Escribe sobre lo que conoces. ¡Absurdo!

| enero 1, 2022

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Os quiero hablar de dos conceptos que están muy establecidos y que deben ser explicados y desmentidos con suficiente escrupulosidad por la concepción errónea que nos aportan a los que escribimos.

Todos hemos escuchado la frase «Escribe sobre lo que conoces» y, por extensión, se expresa como una virtud que un artista creativo, en cualesquiera de las diferentes variantes que existan de esa creatividad, sea “leal a su procedencia”. Como si escribir sea sólo una expresión de la realidad que conoces y que a esa realidad, debes respetarla por encima de todas las cosas.

Empiezo con una frase de contertulio. Niego la mayor.

¿Escribir sobre lo que conoces y ser leal a tu procedencia? Esto es un sinsentido de principio a fin.

Si nuestros escritores o cineastas clásicos hubieran hecho eso hoy no tendríamos historias que nos liberaran de lo terrenal y lo mundano, jamás nos podrían haber llevado a lo sublime o a lo surrealista, no habríamos podido nunca visitar el espacio exterior, porque tampoco lo hicieron H. G. Wells, Isaac Asimov o George Lucas.

Jamás hubiéramos tenido proféticas novelas de aventuras escritas en la soledad de una habitación como lo hicieron Julio Verne o Robert Louis Stevenson.

Cuando un llamado experto en escritura te dice que limites tu contenido a lo que has experimentado y observado ¿de dónde puede venir la épica si nunca has vivido una vida particularmente épica, de donde la aventura si no has vivido aventuras, la ciencia si eres más de letras, la historia si eres matemático o físico o un policial si nunca has matado a otro ser humano?

Para escribir sobre una expedición al Ártico, sólo tienes que intuir cómo es sentir el frío en tus huesos y tener imaginación, no escribas lo que sabes, sino lo que puedes imaginar y estudiar.

Para entenderlo es importante comprender que la ficción, y en especial la literaria, no existe para resolver problemas ni aportar soluciones a los que plantea. Una es la solución del problema y otro es su planteamiento justo dentro del conflicto literario. Para el artista importa plantear el problema a través de un choque de dos fuerzas o ideas, ocuparse de porqué existe un conflicto y, si no existe, crearlo porque le interesa que el receptor (lector o espectador) de ese combate de antagonismos reflexione y aporte sus propias soluciones.

En Anna Karénina y Crimen y Castigo no se resuelve ningún problema y están escritas por un hombre la primera, y por otro que no mató a nadie jamás en la segunda, pero que ambos sabían cómo expresar el remordimiento por la insatisfacción de no no haber alcanzado la felicidad o po haber cometido un crimen. ¿Tienes dudas de que son excelentes novelas? Son obras maestras por muchos motivos, pero también porque en ellas todas las cuestiones están planteadas de forma objetiva y justa. Un tribunal tiene la obligación de hacer preguntas; luego deciden los miembros del jurado, cada uno según su parecer.

Por lo tanto, escribe sobre lo que se te antoje que puedas imaginar e investigar, que no es escribe de aquello que viene de donde naciste o de aquello que te rodea, sino de aquello que, por lejos que esté de tu cuna o del lugar donde vives, te ha hecho sentir, te ha hecho volar, o lo que es mejor, emocionar.

Por la misma regla debemos guiarnos cuando alguien dice: Sé leal a tu origen, a tu cuna. No tiene ningún sentido ser leal a un lugar, entendido como un sitio geográfico que engloba una forma de ver el mundo o detentar unas posturas ideológicas, sociales o culturales.

Cuándo alguien te dice que seas leal a tu origen, ¿qué te está pidiendo? ¿Qué no critiques a tu barrio, a tu ciudad o tu país? ¿Qué mantengas fidelidad a una cultura de aldea que puede no ser de tu gusto? ¿Qué es ser leal a un origen?

Un creador de ficción, incluso un intérprete de esa ficción, como un actor o un cantante, no debe lealtad a nada más que al proceso mediante el cual está retratando una realidad para conmover a otros. Un cantante puede demostrar de manera convincente una gran tristeza sobre amores rotos a través de Ne me quitte pas, teniendo un matrimonio feliz; o un actor puede ponerse en la piel del violento y racista Travis Bickle, de Taxi Driver o de Hannibal Lecter, siendo a su vez una buena persona.

La lealtad de un artista, tras haber aceptado la proposición de empezar una obra, está con las premisas del arte que le conduce hacia finalizarla. Si alguna vez esa lealtad le enfrenta al lugar donde nació, las ideas que profesa o la moral que defiende, pues lo hace y punto. No será ni mejor ni peor persona por hacerlo.

Cuando se crea la única lealtad son los principios que impone la escritura de la novela, la dirección de un filme, las capacidades vocales e interpretativas del actor o del cantante y la destreza del pintor o escultor con sus manos, es decir la lealtad del creador es únicamente con los medios de que dispone para realizar su obra y aquellos que mejor le sirven para terminarla. Que no nos engañen y no se nos olvide.

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