«Cumbres borrascosas» y la Generación Z. ¿Entienden lo que leen?

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Si quieres escuchar el podcast:

blankMe perturba una frase que he escuchado y las reacciones a ella. La frase dice: «¿Cómo voy a leer el libro si no entiendo la mitad del vocabulario?»

La pregunta se la hace Bárbara Bulnes, una chica de 25 años que se ha viralizado tras intentar leer las primeras páginas de Cumbres borrascosas y no entiende frases o palabras tan básicas como: por antonomasia, batirse en retirada a otra dependencia, estrépito o estaño. Lo hace con gracia, hay que reconocer que me gusta su acento, su gracia para encarar el problema, admiro su intento de ir más allá de la película de estreno (que no tiene nada que ver con la novela original), y admiro su capacidad para exponerse en un tema tan delicado y aguantar las burlas innecesarias y poco comprensivas que le han caído. Y quiero analizar esta incapacidad lectora. Intento analizar con objetividad donde está problema; y el problema, no es ella.

Para ir de lo simple a lo complejo, asumamos que es verdad lo que cuenta. Es difícil saber si en lugar de buscar las palabras que no entiende haya preferido grabar un vídeo para generar vistas. Incluso, voy más allá, es posible que haya buscado las palabras, ya sepa lo que significan y su vídeo sea solamente postureo. No la criticaré por eso, es también un signo de inteligencia reconocer y dar lo que exige el nivel cultural de quien está del otro lado. Nada hay de extraño en actuar, fingir un personaje, en un mundo donde los premios más jugosos de novela en español, los mejor dotados económicamente en lengua hispana, los ganan expertos en postureo antes que en la escritura de novela.

Pero daré por bueno su clamor. Ella coge carrerilla y lee, y conoce lo que ve en la hoja en blanco: las letras, los fonemas, los signos de puntuación, la mayoría de las palabras, pero su capacidad lectora le impide comprender la mínima y sencilla descripción de una cocina, una descripción, además, mínimamente literaria.

Juan Soto Ivars hizo un vídeo donde apunta a lo más obvio: la culpa es del sistema educativo español. Pero resulta que el problema de la incomprensión lectora, del bajo nivel de generaciones enteras y del mal gusto de amplias masas que prefieren libros simples y que no impliquen un reto, y un cantante… (perdón), un famoso que hace buenos ritmos mientras balbucea guturalmente sonidos como si tuviera una patata en la garganta, ese problema no es intrínseco ni único de España donde cambian (o intentan cambiar) de sistema educativo cada vez que cambian de gobierno.

Lo que sí me gustaría destacar del análisis de Juan Soto Ivars es algo que pasa inadvertido en muchos de los comentarios que leo sobre este asunto: la cubierta de esa edición de Cumbres borrascosas.

Si has leído la novela sabes que no es precisamente una novela amable o condescendiente con el lector. Hablamos de una novela con varias capas de lectura y una espesa carga simbólica.

La historia de amor que cuenta entre Catherine y Heathcliff, dos personajes profundamente dañados, no es tierno ni sano: es obsesivo, violento, posesivo y autodestructivo. La base de esa relación tiene poco de cuidado y comprensión del otro y se sustenta más bien, en la dependencia emocional y el egoísmo.

Si lo analizas bien Heathcliff no es un héroe romántico: es vengativo, cruel, manipulador y con algunos tics abusivos. Por su parte Catherine es egoísta, caprichosa y emocionalmente destructiva y autodestructiva. Y para colmo se cuenta en un ambiente, cuyos escenarios no son acogedores ni luminosos, sino más bien opresivos: casas frías, aisladas, paisajes salvajes, un clima hostil donde todo transmite soledad, encierro y brutalidad emocional, no belleza ni calidez.

Pues mira la cubierta.

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¿A qué te recuerda?

Es la típica encuadernación que intenta recrear el tipo de libro juvenil, de lectura sencilla y estructura fácil, destinado a un lector que ya ha descubierto la lectura y sigue leyendo por diversión. El color, los arabescos, la figura femenina que se adivina en un árbol, todo apunta a esa lectura fácil que no es Cumbres borrascosas. Así que, en parte, la culpa también es de los que invitan a la lectura de una manera que no invita a la lectura. Como cuando te obligan a leer La regenta con 12 años sin darte unas mínimas pautas de cómo debes leerla.

Pero el problema, como dije antes, es más amplio y complejo que la mala gestión de la política educativa en España.

Yo vinculo este tema con un informe del neurocientífico, australiano Jared Cooney Horvath, que ante el senado de Estados Unidos aseguró llegar a la conclusión con su equipo, de que el nivel cognitivo de la llamada Generación Z es inferior al de sus padres.

Esta generación son las llamadas personas nacidas a mediados o finales de la década de 1990 y finales de la década de 2000 o principios de la de 2020. La mayoría de las personas pertenecientes a esta generación ha estado en contacto con internet desde una edad temprana y se siente familiarizada con la tecnología y los medios sociales.

Pues asegura Cooney Horvath que:

«Es la primera generación en la historia moderna que obtiene peores puntuaciones en las pruebas académicas estandarizadas que la anterior» (…) «Y para colmo, la mayoría de estos jóvenes se creen demasiado inteligentes. Cuanto más inteligentes se creen, más tontos son en realidad».[1]

El informe es polémico, porque la primera pregunta que habría responder es si las generaciones previas estaban realmente mejor preparadas para leer un clásico a los 25 años. Yo tengo una opinión basada en mi propia experiencia, pero no serviría de mucho porque mi educación en los años 70 y 80 fue en otro país, y recayó sobre todo en la biblioteca, no Internet en y las redes sociales.

