Aferrado a los clásicos: «El filo de la navaja» (Somerset Maugham)

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blankNunca he dado principio a una novela con tanto recelo. Si la llamo novela es únicamente porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso, y no acaba ni en muerte ni en boda. La muerte todo lo termina, y es, por lo tanto, adecuado final de cualquier narración; mas también concluye convenientemente lo que en bodas acaba, y yerran quienes, por alardear de avisa­dos, hacen burla de aquellos desenlaces que la costumbre ha dado en llamar felices. Opina sanamente el vulgo que, sobre aquello que en desposorios termina, no es menester añadir más. Cuando mujer y varón, tras las vicisitudes que se deseen, terminan por unirse, cumplen una función biológica, y el interés que suscitaron es trasladado a la generación venidera. Mas yo dejo al lector en el aire. Este libro está compuesto con mis recuerdos de un hombre a quien traté íntimamente con largos intervalos, y poco sé de lo que pudo acontecerle durante ellos. Supongo que ejercitando mi imaginación podría rellenar esos huecos y lograr, de esa manera, mayor coherencia para mi narración; pero no deseo hacerlo. Quiero limitarme a dejar escrito aquello que verdaderamente llegó a mi conocimiento.[1]

William Somerset Maugham (1874-1965) es una contradicción en sí mismo. Es uno de los clásicos más importantes de la literatura británica, pero nació en París; ampliamente conocido por su homosexualidad, aunque se casó en un matrimonio infeliz y contrario a su voluntad, y es uno de los más importantes escritores de la literatura universal, con una obra amplísima y bien consolidada que fue consumida como pocas mientras vivía, pero muchos hoy rechazan por considerarla, erróneamente, frívola.

Baste citar tres de sus novelas para quitar la razón a los críticos: Of Human Bondage (Servidumbre humana), publicada en 1914 cuando ya era un autor famoso con más de diez obras de teatro representadas y reconocidas; The Moon and Sixpence (La luna y seis peniques, también traducida al español como Soberbia) de 1919, donde relató en ficción la vida del pintor Paul Gauguin, y The Razor’s Edge (El Filo de la Navaja), mal llamada y mal vendida como novela romántica, y de la quiero hablarte hoy.

¿Cómo surgió El Filo de la Navaja?

Según cuenta Wilmon Menard en un artículo publicado en la revista Namaskar de mayo-junio de 1988, en una entrevista que realizó a Somerset Maugham este le confesó que en un viaje que había realizado en 1938 a Sri Ramana Ashram, en La India, había conocido a un devoto estadounidense llamado Guy Hague. Según asegura Menard, el impacto que le causó a Maugham que un occidental estuviera tan imbuido de la religión y cultura india, provocó que el autor quisiera utilizarlo como modelo para el personaje principal de su próximo libro. Quizás es el origen más probable, aunque algunos niegan Maugham que haya conocido a Hague en su viaje a La India.

Esta obsesión de los escritores occidentales por las culturas asiáticas, fue común a finales del siglo XIX y después en la primera mitad del siglo XX. Le pasó a Hermann Hesse, Thomas Mann, y antes a Anatole France, Voltaire, que, al parecer, decepcionados por la deriva bélica de Europa, que luego se vio plasmada en la Primera Guerra Mundial, se refugiaron en la espiritualidad y la mística que entonces ofrecía el descubrimiento de la religión y la filosofía asiáticas.

Según se sabe, Maugham empezó la novela en su residencia francesa de Villa Mauresque, pero al ser invadida Francia por la Alemania fascista en 1940, él y su esposa se refugiaron en Estados Unidos, donde dio por finalizada El filo de la navaja.

 

¿Qué cuenta El Filo de la Navaja?

La historia ocurre en la década de los ‘20 y los ‘30. Larry, un joven de Chicago, va a contraer matrimonio con Isabel. El chico es un sobreviviente de la guerra, donde participó como aviador, y ella es una adorable y bella joven que lo ama.

Ya he escrito que en esta novela se nos presenta a Larry como un joven simple, quizás anodino. Hastiado por lo que ha vivido en la primera guerra mundial se ha convertido en una persona que no contradice, no habla, responde apenas con monosílabos. Un ser humano plano y poco interesante, según el narrador de esta novela.

