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Quiero hablaros de una paradoja de mi vida profesional. Inspecciono el mundo, a ratos como novelista, y a ratos como historiador. Como persona, miro a mi alrededor casi como todos, con similitudes o diferencias, con más o menos parecido, pero intentando pasar por esta vida amando a los que quiero (y me quieren) y tratando no joder ni prestar atención a los que puedan odiarme. Pero como profesional, insisto, unas veces soy el investigador de Historia, otras me disfrazo de novelista para mirar a las personas. Y, si bien, no son visiones enfrentadas, sí tienen bastantes obstáculos para que sean complementarias. ¿Y cómo se vive con esa paradoja? La respuesta me ha llevado a una reflexión más amplia sobre qué temas usamos en la novela. ¿Cuál es la materia prima que sirve para hacer novela y cuál es la que se utiliza para la historia? Tratemos de reflexionar sobre eso a través de un vídeo que está dando la vuelta al mundo, si bien la historia real que tiene, ya no tiene nada que ver con lo que todos estamos viendo en redes sociales.
Cuando era niño tenía una imaginación sobreabundante, hasta el punto de que un amigo de clases y yo nos inventábamos historias de un mismo lugar utópico donde íbamos los fines de semana a divertirnos. Él contaba lo que había hecho, desde poner a pastar unicornios hasta volar en alfombras mágicas, y yo le decía que había estado después y había cazado tigres de dientes de sable y me había enfrentado a un tiranosaurio. Él respondía con otros hechos igual de fantasiosos y así, una y otra vez: nos veíamos el lunes y nos caíamos a mentiras. Ambos sabíamos que nos engañábamos, pero no importaba, lo maravilloso era compartir historias que nos hacían más felices.
Con esta característica de niño, y siendo un lector voraz de aventuras, libros de detectives y ciencia ficción, etc.… nadie puede extrañarse que haya terminado siendo escritor de ficción, escritor de novela, cuento, todo tipo de texto de ficción. Lo que ya no tiene mucho sentido es que haya escogido como carrera universitaria la de ser historiador, que trabaja con los hechos reales y que, a simple vista, es bastante diferente a la labor de imaginación e invención que tiene el novelista o, incluso, cualquier narrador de ficción. ¿O no?
Todo esto lo cuento para explicarte, al menos en parte, cómo se escogen los temas para las historias de ficción, qué podemos utilizar en la novela como materia prima. Vamos a hacer un estudio empírico sobre un hecho de la vida real que nos va a llevar a identificar esto. Más o menos.
Veamos estas imágenes. Antes de empezar les cuento un poco qué contienen. Muestra una chica entre la sorpresa, el miedo y la incomprensión. No sé quién es y no conozco por quien vota en las elecciones, pero las redes la han convertido en una comunista o socialista por este vídeo del 17 de octubre de 2026, en París, donde grita a saqueadores y delincuentes que no roben un mercado de barrio que se llama “Franprix”. Aquí os pongo el original que grabó el fotógrafo y periodista Frédéric Munsch.
Aquellos de vosotros que no estén familiarizados con la lengua de Víctor Hugo os cuento que en Francia y en cualquier sitio donde se hable francés, y no tenga el cerebro consumido con las tergiversaciones que ruedan en redes, esta chica es una valiente que se enfrenta, incluso con su cuerpo, a unos ladrones y saqueadores donde les grita: “¡Paren ya! ¿Por qué hacen eso? ¡Esa no es la causa!” Es lo que sucede en el vídeo original, los hechos puros y duros. Ella no muestra su ideología, sólo grita a los delincuentes que paren de robar, que “Esa no es la causa”; y aquí intuyo que se refiere que esa no es la causa de los problemas de los que están robando o que no es la causa por la que empezaron las manifestaciones de París de octubre de 2026.
Alguien que no sabe francés, o que sabe lo justito, ha traducido de forma incorrecta (no sé si voluntariamente o no) que ella dice: «Estoy por la causa», que asegura ser de izquierdas y que está a favor de la causa de los atracadores, y las redes han hecho lo que siempre hacen: convertir el error (o la manipulación de la mentira) en una causa para defensa de una ideología.
En el vídeo original, insisto, no defiende en ningún momento a los saqueadores, ni dice que está con ellos, ni dice que ella sea de izquierdas o que está a favor de la inmigración. Sin embargo, el error o la mala intención (que ya uno duda de todo en este mundo) ha provocado que las redes, casi siempre mentirosas, la hayan convertido en, cito literalmente: una “zurda”, “burka lover” y “activista proinmigración”. Dicen otras cosas peores que no todas son reproducibles. Y esto, lo siento: es una mentira del tamaño de dos catedrales.
¿Y por qué os cuento esto en un post que hablamos de literatura creativa?, me preguntarán.