Luego, ¿hasta qué punto unas pruebas académicas estandarizadas decididas por un Status Quo, son una verificación válida para designar la inteligencia?

Pero seamos serios, no tienes que ir muy lejos para decidir si lo que cuenta ese informe tiene algún tipo de lógica verificable. Mira a tu entorno. A poco que mires las redes sociales, que enciendas la tele de cualquier país del mundo, que mires las listas de los libros más vendidos, los filmes más taquilleros, tendrás una opinión.

Basta apreciar lo que triunfa a nivel internacional en artes, cine, novelas, ficción en general, para apreciar que avanzamos mucho en economía, nivel de vida medio universal y desarrollo tecnológico, que no está mal, pero tenemos generaciones cada vez menor preparadas para apreciar estructuras ficcionales complejas o mínimamente reflexivas o en resolver problemas lógicos por su cuenta. Y que nadie se engañe, resolver problemas es la primera definición clara y evidente de la inteligencia.

Y aquí, veo venir a algunos. Es que los tiempos cambian, me dirán, que ahora los Boomers odiáis a Bad Bunny como odiabais a Metallica o Rush, y ahora los aclaman como buen arte o clásicos. Vamos a desmontar esta opinión muy extendida para defender el mal gusto y aquello que pasa por arte; esa idea de que también ha habido en nuestra época, y en cualquier otra época,  algo que parecía de mal gusto y que hoy son clásicos.

Este criterio de enfrentamiento generacional puede servir para los criterios morales o éticos, que son siempre cambiantes, pero no para unos mínimos criterios estéticos. Si nos basamos en la moral es evidente que Devórame otra vez, de Lalo Rodríguez, podía ser escandaloso en los 90 o Physical, de Olivia Newton John o Let Me Put My Love into You, de AC/DC en los 80, pero esto esconde el verdadero meollo del asunto: y es que existen unos criterios objetivos que validan una obra de arte más allá de su carácter provocador o escandaloso.

Nadie me va convencer de que expeler sonidos guturales escondidos en una base musical electrónica con arreglos casi perfectos, es lo mismo que lo que hace Brian Johnson, el vocalista de AC/DC; o que pegar un plátano en la pared permite comparar el esfuerzo artístico o estético al de pintar (no voy a ser exigente citando Las meninas), digamos El grito, de Munch o El estudiante, de Modigliani.

Si bajamos a este caso concreto de esta chica, no me preocupa ella, que seguramente esté buscando una solución para su obstáculo. De hecho, en un vídeo posterior, Bárbara se ha tomado con algo de humor a los que la han atacado de manera intolerante, y ha sacado otro video respondiendo a los odiadores, disfrazada, vestida con un traje de los que suelen llamar de época, y usando un lenguaje más barroco y riéndose de sí misma; y de sus “haters”.

Bárbara está haciendo ni más ni menos que lo que hacemos las personas inteligentes, y me refiero a la inteligencia descrita como lo hace la psicología, de resolver problemas, no a la obtención de un alto nivel cultural. Esto es, buscar una solución para un problema, porque ella misma reconoce que, para leer Cumbres borrascosas, tendrá que usar un diccionario. ¡Bien por ti, Bárbara! ¡Usa el diccionario y aprende las palabras que no entiendas!

Yo también usé diccionarios para algunas lecturas cuando tenía 20 años y la mayoría de los amigos, colegas, lectores, escritores que conozco, se aficionaron a leer no porque era fácil, sino porque planteaba retos, y algunos de ellos tan extraños hoy en día como comprender el carácter reflexivo de la literatura, intuir o atrapar las corrientes subterráneas de sentido que sobreviven bajo las grandes novelas y los grandes relatos de la literatura, y que no pasan siempre por un lenguaje sencillo o completamente ausente de complejidad narrativa.

Mi opinión sincera sobre el tema entronca con algo que ya he dicho en un texto donde intenté defender los superventas y de paso, algunos libros malos, (que no siempre son lo mismo un superventas que un libro malo), si bien una gran parte de los superventas son bastante malos.

Pero la idea es que, quien se atreve con algo malo, y no se conforma; quien aprende algo con un libro malo y quiere repetir la experiencia de aprender más con otros libros buenos, quien no se siente satisfecho en la comodidad de la zona de confort, terminará por no necesitar el diccionario un día y Cumbres borrascosasserá sólo un libro más del que se reirá en el futuro.

Sergio del Molino, el autor español dijo sobre este tema:

A lo mejor muchos lectores y espectadores se comportan como tontos porque la industria les ha tratado como tontos, pero en cuanto se abocan a una obra que los desafía, que los respeta y que no les vende la comida a medio digerir ni saturada de azúcares, no todos huyen espantados. Algunos incluso se quedan hasta el final, y a lo mejor repiten.[2]

Creo lo mismo. Hagamos que quien no entiende “por antonomasia”, lo entienda invitándole a la lectura. Quizás termine siendo un gran lector.

 

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[1] Elsa Pacios, «La generación Z es la primera menos inteligente que sus padres, según un neurocientífico», The Objective, febrero 22, 2026, https://theobjective.com/sociedad/2026-02-22/generacion-z-menos-inteligente/.

[2] Sergio del Molino, «Los páramos de TikTok en ‘Cumbres borrascosas’», El País, febrero 22, 2026, https://elpais.com/television/2026-02-22/los-paramos-de-tiktok-en-cumbres-borrascosas.html.

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