Con la iglesia topamos

| marzo 18, 2009

Hoy tengo sentimientos encontrados. Me explico. La imagen que encabeza este texto es la que ha escogido la conferencia episcopal española para oponerse a las reformas sobre la ley del aborto en este país. Las reformas pretenden una flexibilización aún mayor de dicha ley para ampliar los plazos y disminuir o eliminar las consecuencias penales para quien lo ejerza. Una cría de lince ibérico con un sello de protegido y un bebé que pregunta: ¿y yo? Pues bien la campaña es dura, hay quien dice que es de mal gusto e incluso repleta de manipulación, pero sin embargo, es muy eficaz. No creo que muchas personas se queden impasibles ante ella, ya sea para defenderla o criticarla.

Yo quiero defender la campaña, que no quiere decir que esté de acuerdo con ella. No entiendo por qué hay quienes se escandalizan tanto por ver a la iglesia defendiendo aquello que está en la base de su ideología. Los que hayan seguido este blog, más o menos habitualmente, comprenderán que soy de los que defiende el derecho de los grupos de ultraderecha a expresar sus xenofobias públicamente aun cuando soy extranjero y negro, que prefiero ver a los grupos de ultraizquierda con banderas de hoces y martillos o la imagen del Che Guevara que con cocteles molotov o tirapiedras. De la misma manera creo que la iglesia, cuya ideología se basa en la defensa a ultranza (algunos consideran que excesiva) de la vida humana, no sólo tiene el derecho sino que está obligada moral y éticamente a expresar públicamente aquello que defiende.

De la misma manera no soy favorable al aborto si bien no critico ni defiendo a quien quiera ejercerlo por motivos personales. Hace un tiempo creía que era obvio que yo no estuviera a favor del aborto pues tengo un hijo maravilloso al que adoro y del que cada día me enamoro más, pero luego de escuchar determinadas noticias, como las vinculadas a Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten, y otras sobre niños torturados o violados por sus padres, tengo dudas de si para el resto de la gente tener un hijo te vacuna contra el aborto.

Cuando yo tuve a mi hijo entre los brazos por primera vez, el mundo cambió su forma de avisarme sobre las cosas de la vida. Desaparecieron de un golpe certezas que tenía y aparecieron nuevas certidumbres que difícilmente cambien antes de mi cremación y la dispersión de mis cenizas en la meseta de Giza.

Sin embargo no soy portavoz divino ni mi palabra vale más que la del vendedor de prensa de mi barrio. Pero la iglesia sí pretende ser portavoz divino, la iglesia es de otro mundo, cree que en sus orígenes el creador del hombre le dio el derecho a defenderlo, y como tal se expresa públicamente.

No creo en la iglesia como portavoz teológica, es decir, no creo en un Dios todopoderoso creador del mundo y del hombre, y por tanto no puedo estar de acuerdo con quien dice ser portavoz de algo en lo que no creo. Sin embargo, creo en la iglesia como organización social que agrupa, defiende y se convierte en portavoz de una gran parte de la sociedad que está a favor de su ideario y, por extensión, contra el aborto.

Se critican de esta campaña sobre todo dos elementos: que sea la iglesia quien la haga, por el hecho de recibir dinero público, y que se compare la defensa de un animal en período de extinción con un asesinato.

Pues bien, el dinero que reciben los obispos de las arcas del Estado lo deciden los contribuyentes cuando marcan la casilla de la iglesia al realizar la declaración de la renta. ¿No saben los que lo hacen que se va usar su dinero, además de los miles de proyectos humanitarios que tiene la iglesia por el mundo, en este tipo de campañas? Parece poco probable. Las críticas a la iglesia desde este punto de vista vienen de quienes no marcan esta casilla: un poco extraño, la verdad.

Con respecto al otro argumento, no creo que haya muchos que no sepan que el lince ibérico, el koala o los quelonios de Las Galápagos, tienen una legislación que los protegen contra la acción de la mano del hombre. Seguramente es necesario o indispensable que así sea, aunque hay científicos –que no están locos ni están pagados por las transnacionales– quienes defienden que la acción del hombre sobre las especies no es más que la consecuencia lógica del desarrollo del mundo, y que unas especies desaparecen a la vez que aparecen otras, de las que nunca se habla.
En cualquier caso, es importante que seamos conscientes de respetar los ecosistemas donde vivimos y los protejamos con todo lo que nos permita la ley. ¿Protegemos igualmente la vida humana que no ha nacido?

Aquí nos encontramos un escollo legal y ético del que no se ha puesto de acuerdo la sociedad científica, religiosa o general. ¿Es un embrión fecundado un ser humano? Las dos tendencias principales dicen que no es un ser humano en tanto no tiene conciencia y la otra dice que ya lo es desde el momento en que es el inicio de una vida. No puedo cerrar opiniones sobre algo tan polémico pero, ¿alguien puede dudar que la iglesia tenga el derecho a defender la vida en todas sus vertientes, y desde el mismo inicio, tengo o no tenga conciencia? ¿Cree alguien que la iglesia estará alguna vez a favor del aborto en cualquiera de sus formas o vertientes? La noticia sería que hiciera lo contrario.

Ya se sabe que cada investigación humana irrefutable, cada logro científico, algunos incluso que han permitido salvar vidas humanas, han tenido en principio a la iglesia en la acera del frente gritando. Quizás esto lleve a los que creemos en la ciencia a tomarnos con ciertos reparos las campañas de la iglesia, pero de la misma manera debemos respetarlas porque encarnan las creencias de muchas personas que sí las profesan. Recordemos a Voltaire: «No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas».

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