Aquí es donde entra lo que quería contaros sobre la materia prima de la novela. Un historiador se fijaría en el hecho histórico: las manifestaciones. ¿Por qué hay gente en las calles saqueando una tienda? ¿De dónde vienen los asaltantes? ¿Cómo se pusieron de acuerdo para robar una tienda? ¿Quién empezó las manifestaciones y por qué?
El historiador busca las causas de los grandes hechos históricos, no se fija (al menos de primeras) en que una mujer intenta detener a unos saqueadores. El investigador histórico trata de identificar las causas y consecuencias del porqué existe un descontento en un país que podría llevar a los grandes cambios históricos, como Mayo del 68, en Francia, o El 15 de mayo, en España. Para un historiador las personas, en tanto entes particulares, no interesan (de manera pedagógica, investigativa y como tendencia) si son parte de la masa, y se fija en ellas sólo si contribuyen históricamente al cambio.
Imaginemos que la chica del vídeo sea una muy reconocida activista de un grupo político (repito, no lo sabemos), se hace famosa por este vídeo, funda un partido, se presenta a las elecciones de Francia, las gana y promulga leyes antiinmigración y una nueva ley contra los delitos que cambia el status legal de Francia. Ahí el historiador sí se fijaría en la mujer. Mientras tanto, hasta ahora, no es más que un miembro más de una masa descontenta que sí podría traer los cambios. No me interesa como historiador.
Pero si nada de eso previo que cuento sucede, el historiador, cuando realiza la investigación, seguirá dirigiendo su mirada, como tendencia, a los grandes hechos que producen los grandes cambios. Incluso aunque investigue sobre el pueblo indígena más perdido del Amazonas, se fija en los movimientos y sucesos en la medida en que influyen o determinan los grandes hechos históricos.
Pero lo que quería aquí es olvidar mi labor como historiador. Quiero que pensemos juntos como novelistas, como cuentistas, como narradores de ficción, en definitiva.
No quiere decir que el escritor de ficción no pueda o no quiera interesarse en los grandes hechos históricos, ¿para qué mentir sobre ello? Ahí están Los miserables, de Víctor Hugo o La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, y hasta Sinuhé, el egipcio, para demostrarlo. Pero veremos más adelante que estas dos (o tres) inmensas novelas sobre tres hechos históricos tienen truco para fijarse en la Historia. Porque insisto, los grandes hechos no son, de manera natural, la materia prima de la novela. ¿Y cuáles son?
El escritor se fija en las personas, las contradicciones humanas, las emociones del ser humano en cuanto a ser individual. Me desvío un segundo.
Alguna vez he contado que para enfrentarme a un examen de Historia de América tuve que analizar El General en su laberinto, de Gabriel García Márquez. La novela trata, si la conoces, de un Simón Bolívar perdedor, destrozado, medio enfermo, tras haber sido uno de los más grandes políticos y militares de su tiempo. En el examen me preguntaron sobre esta paradoja y dije una obviedad sobre que eso nos acercaba a los héroes a su condición humana, lo cual sigo creyendo, pero no es toda la verdad; al menos la verdad sobre la creación literaria.
Un Simón Bolívar triunfante, conquistador de varios y grandes territorios y en la cresta de la ola, rodeado de gente que no le tose, mujeres que se le entregan, personas que lo adoran, que con un dedo decide si perdonan o ejecutan a alguien, puede ser un imán para la investigación histórica, pero es un repelente para la ficción, porque no existen muchos atractivos en la ficción para retratar el éxito. Otra cosa es el éxito si va unido a la contradicción humana.
Imagina (y esto es pura interpretación literaria) que en la cabeza de Bolívar entre 1825 y 1828, cuando quizá estaba en la cúspide de su éxito, en su fuero interior haya una paradoja por ser el gran triunfador de la construcción de la Gran Colombia y ser el dictador del Perú, mientras siente angustia por los hombres que ha matado y los pueblos que ha arrasado. Ahí podría haber una excelente novela, y puede que exista esa novela. Pero si no te metes en esta licencia literaria, escribir sobre Bolívar era interesante para García Márquez cuando encuentras al personaje que, habiendo sido uno de los más grandes estadistas y militares de su época, ahora se encuentra olvidado y en una crisis vagando por Europa, y que cada día lo acerca más a un indigente que al gran estadista que fue.
Y, como novelista, regreso a Los Miserables. Los hechos de la novela de Hugo, como sabes, ocurren en medio de la Revolución francesa, y está ahí ese hecho de fondo y como lectores lo sabemos, pero jamás se lleva el protagonismo de la historia. Quienes importan en la novela son el inspector Javert, Cosette, los Thernadier, Fatine o Marius. Hugo se fija en las personas, no en si una masa humana derriba un edificio o quema un monumento, y cuando estos hechos aparecen, quien lleva el punto de vista es Marius, Javert o el resto de los personajes que están viviendo su particular revolución y a los que los grandes cambios les importan poco o nada.
