La realidad, esa maravilla que supera a la fantasía
Hector García Quintana | febrero 14, 2011
Muchas veces damos por sentado que ya está dicho casi todo sobre todo, y que ya se conoce todo sobre casi todo. Ponemos como ejemplo las mismas excepciones para justificarnos: el cerebro, el fondo (muy hondo) del mar, el centro de la tierra, el universo, poco más. Lo demás está más que conocido o le falta poco.
Sin embargo allá viene la naturaleza y el ser humano, como parte de ella, para dejarnos en pañales y con la boca abierta, y quizás las dos frases hechas no sean lo suficientemente precisas para expresar como nos quedamos cuando nos dicen que un animal que se conocía sólo por fósiles, está vivo y haciendo de las suyas en Namibia (tenía que ser África, ese sitio misterioso luego de cientos de años de explorado).
No sé dónde está el límite para la sorpresa humana.
Imaginen: la mosca era considerada ya desaparecida, se creía que pululaba los traseros de los dinosaurios y que con ellos había desaparecido, sólo se había encontrado algún fósil en el País Vasco. Y de momento alguien la encuentra sobreviviendo a lo que sea que hizo extinguir a los grandes saurios. Ha dejado ser la mosca del País Vasco para ser la mosca de Namibia.
Y si la noticia no era suficiente se supone que en el llamado macizo de Branberg, donde se ha encontrado este bicho, debe haber otros insectos a los que quizás el aislamiento ha hecho sobrevivir más allá del mesozoico. Sencillamente espectacular.
Pero si aquí la realidad deja encueros a la fantasía, otra noticia nos deja con más sorpresa. Todos los datos, toda la información que ha generado el hombre desde que ganó la batalla a los seres del mesozoico (cartas o telegramas, periódicos, libros, televisión, internet, móviles o celulares, tarjetas de crédito) alcanzó en 2007 un volumen de 295 billones de megabytes.
Para los que no se manejan con los términos informáticos, si se guardara toda esa información traducida a Bytes en cds, normalitos de los que sirven para grabar a Camela, la fila que queda podría permitir que un hombre caminara sobre ella hasta luna, ¡y más allá! (como diría el clásico de Toy Story). Dicho de otra manera hay más bytes de información humana que granos de arena en el planeta.
Mi pregunta es: con toda esa información, con todo ese cúmulo de datos, ¿cómo puede haber gente tan poco instruida en el mundo? Y más, tanta acumulación en formato digital, ¿nos hará más brutos o más inteligentes? Divagaremos un poco sobre ello la próxima vez.
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