Encuentra tu objetivo vital o muere

| marzo 30, 2011

“La mayoría de la gente no se deprime frente a la adversidad.

Algunos incluso se crecen.” (Eduardo Punset)

He dicho a unos amigos que estoy dispuesto a dejarme parte de mi salario actual si con ello gano trabajar en lo que siempre he querido. ¿Menos, estás loco?, me dicen, y creo que su reacción es normal. Pero lo tengo claro: si sucediera, más tarde o más temprano tendrían que pagarme más, porque reconocerán que hago ese trabajo mejor que nadie.

Pero incluso así me daría igual, porque la felicidad de ganarte la vida completamente de aquello que más te gusta es inevitablemente mejor que ganarte el salario más alto por hacer algo donde el estrés te rodea.

Casi nadie se atreve ya a dudar que el ser humano, para ser completamente feliz, debiera tener una responsabilidad o motivo al cual dedicarse, más allá de subsistir, más allá de mantenerse, de comer y realizar las necesidades más perentorias.

Hablamos de encontrar esa misión u objetivo para el cual estamos temporalmente aquí sobre este planeta que vamos contaminando y cambiando cada día. Hablamos de algo que nos haga sentir útiles, que nos haga sentirnos satisfechos, cuando venga la parca, de haber aportado algo a los que vienen después a seguir contaminando.

Probablemente uno de los ejemplos más llamativos de esta responsabilidad es el de Viktor Frankl, creador de la logoterapia, la disciplina psicoterapéutica que compendia de alguna manera las patologías depresivas derivadas del hombre que no encuentra este sentido de vida, esta necesidad de autotrascendencia.

Frankl no es un improvisado. Judío, vivió tres años en un campo de concentración alemán y es autor de El hombre en busca de sentido, que probablemente sea el mejor libro de autoayuda (con las connotaciones más virtuosas de este género, y no la infame derivación comercial que tiene actualmente) que se haya escrito jamás.

Los que hayan tenido el privilegio de leer esta obra monumental recordarán cómo sorprende que toda la labor intelectual de Frankl en el campo de concentración se limitaba a recitarse mentalmente la obra que quería escribir, la obra que quería legar para dar una enseñanza a la humanidad. Eso lo ayudó a sobrevivir, eso lo ayudó a no querer ponerse bajo la pistola de algún oficial alemán para inmolarse como muchos de sus compañeros de campo.

Pero lo que no sabíamos era que esta teoría verificable sólo desde los ejemplos vividos, tiene verificación científica. Es decir, que también influye en nuestra vida a nivel celular, en lo más escondido y menos apreciable a nuestros ojos.

A través de Eduard Punset en su libro El viaje a la felicidad conocí de Martin Seligman, el psicólogo norteamericano, quien ha postulado la teoría de la Indefensión aprendida, que se resume en ese estado mental en el que alguien aprende a creer que está indefenso y que no tiene control sobre su situación y que nada que haga será útil para salir de ella, cuando en realidad tiene soluciones para salir, pero su estado depresivo le impide apreciarlas.

El experimento de Seligman con ratones no deja lugar a dudas. Encerró a cinco de ellos que recibieron descargas eléctricas durante un tiempo y sólo uno de ellos tenía una especie de interruptor que permitía resetear el temporizador de las descargas. Los ratones se volvieron asustadizos, se mantuvieron agarrotados y temerosos durante todo el experimento, seguramente por motivo del estado depresivo al que fueron sometidos.

Lo más interesante y llamativo es que todos, incluido el que podía usar el interruptor,  murieron a causa de la depresión producida por las descargas, pero este último duró casi dos meses más que el resto que murieron a los 12 días. ¡Sencillamente sorprendente!

La depresión, según la psicología actual, es más común de lo que debiera y algunos de estos científicos de la mente apuntan como causa general de su masificación a una especie de desviación de los objetivos de la búsqueda de la felicidad en el hombre. El coche más rápido, el estatus social, el dinero, la casa más grande, el trabajo mejor remunerado, la mujer o el hombre más guapo, si bien no son objetivos desechables, no pueden mover únicamente al ser humano en su búsqueda de la felicidad. Entre otras cosas porque no son objetivos que se pueden conseguir todos ni por todos, lo que termina llevando a la depresión.

Un objetivo muy superior a nuestras capacidades o sencillamente un objetivo completamente equivocado terminan por hacernos morir como los ratones que no tenían la responsabilidad de evitar las descargas eléctricas. Ahora piensa, ¿te llenas de valor y sales a encontrar tu objetivo vital o prefieres morir por descargas que puedes controlar?

Comentarios (1)

 

  1. manuel lopez dice:

    En este estado se encuentra una gran parte de la sociedad quizás porque a la otra parte le interesa.
    Me ha gustado mucho. Esperemos poder seguir despertando…

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