Por su parte Isabel es una belleza, el amor personificado, una prometida perenne que cual Penélope espera pacientemente por el amante lejano; ella no tiene reparos en esperar a que se aclaren algunos conflictos internos de su Larry para casarse con su amado.

El conflicto empieza cuando Larry e Isabel se sientan a hablar para fijar la fecha del matrimonio, y algo inesperado e inusual, sucede. Siempre he creído que esta escena entre los dos amantes es una de las escenas más sugerentes de la literatura. Dos seres que se aman, dos jóvenes que se mantienen unidos por esa inocencia maravillosa del primer amor. Leyendo lo que se dicen, la forma en que se tratan, los intereses de cada uno, la absoluta connivencia de la familia a la relación que ellos se profesan, todo hace que debamos pensar en un amor para toda la vida; y sin embargo deben terminar.

Cuando lees esta escena parece una simple conversación entre dos inmaduros jovencitos, un diálogo intrascendente para otros personajes de la novela. ¡Pero amigo, para ellos cualquier decisión que tomen será vital, trascendental, única porque determinará el curso que seguirán sus vidas en el futuro!

¿Por qué recomiendo El filo de la navaja?

Entre muchos argumentos, me voy a centrar en 3 elementos.

  1. La caracterización de personajes.
  2. El uso del narrador.
  3. Anticipación del género de No ficción.

 

  1. La caracterización de personajes

El gran logro de la novela es, como he dicho varias veces cuando hablo de ella, el trazado de sus personajes; ni buenos ni malos, ni negativos ni positivos, simplemente seres normales, como tú, como yo, como tu prima y nuestros vecinos. Personajes que no son perfectos, como es la vida: generosos, pero pueden rozar el egoísmo; ambiciosos, aunque bondadosos a ratos; adorables, pero capaces de infligir dolor.

El lector, en un principio, recibe a Larry como un muchacho de pocas entendederas, holgazán y hasta un tanto cabezotas y rebelde. El comienzo de nuestro interés como lectores por este personaje ha sucedido cuando otro personaje, descubre accidentalmente que, de cuando en cuando, Larry se va en silencio, casi a hurtadillas, a la biblioteca e intenta pasar inadvertido para todos leyendo en un rincón.

En la biblioteca Larry se somete a una sesión de casi diez horas de lectura con Principios de Psicología,de William James. Esta anagnórisis o epifanía altera nuestra visión del personaje, quien sin dudas encierra en su alma algo más que aquello superficial que se nos presenta a simple vista.

Por otro lado, difícil es no sentirse cercano a Isabel porque transmite amor, pureza, alegría, inocencia, fidelidad. Ha sido educada sin carencias, quizá con algunos excesos. Y es muy evidente que su ideal no es precisamente la vida que Larry le ofrece, y esto puede traer problemas.

La caracterización de los personajes y el conocimiento de las intenciones de cada uno de ellos por parte del lector juegan aquí un papel fundamental y hacen de esta obra una verdadera joya literaria.

  1. El uso del narrador

El filo de la navaja tiene un gran comienzo que ya reseñé antes:

Este libro está compuesto con mis recuerdos de un hombre a quien traté íntimamente con largos intervalos, y poco sé de lo que pudo acontecerle durante ellos. Supongo que ejercitando mi imaginación podría rellenar esos huecos y lograr, de esa manera, mayor coherencia para mi narración; pero no deseo hacerlo. Quiero limitarme a dejar escrito aquello que verdaderamente llegó a mi noticia.[2]

He escrito sobre el uso del narrador en El filo de la navajaque tan sólo con este comienzo ya queremos saber más. ¿Por qué duda en llamarle novela a su libro? ¿Por qué la comienza con recelo? ¿Quién es ese hombre del cual el narrador nos quiere contar y a la vez nos advierte que apenas sabe de él? ¿Tan fuerte es la impresión que le produjo este hombre que se atreve a contarnos sobre él a pesar de sus escasos y mediatizados recuerdos? Nada de esto será respondido en estos primeros párrafos. Al contrario, acrecienta nuestra curiosidad al hacernos saber que él, el narrador, ha sido testigo de una vida que le ha resultado interesante y que se toma la ardua responsabilidad de rellenar los vacíos de esas partes de esta historia a las que no tuvo acceso, sólo con el objetivo de contarnos lo que pasa, o lo que cree que pasa.

