La sensibilidad ¿un arma de doble filo?

| septiembre 29, 2013

Norwegian WoodEs durísimo intentar ayudar a quién no está del todo disponible a ello. Vivimos en un mundo agitado, donde fluye constantemente la información, la inmediatez; vivimos en la urgencia del día a día y la satisfacción de nuestro ser individual, y nos cuesta levantar la cabeza de lo cotidiano para mirar a otros.

En medio de este mundanal existen almas sensibles, capaces de elevarse más allá del ruido y el egoísmo; almas sensibles capaces de ver ángeles en la luna, luciérnagas de día en el jardín, brillo de vida en zarpazos de la muerte, sugerentes fresas entre malas hierbas, y unicornios azules, y sombras amarillas en el mar.

Pero la sensibilidad es un arma de doble filo; ofrece una visión diferente de lo ordinario, y la vez deja al alma sensible expuesta ante la vida común. La sensibilidad de un alma puede llevar a su propia autodestrucción. Y es triste ser testigo.

Estar del otro lado, del que quiere ayudar sabiendo que tiene parte de la solución, pero nadie lo escucha, es bastante hiriente. Cuando alguien deja por un minuto, una hora o dos días sus propios problemas y se detiene a escucharnos, aun cuando no hacemos nada por contar lo que nos preocupa, es importante prestar atención.

Una de las mejores virtudes humanas es la comunicación. Si algo no marcha, si aquello no ayuda o el ruido interior es demasiado estridente, es necesario sacar de adentro lo que nos oprime. Hablar sin apremios, soltar los problemas, dejar los orgullos, confiar en quien nos hace confiar, apoyar la cabeza en quien nos deja su hombro; no siempre es sencillo, pero es absolutamente necesario.

Recuerdo a Naoko, en Norwegian Wood, de Murakami; novela escrita de manera muy natural, aunque de una profundidad filosófica y argumentos irrebatibles. Naoko es una joven rota, como muchos personajes del escritor japonés, desgarrada por su incapacidad para atarse sexual y emocionalmente a nadie.

El gran problema de Naoko es una soledad penitente y peligrosa. Está rodeada de amigos, de personas que quieren ayudarla, que no le piden nada a cambio, que se someten a sus reglas, pero es ella misma incapaz de abrirse cuando el resto le tiende la mano. La solución de Naoko está en sus manos, pero su propia sensibilidad la incapacita para el mundo.

Quiero transmitir algo que he aprendido en la vida. Nada es tan importante que merezca nuestra autodestrucción. Si nuestra propia sensibilidad nos desarma debemos sacar fuerzas para que no nos anule.

En los más difíciles momentos, en las más espinosas situaciones, alguna vez creí que todo terminaba; que el mundo era un gran pantano y yo, un simple mortal sin asideros. Me costó entenderlo, pasó mucho tiempo antes de que comprendiera que, como tú y como el resto de los seres humanos, tengo un alma inmortal, que el mundo cabe de verdad en la palma de la mano, y que la sensibilidad es, sí un arma de doble filo, pero que puedo controlar.

La vida me ha enseñado que existe una buena solución para todo, y que incluso en las malas soluciones hay un conato de libertad que permite sobrevivir. Dice Hesse (o su alter ego Joseph Knecht en El juego de abalorios: “En cada comienzo hay un hechizo que nos protege y nos ayuda a vivir”.

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Últimos comentarios

  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

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