La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, también ocurre en medio de la gran sublevación de Canudos en Brasil. Y si ese lienzo está ahí, en el fondo, moviendo las intenciones y retratando las emociones de los personajes, lo que realmente importa en La guerra del fin del mundo es Antônio Conselheiro, El León de Natuba, María Quadrado, el beatito. Otra vez nos fijamos en los personajes. Porque son los personajes, los individuos, las contradicciones psicológicas, sus emociones, los que nos importa como escritores.
Por eso, en este vídeo que os mostré antes (donde, por cierto, tratando de desmentir toda una mentira que se ha formado alrededor de la mujer, me han caído palos acusándome de rojo y zurdo) me interesa mucho la mujer.
Podría, como historiador, haberme fijado en los hechos, la manifestación, el hecho de que haya una masa salvaje, formada en su mayoría por personas que son inmigrantes o franceses, hijos y nietos de inmigrantes, esté robando y podría yo hacer toda una teoría historiográfica sobre los movimientos sociales, el papel de la inmigración en Europa o decenas de tesis o temas más.
Pero como novelista me fijé en la mujer, en la persona, en su cara entre aterrorizada y sorprendida y me hago decenas de preguntas que son las que forman la materia prima de la novela. ¿Por qué se arriesga a tratar de impedir un robo de una tienda que no es suya? ¿Por qué aparece tan sorprendida? ¿Qué la lleva a semejante riesgo? Y aquí podemos hacernos decenas de preguntas que tan sólo responderlas nos da material narrativo para una historia de ficción.
Los hechos en sí es que la mujer, hasta el momento en que esto escribo o publico este vídeo, no ha sido identificada. No conocemos su ideología, pero una mala traducción que alguien ha hecho del francés de una frase que ella dice, sacada de contexto y, como digo, mal traducida: C’est pas la cause, la ha convertido en una comunista, zurda, defensora de los inmigrantes violentos y terroristas palestinos.
Vuelvo a decir, nada de esto anterior es verdad. O no podemos saberlo porque en el vídeo no lo dice y no existe ningún vídeo, imagen, entrevista o palabras previas de esta mujer que permitan saber quién es y qué defiende. Pero las redes sociales le han inventado de todo. Un nombre, varias profesiones, una ideología política o varias, dicen que es una reconocida activista de izquierdas y la dueña de una tienda chic de París.
Le han inventado un pasado que no tiene, un nombre que nadie conoce, se han hecho imágenes por Inteligencia Artificial alterando fotos reales para colocarla en una manifestación donde nadie sabe si estuvo, le han puesto un nombre de otra persona, y cada día aparece alguna fantasía más grande que la anterior.
Insisto, nada de esto es verdad, pero ya no importa. Si tratas de demostrar la verdad a la gente te acusan de manipulador. Las reacciones son curiosas porque los que tienen la absoluta seguridad que sí es una mujer de izquierdas, y los convences con los datos y la verdad de que eso no es cierto, te dicen que da igual, que, si no lo es, lo parece por su cara, su postura corporal o sus ojos, que es casi darle la razón a Hitler y Stalin por su masacre a judíos, gitanos y disidentes: los reprimo, por si acaso. Se han sacado del cajón teorías como la Empatía suicida o la Anagnórisis, personas que nunca ha abierto un libro de cuento infantiles, imagina uno de psicología o que sepan quién es Aristóteles.
La imaginación desbordada del ser humano se niega a creer que lo que le han contado, lo que ha visto en un post inventado, lo que ya ha asumido como única verdad, es una gran fabulación de cada uno de los humanos que formamos las redes sociales.
Un “error” o una mala intención de traducción de una frase del francés al español, como en el famoso juego del secreto que se dicen varias personas, ha ido creciendo y añadiendo detalles de cada persona que iba contando la historia, hasta el punto de que hoy, día 22 de octubre de 2026, no se sabe quién es la mujer, pero ya medio mundo le ha creado una personalidad. Esto es la ficción. Esta es la materia prima de la novela.
Una usuaria de Facebook que respondió a mi intento de desmentido, que se llama Ana Rainha (la cito porque el mérito es de ella) ha dicho que para ella la chica del vídeo podría ser una maestra que ve a algunos de sus alumnos haciendo lo que no se suponía que era la causa que los movió cuando empezaron las manifestaciones. Es una idea fantasiosa, pero verosímil. No creo que sea verdad, pero si como novelista, asumes esa tesis y comienzas a escribir, creas un nombre a esa maestra, la pones a interactuar con sus alumnos Mohamed y Pierre y luego estos terminan haciendo lo que pasa en el vídeo, podría salir una buena historia de ficción.