Lo más interesante de este principio técnico, conocido como narrador poco fiable, es que acrecienta la incertidumbre del lector. Nos hace más descreídos y nos mantiene alertas ante las que podrían ser mentiras o impresiones subjetivas de quien nos está contando la historia. Y eso nos termina dando un crisol de opiniones que nos acerca mucho más a la vida real, donde podemos creer que sabemos algo sobre los demás, pero no dejan de ser impresiones subjetivas, nuestras opiniones sesgadas sobre todo lo que ocurre.

  1. Anticipación del género de No ficción

Este mismo inicio es el que, desde mi punto de vista, anticipa la literatura de No ficción. Muchos dicen que la primera novela de este género es A sangre fría, de Truman Capote, pero analicemos lo que dice el narrador de El filo de la navaja:

Nunca he dado principio a una novela con tanto recelo. Si la llamo novela es únicamente porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso, y no acaba ni en muerte ni en boda. La muerte todo lo termina, y es, por lo tanto, adecuado final de cualquier narración.[3]

Al final la obra está a medio camino –si hacemos caso a su narrador– entre la novela y el testimonio. El narrador responde al apellido de Maugham y sus características recuerdan demasiado al propio autor, razón de suficiente peso para creer que estamos ante un testimonio, pero a ratos lo contado por este narrador personaje está matizado por su conocimiento limitado de la historia y que ha tenido que imaginar situaciones, escenas, diálogos según la posterior actitud del resto de los personajes y según las versiones que ellos mismos le han contado de otras escenas en las que Maugham, el personaje, no estaba presente.

Por si fuera poco, Maugham personaje interactúa, vive una vida independiente del autor; toma posiciones con respecto a los personajes que a él acuden, y si bien su actuación es casi objetiva, tiene detalles en los que, su forma de encarar algunas situaciones, dejan mucho que desear ética o moralmente. Así, cuando creemos estar sólo ante el narrador, comprendemos que Maugham es también un personaje, con sus virtudes y defectos.

Otro elemento del narrador. Como lectores no comprendemos cómo se mantiene tan ajeno a los hechos tan importantes que ocurren, cómo es capaz de no tomar partido. Hay largos silencios entre los que hablan, dudas al responder o decir algo que pueda herir al otro, frases que nos amargan el entendimiento.

Hay mucho del propio Maugham en esta y otras de sus novelas. Y el “yo” que utiliza en muchas de ellas, incluida esta, es casi siempre algo más que un recurso del escritor para limitar el alcance y ofrecer un medio plausible de interpretar acontecimientos y personajes. Sus textos están sazonados con su propia filosofía de la vida y su visión de la contradicción inesperada del ser humano.

Aquí, en El filo de la navaja, no ocurre menos. Larry, siguiendo a su razón y aquello que cree importante y esencial para sí mismo, se enfrenta a la sociedad, por más que no lo busca. ¿Quiere ello decir que la razón está de parte de Larry? Difícil responder. Basta escuchar algunas de las razones que le exponen Maugham, el personaje, o Isabel para comprender que encierran gran parte de la verdad del libro y de la vida. Aquí todos tienen o parecen tener razón, o casi; y eso hace mucho más humano el libro y aún mejor la obra de arte que es El filo de la navaja.

En el fondo de esta aparente trivialidad hay pues un enfrentamiento sordo entre dos actitudes, dos formas contrapuestas de vivir la vida, dos motivos con igualdad de razones para sobrellevar el presente y encarar el futuro. En esta guerra fría no hay bombas, no se lanzan torpedos ni se hacen frente abiertamente dos ejércitos, priman las buenas maneras, y el cariño que ambos se profesan hace que este conflicto enfrente sus posiciones, sus actitudes, pero no los desafía en tanto seres humanos.

La novela El filo de la navaja, nos conduce por senderos de crecimiento espiritual, de profundidad de pensamiento y tolerancia hacia los demás. Estamos ante la indagación de la identidad y la exploración de respuestas a las preguntas de la vida.

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[1] W.somerset Maugham, The Razor’s Edge: A Novel (Estados Unidos: Doubleday, Doran & Company, 1944), 1.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

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