algún lugar de la red, es una solución temporal, para alguien que, como dije, ha perdido dos o varias bibliotecas cambiando de país, y una de ellas era grande, generosa y llena de clásicos encuadernados en pasta dura. Si amas los libros como yo, te duele dejar detrás tantos libros, bellos, importantes, pero en mi caso, ese amor no es tan intenso como para llegar al fetichismo por el objeto.

Cuando tu casa es medio mundo, los trenes y aviones los pasillos de tu casa o, incluso, vives en el tercer mundo, no siempre puedes permitirte la encantadora incomodidad del libro en papel o tener espacio, ¿Cómo entonces aspirar a tener una biblioteca?

Si como él mismo dice: “el acto de la lectura es una liturgia poética”, pregunto yo: ¿no sería una insensatez dar importancia al formato? ¿Alguien puede asegurarme que por leer El Ulisesde Joyce o En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, voy a conocer menos sobre el monólogo interior o la memoria afectiva que quien los leyó en papel? ¡Ah qué no!

Para quien tiene ansias de querer saber, de conocer, de investigar las causas y los motivos de los hechos, como me sucede a mí, o para aquellos que amamos los idiomas, el sonido de las palabras en varias lenguas y quieren que esa emoción sea vivida por los que no conocen esos idiomas que a ti te han emocionado, los libros electrónicos son un paso de avance complementario al libro en papel, nunca una ofensa.

Investigadores y traductores que pretendemos motivar a otros, nos movemos por los argumentos que están en el contenido del libro, sea el formato que sea; nos abocamos al descifre de los trucos de la escritura y del conocimiento, nos fijamos con pulcritud y esmero en la elección y el orden de las palabras que el autor colocó en su texto, y menos en el magnífico y bello olor a hoja antigua, el calor de la encuadernación o la nostalgia de pasar páginas.

La investigación y la traducción son dos tipos de lecturas que obligan no sólo a desvelar la emoción sino la forma en que esa emoción se transmite, y luego, tratar de que otros consigan dicha emoción como la percibiste tú mismo. Traducir o investigar implican la lectura atenta de cada palabra para intentar descifrar y luego promover, tanto el contenido como la forma, a otro tipo de lectura. En esto la facilidad del e-book no tiene comparación, porque accedes a contenido extra de inmediato, sin moverte a otra habitación o abrir otro libro. Así que ganas tiempo, porque te facilita avanzar en el espacio con menor pérdida de tiempo.

Por lo tanto, a la pregunta: ¿estás a favor del libro en papel o del libro electrónico? Mi respuesta es obvia: de los dos. Si tuviera la seguridad de que, en un futuro Berlín, Bilbao o Hendaya, no sean las ciudades donde viva, como ya lo han sido antes, La Habana, Madrid, Los Ángeles o Tours, me encantaría comprar toneladas de libros, tener una habitación sólo para ellos y estar incómodo en una esquinita donde escriba, coma y duerma.

Pero la realidad es que ni tengo casa propia, ni seguridad de que no me vuelva a mudar ni mi economía es la más boyante del mundo. Así que, hoy día, con menos esfuerzo y menor gasto económico, el libro electrónico me ofrece la misma sabiduría que también encontraría en el libro en papel. Amo, sí, la nostalgia del olor del papel, pero más el contenido de ambos formatos. ¿Y tú, qué prefieres?

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