Ese algo extraño llamado Felicidad

| enero 17, 2010

 ¿Alguna vez te has preguntado si la felicidad existe?

¿Has tenido la tentación de creer que la felicidad es sólo una categoría subjetiva inventada por algunos filósofos del pasado que sirve para que El Corte Inglés nos venda mercadería de temporada?

¿Crees que a tu alrededor todo es un sufrimiento lacerante que apenas permite sentarse a pensar en esas tonterías de telenovela?

Si respondes sí de forma tajante no me extrañaría, y si indagas a varias personas casi todos te darían la razón.

Demasiados agobios porque no llegas a fin de mes, mientras algunos acreedores te presionan por todos lados como para tomarte en serio todas estas cosas de ser feliz, y adorar las cosas que tienes, y demás sandeces de los libros de autoayuda.

Te rompes la cabeza pensando por qué no funciona esa relación en la que pones tanto empeño que funcione y parece que en cualquier momento debes pedir un armisticio más pactado que el de la Primera Guerra Mundial.

Te empecinas en que el trabajo es un entorno de desasosiego donde el que tengo al lado es un enemigo a abatir sin compasión, y los de arriba una pared que nunca saltaré.

¿Cómo voy a creer en la felicidad? ¿De dónde saco tiempo para esas rarezas en este mundo sinsentido?

Tengo una noticia para ti. La felicidad existe. Está ahí a tu lado, agazapada, con la mano abierta hacia ti, extendiendo un reinado que debes asaltar cuánto antes. Tiene a su lado un arma contra el pesimismo, contra los embates diarios y una capa para tapar todo aquello que te ha hecho dudar de ella en el pasado.

Yo he encontrado la felicidad teniendo acreedores poco comprensivos, relaciones en las que pedir armisticios, trabajos que es mejor olvidar, amigos a los que perdonar o pedir perdón, antagonistas (nunca enemigos) de cuidado, tropiezos, desencantos, días depresivos.

Y la he encontrado perdido entre las páginas de El filo de la navaja, o en el metraje de Cinema Paradiso, en la risa ( y hasta en el llanto) de mi hijo-hombre por más que los momentos de llanto sean angustiosos, en mis hijos-libros que me hacen ganar amigos en Argentina o Colombia, en este texto, otros que salen, otros que nunca han visto la luz y no la verán jamás, sentado en un banco (preferiblemente que no sea de dinero) de cualquier parque de mi ciudad, de esta belleza que es Madrid con tantos sitios por descubrir.

He encontrado felicidad en los proyectos que tengo, los que han salido, los que no, los fracasados y los que vendrán, en el sueño que tuve donde en diez años me reiré de todos los problemas actuales y en las ganas que pongo para que esos problemas queden detrás.

¿Tienes alguna idea ya de dónde buscar tú?

Comentarios (1)

 

  1. Sofi dice:

    Sín duda alguna creo, que la felicidad es una acumulación de esos pequeños y sencillos momentos de felicidad y el saberlos disfrutar y reconocerlos como tal, nos hace personas mas ligeras, que no esperamos «el momento de» para ser felices.
    Buen post.
    Saludos!!

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