En clases de escritura, cuando hablo de las obsesiones, pongo como un gran ejemplo a Frankenstein, de Mary Shelley. Una novela que tienen montones de defectos de estructura y caracterización de personajes, pero con una historia tan poderosa y que maneja tan bien las obsesiones, que se ha convertido en un clásico de la literatura.
Con el vídeo que os presenté antes podríamos hacer lo mismo con la pobre mujer y crearle una obsesión contraria a lo que ella hace en el vídeo. La forma en que llevemos esa obsesión y a los hechos que ocurren en el vídeo, podría llevarnos a una buena historia de ficción.
Os pongo un penúltimo ejemplo. Seguramente habrás visto la serie Adolescencia (Adolescence). Trata de un crimen que ocurre en un barrio de Inglaterra y de las relaciones entre todos los implicados, y cómo afecta este asesinato a una escuela británica. Recuerdo que cuando hablaba de la serie con amigos me decían que la adolescencia no era así, que todo lo que cuenta la serie sobre adolescentes delincuentes que se matan entre sí por motivos poco claros o menores, no es la realidad de la vida. Y tienen razón, ¿cómo suponer que todos los adolescentes, o incluso la mayoría, sean eso que retrata la serie? Si eso fuera verdad estaríamos encerrados en nuestras casas, en guerras permanentes con el exterior y todos armados con cuchillos y pistolas para defendernos de los demás en las calles.
Pero es que la serie, a pesar de su título, no pretende ser un representación viva y perfecta de esa etapa de la vida del ser humano. El director de la serie, Philip Barantini, ha concentrado su mirada en un joven, un solo adolescente, y dos o tres personajes con los que interacciona, ha utilizado una técnica cinematográfica impactante y adecuada para la historia que quiere contar y ha puesto a rodar la cámara.
El resultado es una historia impactante que nos hace pensar a todos en nuestros hijos, en la adolescencia, en la educación que les damos, la influencia de la escuela, y todo ello sabiendo que, si te detienes en lo que cuenta la historia, no es al gran fenómeno adolescente, sino al de uno sólo en esta historia que cuenta la serie y de algunos pocos en la vida real.
Pero si esa misma historia que cuenta Adolescencia, la vemos como noticia en el telediario sin nombres ni apellidos o con ellos, pero contados de una pasada como una estadística más, nosotros podremos pensar por un momento qué mal está la juventud o qué niño más malo ese, o qué crimen tan absurdo o tan horrendo, pero volvemos a nuestras vidas incorporando la estadística a otras decenas de ellas que pululan en nuestros cerebros.
¡Ah, pero cuando nos dicen que Jamie está acusado por presuntamente asesinar a Eilleen! Y vemos todo el proceso investigativo para buscar la verdad, hasta descubrirla, no podremos evitar que nuestro cerebro vaya de lo particular a lo universal, aunque sepamos que es un error de análisis y de concepto. El crimen deja de ser una estadística para convertirse en un problema de todos.
Ya, por último, no sé si has visto la película belga El invasor (L’envahisseur). Si no lo has hecho te la recomiendo. Viene muy bien con el tema del vídeo de esta chica de París que nadie conoce, pero ya le hemos inventado una identidad.
El filme cuenta cómo un inmigrante, ilegal y negro, llamado Amadou termina enamorándose de Agnès, una mujer blanca y rica, en Bruselas y como diferentes decepciones y malentendidos entorpecen la relación entre ambos y podrían derivar en una tragedia.
El fenómeno inmigrante lo conocemos todos los que vivimos en Europa y en gran parte del mundo. Incluso Cuba, cuyos índices socioeconómicos podrían hacer pensar a muchos que no vive este fenómeno, también tiene conflictos sociales por el tema. No somos ciegos ni tontos, nadie tiene que guiarnos como corderos para saber los beneficios y perjuicios que trae que haya una gran masa de personas de otro país que lleguen a otro.
Los convencidos ideológicamente de lo que creen sobre este tema, no podrán ver este filme sin sentir algo de empatía por Amadou, si bien terminarán reprochando algunas de sus acciones. No es lo mismo gritar en una manifestación contra un grupo social que vivir en tu piel lo que le está pasando a ese grupo a través del punto de vista de alguien que pertenece a él.
Lo que provoca el director Nicolas Provost, es algo parecido a lo que hace Barantini con Adolescencia, convertir el fenómeno universal en particular, para que nuestra mente, a través del punto de vista de Amadou, hagamos el proceso inverso y reflexionemos sobre algo que podría estar lejos de nuestra vida privada.
Y esta era la reflexión que proponía sobre los temas para la ficción. ¿Te has encontrado con este dilema?
